La ofensiva de Israel provoca una crisis humanitaria en Líbano con medio millón de desplazados | Internacional


La continuada insistencia del ejército israelí por desalojar los territorios de Líbano que bombardea en su aparente lucha contra Hezbolá está llevando al país hacia una crisis humanitaria. Después de siete días de ataques, el Gobierno libanés reporta más de medio millón de desplazados, muchos de los cuales huyen de la zona fronteriza por segunda vez en dos años, temiendo un posible desarraigo permanente. Los expertos opinan que la situación excede las capacidades del Gobierno, y las organizaciones humanitarias advierten que los recursos disponibles son insuficientes. No obstante, Israel continúa con su estrategia. Hace unos días, emitió una primera orden de expulsión y ha reiterado su demanda de vaciar los suburbios de Beirut y del sur de Líbano, donde el domingo, al menos 32 personas perdieron la vida a causa de los bombardeos.

A pesar de la inactividad de Hezbolá y del compromiso de Beirut para desarmar a la milicia chií, Israel mantuvo la presión militar sobre Líbano durante 15 meses de tregua y ha llevado a cabo una ofensiva desde el lunes que ha ocasionado al menos 394 muertes, 83 de ellas de niños, según lo informado este domingo por el ministro libanés de Salud Pública, Rakan Nasseredine, quien ha acusado al ejército israelí de “violencia masiva” y de “violar abiertamente los acuerdos y tratados internacionales”.

Nasseredine comunicó sobre los ataques más devastadores de Israel de este domingo. Por primera vez desde el 2 de marzo, Israel ha bombardeado el centro de Beirut, coincidiendo con la creciente vinculación de Hezbolá a las violaciones israelíes del alto el fuego firmado en 2024. El ataque a un hotel en la capital libanesa, el segundo en una semana, dejó cuatro muertos y se presenta por Israel como un asalto dirigido contra miembros de la Guardia Revolucionaria iraní. En el sur de Líbano, más de 20 personas han fallecido en diversos ataques en Nabatieh así como en las proximidades de Tiro y Sidón.

Paralelamente, el portavoz militar israelí en árabe, Avichay Adraee, ha instado nuevamente este domingo a los 250.000 residentes libaneses al sur del río Litani—ubicado a 30 kilómetros de Israel— a que se desplacen “inmediatamente” hacia el norte para eludir “poner en peligro sus vidas”. El sábado reiteró el mensaje a los 700.000 habitantes de la zona metropolitana de Beirut. Ambas advertencias surgen después de que comunidades y vecinos individualmente se manifestaran en contra del desalojo. “Defendemos nuestra tierra pacíficamente”, señaló el párroco Pedro Al Raei en un discurso emitido por France24, desde Marjayoun, un municipio cristiano cercano a Israel donde muchos han decidido permanecer. “Ninguno de nosotros portamos armas; solo paz, bondad y amor”, concluyó.

Las órdenes israelíes, que movilizan a una parte significativa de la población bajo la amenaza de bombardeos inminentes, plantean un desafío para el Gobierno libanés. La ministra de Asuntos Sociales, Hanine Sayed, anunció este domingo que 117.000 personas han llegado a más de 500 refugios oficiales en todo el país, agregando que 517.000 personas se han registrado como desplazadas en una página web gubernamental.

Este domingo, la ministra comunicó la inclusión de la Ciudad Deportiva de Beirut en la red de refugios “para acoger a familias que se vieron obligadas a huir”. Lo expresó desde la capital, donde cientos de familias en situaciones vulnerables —ancianos, menores, discapacitados, enfermos— pasan las noches al aire libre o en sus vehículos, sin acceso fácil a un baño o productos higiénicos, y a veces encienden fogatas para combatir el frío.

Más de 800 bombardeos en siete días

El ejército israelí reportó este domingo el lanzamiento de 820 ataques contra 600 objetivos desde el lunes en Líbano, y aseguró, sin proporcionar pruebas, que ha asesinado a 190 “terroristas” de Hezbolá y otros grupos.

Uno de esos ataques ocurrió la madrugada del domingo, cuando las fuerzas israelíes realizaron un bombardeo selectivo contra el cuarto piso de un hotel de cinco estrellas y 17 plantas en Raouche, una área de paseos marítimos y cafeterías que se creía segura, dada la ausencia de miembros de Hezbolá en la zona. Israel ya había atacado esa zona en 1982, buscando expulsar a la Organización para la Liberación de Palestina, dirigida por Yasir Arafat. “Estamos asustados”, confesó nervioso a EL PAÍS el botones del hotel. “No pensábamos que esto pudiera suceder aquí. Es un hotel internacional con 500 personas”, la mayoría, dijo, desplazados.

En un comunicado, el ejército israelí manifestó que el ataque estaba destinado a comandantes de la Guardia Revolucionaria Islámica “que planeaban actos de terrorismo contra Israel”. Las autoridades israelíes han advertido que eliminarán a los representantes de Teherán, el principal apoyo de Hezbolá, que permanezcan en suelo libanés. El sábado, al menos 150 iraníes —incluyendo diplomáticos y sus familias— partieron del aeropuerto de Beirut en un avión ruso, según informaron Reuters y Axios.

Conjuntamente, las tropas han reportado la muerte de los primeros dos soldados israelíes en suelo libanés desde el reinicio de las hostilidades. Tras enfrentamientos en Khiam, Hezbolá afirmó este domingo que aún mantiene combates directos en el municipio fronterizo de Aitaroun.

Después de que el Gobierno de Chipre denunciara hace unos días un ataque con un dron desde Líbano en una aparente acción de Hezbolá, Yousef Rajji, ministro de Exteriores libanés —y miembro del partido cristiano Fuerzas Libanesas, rival de la milicia proiraní que desea su desarme— se disculpó con su homólogo chipriota, Constantinos Kombos. Líbano ha enfatizado que “no será una plataforma para la implementación de agendas extranjeras”.

Una crisis que “supera los recursos disponibles”

Según Anne Valand, representante interina del Programa Mundial de Alimentos de Naciones Unidas (PMA) en Líbano, “la magnitud de las necesidades humanitarias crece de manera exponencial” junto con el desplazamiento y la incertidumbre, hasta el punto de estar “superando los recursos disponibles”. El PMA, cuya respuesta junto a sus socios locales ha alcanzado a 200.000 personas “con asistencia alimentaria y transferencias de efectivo de emergencia”, se ve obligado a ampliar sus actividades “cada día”, explica Valand a través de mensajes de texto.

Lio, de 41 años y oriundo de la sureña Tiro, observa esta emergencia a su alrededor. Ha estado varios días en un abarrotado edificio educativo en Gobeiry, a las puertas del suburbio de Dahiye, junto a casi 4.000 desplazados más. Solo ha logrado encontrar espacio para una silla, sobre la cual ha colocado un cojín. “Aquí no tenemos dinero, y algunos ni siquiera pueden comer”, señala. La frustración se suma a la que ya existía. “Muchos no han podido reconstruir sus casas entre la guerra anterior [la de 2024] y esta”, lamenta. “Queremos paz”, concluye: “Si Israel se queda en su territorio y los libaneses en el suyo [no habría problema]. Pero ellos quieren invadir.”

El temor a un desarraigo permanente está presente entre los desplazados. Así lo indica a este diario desde Beirut la doctora Jasmin Lilian Diab, directora del Instituto de Estudios de la Migración en la Universidad Americana de Beirut. La experta, que advierte sobre la “capacidad extremadamente limitada” que tiene el Gobierno para hacer frente a esta crisis humanitaria “tras años de colapso económico y parálisis institucional”, asegura que ese temor es especialmente fuerte entre los residentes del sur, quienes ya sufrieron órdenes de desalojo y altos niveles de destrucción durante el último conflicto, que terminó de manera momentánea con la tregua de 2024.

“Lo que muchas familias temen no es solo el peligro inmediato de las bombas, sino la posibilidad de que los desplazamientos repetidos hagan cada vez más difícil o incluso imposible” el regreso a sus comunidades, señala Diab. “Ya sea por la destrucción” de sus hogares, indica, o porque esos municipios “puedan dejar de existir”.

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