Hoy hacemos las compras en Carabanchel.
Algunos consideran a Carabanchel como un destino gastronómico en alza. Lo cierto es que los locales tradicionales coexisten con los nuevos conceptos inaugurados recientemente, que atraen a comensales de todos los rincones de la capital. Hoy en día, los proyectos interesantes ya no se limitan al centro de Madrid, ya que el aumento en el precio de la vivienda ha traído nuevos vecinos a las áreas periféricas. Carabanchel, que antes era conocido como un barrio accesible en el sur, ha adquirido un atractivo particular. Por ello, hoy queremos hablarles del local que han abierto Alberto Pareja y Patricia Cosio. Les presento el Colmado San Isidro, un sitio que han creado con el propósito de recuperar «el alma de barrio y las sobremesas infinitas», como ellos mismos dicen. Apostando por la zona de San Isidro, este local ofrece una selección de productos que seguramente entusiasmarán a todos, así que no se les ocurra entrar con prisas, porque querrán degustar cada uno de ellos. Alberto menciona que decidieron abrir este negocio para que los vecinos pudieran contar con una tienda de referencia donde abastecer su despensa con productos que no se encuentran en las grandes superficies.
En definitiva, hoy en día tener la opción de llenar la cesta de la compra en un establecimiento con esencia es prácticamente un lujo, considerando que «muchos de los comercios de antaño han desaparecido». Esta es la razón por la cual, según Patricia, han ideado este concepto: «Para volver a los comercios de antes». No buscan posicionarse como un espacio gourmet. Patricia explica que en sus estanterías se puede encontrar atún de la marca Ortiz, por ejemplo, una conserva accesible para todos: «En algunos barrios, parece que solo hay grandes supermercados y han desaparecido este tipo de locales. Por eso, es crucial para nosotros todo lo relacionado con el buen comer. Cocinamos a menudo en casa, porque creemos en el significado de la palabra ‘comunidad’ a través de la comida», dice Patricia, quien enfatiza que junto a Alberto quiere crear un espacio que ofrezca una experiencia diferente a lo que se puede encontrar en un supermercado, «que no es que sea gourmet, pero sí es distinto».
Por supuesto, tanto Patricia como Alberto son ahora vecinos del barrio, donde se mudaron hace un par de años. Al establecerse y dejar La Latina, rápidamente echaron de menos el comercio clásico en el que se podía comprar buen pan, quesos, latas y salsas especiales… «Nos dimos cuenta de que lo que este barrio necesitaba era un concepto de este tipo para conservar su esencia. Llevamos un mes y medio abiertos y cuando nos piden algo que no tenemos, intentamos conseguirlo, porque creemos que al incorporar un producto específico a nuestra oferta, creamos barrio y comunidad«, continúan. Y es que, como ellos dicen, «la idea es facilitar la vida a los vecinos. Piensa que, al alejarte del centro, es complicado encontrar ciertos alimentos», reconoce Alberto. Junto a él, Patricia subraya que «comer bien y adquirir productos de calidad para cuidar nuestro cuerpo no debería considerarse un lujo», enfatizando la necesidad de brindar una atención «mucho más personalizada. Por eso, abogamos por crear barrio, porque apostamos por conocer a quienes están al otro lado del mostrador, saber su nombre y conversar con esa persona, aunque sea solo por cinco minutos. Queremos que llegue el momento en que sepamos qué desea en cuanto entre por la puerta». Esta personalización que tanto anhela el cliente es una de las tendencias en hostelería que ayuda a establecer una clientela leal, en un sector que se aleja de la comida precocinada y disfruta de la cocina tradicional.
Cada semana, en su Instagram, comparten una receta cuyos ingredientes están disponibles en el local. ¿Qué comprar? Pan del Obrador Abantos, de El Escorial (Mejor Pan de Madrid 2024), lácteos y leche fresca de Los Combos de Móstoles, huevos de Cobardes y Gallinas, quesos de Cultivo (Galmesán, Ondare, Mahón…), y opciones veganas, embutidos de Huelva, salazones de Barbate, arroces valencianos de J. Montoro, conservas de mar y huerta (Gueyü Mar, Ortiz, Peperetes, Remo, Ramon Franco…), aceite de oliva virgen extra de pequeños productores de Madrid y Jaén, fermentados, ahumados de Rooftop Smokehouse y gildas, entre otros. En cuanto a bebidas, destacan los vinos naturales y el vermut natural. La salsa brava de Docamar es una de nuestras favoritas, pero si buscas algo picante, las de La Chipotlera y las de Tip Tree son excelentes opciones. Entre los dulces, no pueden faltar las mermeladas y chocolates. Un apunte: comensales veganos, echen un vistazo a la variedad de quesos, patés y platos preparados como la escalivada, lentejas con cúrcuma, garbanzos con curry y verduras, puerros asados y algas ideales para una cena con anfitriones veganos o vegetarianos.
La temporalidad es esencial y, por ello, está a punto de nacer la «Peña de Colmado», un club de suscripción mensual donde se podrán disfrutar de cajas gastronómicas y cestas mensuales que se adaptarán a gustos y preferencias. En el futuro, el proyecto también incluirá e-commerce para ampliar su alcance más allá de Madrid.



