Siete tantos y un muerto.


El Atleti está muy cerca de alcanzar los cuartos de final de esta Champions después de una goleada que pudo ser aún mayor. Y es que, más allá de lo que hizo Simeone (varios cambios en nombres y posiciones, ya que Llorente jugó en el medio y Pubill en su lugar habitual, el lateral, para dar paso a Le Normand junto a Hancko), el verdadero impacto estuvo en lo que hizo Tudor: sorprendió al poner a Kinsky como titular en la portería. Un Kinsky que apenas había disputado dos partidos en la Carabao Cup esta temporada. Pronto se arrepentiría de su elección.

Todo el mundo se dio cuenta de que era una apuesta arriesgada: en sus guantes (y pies) se pudieron ver todos los problemas que persiguen a este equipo que aún lucha en la Champions pero que en la Premier sólo está un punto encima de la zona de descenso. Mientras la afición rojiblanca coreaba en las gradas antes del inicio “de tus colores me enamoré”, el equipo del Cholo se esforzó por responder en el campo. Aunque el Tottenham intentara cerrar los espacios. En cuanto el Atleti logró un pequeño avance, el equipo rival se desmoronó como espuma. Lo mismo ocurrió con el plan de Tudor.

Porque a perro flaco, todo pulgas. Si Tudor había optado por un portero diferente porque Kinsky tenía mejor manejo del balón, en su primer saque se resbaló al intentar pasársela a Danso. Así, Lookman se encontró con el balón, que terminó en los pies de Llorente después de pasar por Julián: un tiro rasante y cruzado con la derecha. Cinco minutos y Tudor ya sentía que su decisión era un gran error. 1-0. Y eso no era más que el comienzo. Pronto llegarían más goles. Porque el Tottenham parece un equipo muerto. Un zombie. Un desastre. Un fantasma. Un drama. Un acto surrealista. Da igual quién esté en el campo. Aunque volvieran Cuti (ante lo que pudo ser su afición) o Van de Ven, o si Richarlison jugaba en la delantera o esperaba Gallagher. A esto se le podría poner música de circo; no hay otra forma de describir lo que vendría después. Porque ahora era Van de Ven quien se resbalaba y Grizi se escapaba con el balón, recortando a un defensor inglés y depositando el esférico en la red con toda su clase. 2-0, minuto 14. Al minuto 15 llegaría el tercer gol de Julián.

Kinsky había decidido seguir en su papel de Karius y no quería dejarlo. Suban el volumen. Sacó el portero de nuevo y, tinoninoninonino, no golpeó el balón correctamente, como si estuviera usando las botas de otra persona. Julián recibió este regalo como si fuera una noche mágica para empujarla con la derecha y marcar el 3-0. Si Kinsky ya estaba tocado, Tudor lo sentenció al pedir su cambio. Un cadáver abandonaba el campo ante una afición atónita.

Vicario entró en el partido como si Kinsky no se hubiera ido: recogiendo el balón de su red. Griezmann lanzó una falta, el portero hizo una gran parada pero el rebote cayó en los pies de Le Normand, quien regresaba a la titularidad y al gol. 4-0. En apenas 20 minutos, esta ida de octavos se asemejaba a la de la Copa ante el Barça. Sin embargo, el cambio de portero actuó como un ansiolítico. Los de Tudor se acordaron de que estaban en el fútbol y no en un circo. Se levantaron del suelo con el cuerpo dolorido, pero miraron a Oblak con la intención de dejar de sentir vergüenza al verse a sí mismos. Pedro Porro acortó distancias con un tiro cruzado después de que Richarlison lo asistiera al escaparse de Le Normand. Cuando el Tottenham despertó, el partido era un dinosaurio que gritaba 4-1 en rojiblanco. Cuti estrelló una pelota en el palo antes del descanso. Un descanso que llegó con Llorente fallando el quinto (solo, en el punto de penalti) y Van de Ven escapando de una expulsión tras una entrada a Hancko que merecía ser amarilla oscura, casi roja.

El partido reanudó con Gallagher de regreso después de dos meses, vistiendo esa camiseta que sus nuevos aficionados desearían que nunca hubiera llevado. Ovacionado por los antiguos, entraba junto a Solanke. El Atleti mantenía el control aunque el Tottenham intentaba resurgir. Pero Richarlison se topó con uno de los milagros de Oblak cuando intentó marcar, y a partir del saque del portero, llegó el quinto gol. Julián lo anotó tras recorrer 40 metros. Grizi le había pasado el balón de manera espectacular. Siempre diremos que nosotros vimos al Principito jugar. Cuando se retire, sus botas deberían ser exhibidas en el Louvre.

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Entró Sorloth, regresó Barrios, y el Tottenham continuaba en el caos, con Tudor cambiando de esquema como si intentara resolver un cubo de Rubik. Imposible. Aunque celebraran otro gol. El séptimo de la noche. Porque Oblak se unía al sufrimiento de Kinsky y, como poseído por su espíritu, al intentar sacar desde su área, regaló el balón. Porro lo robó y Solanke anotó. El Tottenham empezó a aliviarse (al menos un poco) en la herida mirando hacia Inglaterra. Una vuelta que verá al Atleti viajar con un saldo de tres goles a favor, que parecen pocos. Pero acercándose a unos cuartos que el año pasado les privó un fatídico penalti.

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Cambios

Guglielmo Vicario (16′, Antonín Kinsky), Dominic Solanke (45′, Randal Kolo Muani), Conor Gallagher (45′, Mathys Tel), João Palhinha (67′, Richarlison), Alexander Sørloth (68′, Marcos Llorente), Pablo Barrios (68′, Ademola Lookman), Nico González (72′, Julián Alvarez), Koke (80′, Antoine Griezmann), Xavi Simons (82′, Djed Spence)

Goles

1-0, 5′: Marcos Llorente, 2-0, 13′: Griezmann, 3-0, 14′: Julián Álvarez, 4-0, 21′: Le Normand, 4-1, 25′: Pedro Porro, 5-1, 54′: Julián Álvarez, 5-2, 75′: D. Solanke

Tarjetas

Arbitro: Serdar Gözübüyük
Arbitro VAR: Pol van Boekel, Rob Dieperink
Diop Spence (3′,Amarilla), Richarlison (59′,Amarilla), Archie Gray (61′,Amarilla), Kevin Danso (79′,Amarilla), Cristian Romero (84′,Amarilla)

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