No fui yo quien hizo que la paloma me ensuciara.
El alcalde de Madrid, José Luis Martínez-Almeida, desmintió este jueves que la ciudad enfrente una plaga de palomas y aprovechó la ocasión para criticar a la portavoz del PSOE en el Ayuntamiento, Reyes Maroto, tras que esta hiciera ironías en redes sociales sobre el incidente que vivió el regidor el día anterior, cuando una de estas aves le dejó caer excrementos en plena calle.
En una rueda de prensa posterior a la Junta de Gobierno, que esta vez se llevó a cabo en Vicálvaro, Almeida afirmó que, de acuerdo con Madrid Salud, “no existe un problema de plaga de palomas en la ciudad de Madrid”, aunque reconoció que hay “algunos puntos de alta concentración” de estas aves.
El alcalde relacionó esta cuestión con la costumbre de algunos vecinos de alimentar a las palomas, una práctica que, como recordó, está expresamente prohibida por la normativa municipal. “Madrid Salud nos indica que hay puntos en la ciudad con alta concentración de palomas y esto se debe a que se les alimenta, lo cual no está permitido”, detalló.
Con un tono relajado, el primer edil pidió a los ciudadanos que dejen de dar de comer a estas aves, aunque reconoció que muchas veces se realiza “con buenas intenciones”. “Todos conocemos el efecto corrosivo que tienen las palomas, yo el primero”, bromeó, refiriéndose al incidente ocurrido el miércoles.
No obstante, el tema se convirtió en un fuerte reproche político a la oposición, especialmente hacia Reyes Maroto. En la parte final de su comparecencia, Almeida acusó a los grupos opositores de intentar “destruir por destruir y buscar el titular por el titular”, enfocando sus críticas hacia la portavoz socialista.
“Lo siento, pero no hice nada para que la paloma me cagara. Lo digo porque vi ayer un tuit suyo muy indignada por el hecho de que se le diera atención a que una paloma me había defecado en la cabeza. Oiga, no fui yo quien busqué que me cagara la paloma, pero desde luego, lo de Reyes Maroto ya empieza a sonar un poco grotesco”, afirmó.
El incidente, ya convertido en anécdota política, permitió al alcalde no solo disipar cualquier inquietud sobre una supuesta plaga de palomas, sino también reavivar el enfrentamiento con la líder socialista en el Consistorio.



