Al sustituir unas palabras por otras, transformas tu manera de interactuar con el mundo.
Pilar Asuero (Santiago de Chile, 1997) se trasladó a Madrid para estudiar y decidieron quedarse, escribiendo una novela sobre lo que implica el alejamiento y la amistad. Las cabras, lanzada por Altamarea en septiembre de 2025, ya se encuentra en su cuarta edición y ha sido seleccionada como mejor debut del año por revistas como Esquire y El Cultural. La narrativa se centra en Cami, Sofi, Cata y Majo, cuatro amigas chilenas cuyas vidas toman rumbos distintos cuando una emigra a España y otra queda embarazada inesperadamente. Asuero, quien desempeña múltiples roles como escritora, editora y cofundadora del proyecto literario La Elocuente, llegará a Murcia este sábado a las 12.30 h en la librería El Faro de Lola.
La Cami es chilena, tiene 24 años, se traslada a Madrid e intenta convertirse en escritora. Usted, chilena, vino a España y publicó esta novela a los 27. ¿Cuánto de Cami es usted y cuánto ha dejado fuera intencionalmente?
Hay una gran parte de Cami que me pertenece, pero también hay mucho que he creado. Para mí, la literatura es un artefacto: lo que busco es generar una obra de ficción, aunque ésta pueda estar inspirada en mis vivencias. Sí, el duelo de cambiar de país, la precariedad y la locura de Madrid son experiencias que comparto. Sin embargo, Las cabras está construida como una ficción que opera en su propia lógica: un artefacto literario.
En el libro, Cami lleva su español chileno a España y un editor le dice que no sabe de qué quiere escribir. ¿Usted vivió algo similar?
Esa escena específica no ocurrió, pero sí creo que me costó también encontrar mi dirección para saber qué quería plasmar y cómo hacerlo. Las cabras no es mi primer texto, pero es el primero que realmente funcionó porque era el libro que necesitaba crear en ese instante. Es una especie de carta de amor hacia mis amigas, mi familia, mis países y, sobre todo, hacia el lenguaje. Para mí, era crucial recuperar mi forma de hablar, ya que eso también significaba reivindicar mi visión del mundo.
El libro incluye fragmentos en tres ‘lenguajes’: español chileno, español de España y chats de WhatsApp. ¿Ha sido complicado manejar esos tres registros al mismo tiempo?
Ha sido un proceso cuidadoso y muy detallado. La ventaja fue que cuando escribí el libro ya llevaba varios años aquí, así que conocía los españolismos, incluso los ‘madrileñismos’, y no sé cómo se dirá. [Ríe]. Pero hubo momentos en los que me quedaba atascada en alguna palabra y no sabía cómo se decía en Chile y cómo en España. Tuve amigas que revisaron el manuscrito y me señalaron qué sonaba raro.
¿Se pierde parte de la identidad al adaptar la forma de hablar?
Creo que se transforma. Cambio. Las palabras tienen un papel fundamental al nombrar el mundo y, al comenzar a utilizar unas en lugar de otras, también se modifica la manera en que te relacionas, habitas y proyectas. Lo que sigue el libro es esa primera extrañeza, luego la resistencia de no querer dejar de lado mi lengua, pero Cami se da cuenta de que esa barrera lingüística le dificulta establecer las conexiones que anhela en Madrid. Y a lo largo de ese proceso, descubre un nuevo lenguaje: el del la amistad.
Las cabras del título representan a Cami, Sofi, Cata y Majo. ¿Hay cabras reales detrás de las del libro?
Sí, absolutamente. No son exactamente las del libro, pero mucho de estos cuatro personajes se basa en mis amigas de la infancia y adolescencia, quienes son parte esencial de mi identidad. Por eso también eran cruciales las conversaciones de WhatsApp: ilustran esa distancia y barrera, así como una nueva manera de relacionarse. Antes, simplemente estábamos juntas en silencio, y eso era suficiente. Ahora, necesitamos ese intercambio para seguir conectadas.
La novela explora la amistad. ¿Qué quería contar sobre ese vínculo que no haya sido contado previamente?
Deseaba retratarla y darle la relevancia que tiene sin caer en la idealización, ya que eso puede llevar a dinámicas tóxicas. También quería abordar la intencionalidad de la amistad a medida que uno crece. Aprender a seleccionar a las amigas y estar presente, respondiendo con un sí. Se habla mucho sobre aprender a decir que no, lo cual es válido, pero también es esencial aprender a decir que sí cuando ha pasado un tiempo desde que hablas con alguien importante. Me parece curioso que existe un vacío en el lenguaje: hay términos para describir el final de relaciones de pareja o familiares, pero no hay palabras para el término de una amistad. Eso también complica el proceso.
La novela está dividida en tres trimestres que acompañan el embarazo de Sofi. ¿Cuándo decidió que esa sería la estructura?
Cuando empecé a evaluar el proyecto de forma más seria. El primer impulso creativo es más libre, pero llega un momento en que es necesario estructurarlo. La noción de la estructura del embarazo tenía sentido, no solo por lo de Sofi, sino porque Cami también se encuentra en una especie de gestación. Esos nueve meses son un tiempo contenido: Cami está atravesando una transición y está surgiendo una nueva vida para ella.
Hay un momento en el libro en el que Cami no puede asistir a un funeral y se conecta a través de un link. ¿Esa escena está inspirada en una experiencia real?
Esa escena ha evolucionado, como todas, pero sí experimenté una pérdida estando aquí a la que no pude asistir físicamente. Y eso es lo que conlleva el duelo desde la distancia: se transforma en algo extraño, complicado de procesar. Resulta más difícil manejarlo de esa forma.
Hay que aprender a decir que no, pero también es esencial aprender a decir que sí
La protagonista elabora una lista de escritoras que publicaron su primera novela después de los treinta para calmar su ansiedad. Usted publicó con veintisiete. ¿Esa lista también es una forma de autoficción?
La lista es ficticia, pero había una parte de mí, especialmente cuando tenía la edad de Cami, que sentía ansiedad y prisa por lograr las metas que me había fijado antes de cumplir los treinta. Creo que eso se transforma a lo largo del libro: Cami culmina su recorrido reflexionando sobre la idea de que siempre estamos en transición hacia algo nuevo y que esa prisa carece de sentido. Respecto a esa lista inventada, podría crear otra para mi próximo proyecto y descubrir qué forma encontrare para apresurarme.
El libro ya alcanza su cuarta edición. ¿Cómo ha sido la recepción en Chile? ¿Han señalado fallos en su chileno?
Se imprimió allí también, con Altamarea. Y no, no me han señalado que haya descuidado mi español chileno. Esa sigue siendo mi lengua nativa y continuará siendo, aunque mi acento se suavice con el tiempo.
Dejó un Chile que vivió un estallido social en 2019. ¿Cómo se percibe desde la distancia la situación política actual en su país?
Es aterrador y muy triste. Cuando me fui, veníamos de un estallido en el que la sociedad se había cansado de ser relegada y de que todo estuviera orientado a beneficiar a la empresa privada. Ahora, ha vuelto al poder una persona que busca proteger a los más privilegiados y despojar al pueblo chileno de salud, educación y derechos laborales. Es aterrador.



