Hoy se considera una joya de la arquitectura en Madrid.


Pasear hoy por la confluencia de las calles José Ortega y Gasset y Lagasca, en pleno barrio de Salamanca, es encontrar una pieza arquitectónica que está completamente integrada en la identidad moderna de Madrid. Sin embargo, no siempre fue así.

A mediados de los años 60, la llegada del edificio Girasol representó un verdadero choque visual y cultural para una vecindad acostumbrada a la estética clásica del siglo XIX.

Lo que hoy se considera un referente del Movimiento Moderno fue recibido con recelo, e incluso desprecio, debido a su radical diferencia formal. Este inmueble, construido entre 1964 y 1966, desafiaba la uniformidad señorial del entorno.

El Edificio Girasol en Madrid: de obra incomprendida a ícono arquitectónico

El origen del proyecto se conecta con una sustitución simbólica. En el solar se encontraba previamente el palacete de Francisco Silvela, edificado en 1898 y representativo del primer desarrollo del barrio de Lista.

Su demolición marcó el comienzo de una nueva etapa. Los arquitectos José Antonio Coderch de Sentmenat y Manuel Valls Vergés optaron por una propuesta que no buscaba mimetizarse con su entorno, sino redefinirlo.

Tal como documenta Docomomo Ibérico, el planteamiento de Coderch se alejaba intencionadamente del contexto urbano tradicional. Su enfoque seguía criterios funcionales más que estéticos, trasladando soluciones típicas de la vivienda unifamiliar (especialmente de sus experiencias en Cadaqués) a un edificio colectivo de alta gama en el centro de Madrid.

Esta singularidad convierte al Girasol en una de las pocas obras del arquitecto catalán en la capital, lo que eleva su valor patrimonial.

Diseño del Edificio Girasol: cómo la luz y la privacidad revolucionaron la arquitectura en Madrid

El nombre del edificio no es trivial. Su planta adopta una forma en peine, donde las viviendas se organizan en diagonal respecto a la calle Lagasca. Este diseño maximiza la entrada de luz natural, orientando cada estancia estratégicamente, como si «buscara» el sol.

La distribución interior del edificio Girasol también fue innovadora. Cada vivienda opera de manera prácticamente independiente, con accesos separados mediante escaleras y ascensores propios.

Además, el proyecto establece una separación rigurosa entre zonas públicas y privadas, así como entre áreas principales y de servicio. Este enfoque prioriza la habitabilidad y la intimidad, aspectos poco comunes en la arquitectura residencial de la época.

Fachada del edificio Girasol en Madrid: materiales, cerámica y celosías que marcaron tendencia

En el exterior, el edificio se distingue por su revestimiento de plaqueta cerámica, que envuelve el volumen con formas curvas y ondulantes. Este material, lejos de cumplir funciones estructurales, actúa como una piel que aporta dinamismo y singularidad al conjunto.

A esto se suman las celosías de madera, que regulan la entrada de luz y ofrecen una sensación de calidez visual inusual en construcciones contemporáneas de su época.

Actualmente, el edificio Girasol cuenta con nivel de protección A y forma parte del Plan Nacional de Conservación del Patrimonio Cultural del Siglo XX. Instituciones especializadas lo consideran una pieza clave en el desarrollo del Movimiento Moderno en España.

Lo que en 1966 generó rechazo es ahora un ejemplo paradigmático de cómo la arquitectura puede adelantarse a su tiempo.

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