Astronautas de Artemis 2 regresan tras completar una misión histórica, llevando a la humanidad de vuelta a la Luna después de más de 50 años | Ciencia


Han regresado. Los cuatro astronautas de la primera misión lunar en más de 50 años han vuelto sanos y salvos de su histórica travesía. La nave Orion aterrizó exitosamente en el océano Pacífico, cerca de San Diego, a las 2:07 AM, hora peninsular española. Con este hecho, la misión ha llevado a la primera mujer, Christina Koch, al primer afroamericano, Victor Glover, y al primer canadiense, Jeremy Hansen, al satélite. Junto a ellos estaba su comandante, Reid Wiseman.

“Estable uno y derechos”, comunicó el comandante Reid Wiseman, indicando que la nave Orion había amerizado exitosamente, desplegando los cuatro globos que la mantienen a flote. Un aterrizaje impecable.

Durante seis largos minutos, se perdió la comunicación con la nave mientras atravesaba la atmósfera a 40,000 kilómetros por hora, alcanzando temperaturas externas superiores a 2,500 grados.

“Houston, Integridad, te escuchamos alto y claro”, pronunció el comandante cuando la nave recuperó la comunicación. Pocos minutos después, se activaron los paracaídas para moderar la caída de la cápsula, que amerizó en el Pacífico de manera segura.

Luego de la maniobra, el comandante de Artemis 2, Reid Wiseman, informó que los cuatro tripulantes se encontraban en perfecto estado. El momento exacto de llegada fue a las 2:07:47, tras haber recorrido 1,117,659 kilómetros.

Estos astronautas no sólo han demostrado ser “profesionales excepcionales”, afirmó Jared Isaacman, administrador de la NASA, a bordo del buque de rescate, sino también “grandes comunicadores, incluso poetas”. “Eran embajadores de la humanidad en el cosmos”, añadió. Isaacman también destacó la importancia de la colaboración con socios como Canadá y Europa, que construyeron el módulo de servicio de la nave Orion, vital para propulsar a los astronautas hacia la Luna y para su regreso (además de proporcionar oxígeno, agua y climatización).

Aproximadamente cuatro horas antes del aterrizaje, las cámaras exteriores de la nave mostraban los propulsores de la cápsula y un brillante planeta Tierra casi en cuarto creciente.

La NASA ha confirmado que los cuatro astronautas se encuentran bien. El comandante, Reid Wiseman, lo mencionó desde la cápsula: “Qué viaje. Estamos estables. Cuatro tripulantes en verde”. Se espera que regresen al Centro Espacial Johnson de la NASA en Houston hoy sábado. “Están contentos y saludables, listos para volver a casa”, comentó Henfling.

El momento crítico

Los cuatro astronautas se despertaron el viernes a las 11:35 AM, hora de la costa este de Estados Unidos —5:35 PM hora peninsular española— y comenzaron a alistar la nave para el retorno a la Tierra, el momento más arriesgado que les quedaba en su misión.

Durante diez días, estos astronautas se han convertido en los humanos que más lejos han viajado en el espacio. También fueron los primeros en observar con sus propios ojos partes de la cara oculta de la Luna, sobrevolada a 6,500 kilómetros de altitud sin aterrizaje previo antes de regresar a nuestro planeta. Durante el sobrevuelo lunar, perdieron la comunicación con la Tierra durante 41 minutos y, tras reaparecer del otro lado del satélite, experimentaron un raro y único eclipse total de sol, que para el piloto Victor Glover supuso “la vista más extraña e irreal que hemos tenido, con el resplandor de la Tierra iluminando casi toda la Luna”.

Minutos antes de regresar a la Tierra, enfrentaron el momento más crítico de la misión. La cápsula que los transportó hasta la cara oculta de la Luna debía aterrizar en apenas 13 minutos, alcanzando más de 2,500 grados debido a la presión y fricción del aire.

Junto al lanzamiento, este fue el instante más decisivo. La cápsula llegó a nuestro planeta a 38,275 kilómetros por hora, su velocidad máxima durante todo el viaje. Era vital que la nave entrara con el ángulo adecuado para evitar cualquier accidente.

“Iremos montados en una bola de fuego atravesando la atmósfera”, había comentado Glover en una rueda de prensa desde el espacio antes de amerizar. Este oficial de la Marina y astronauta de 49 años admitió que llevaba pensando en este momento desde abril de 2023, cuando fue seleccionado para la misión. “Es algo muy serio”, remarcó.

Aproximadamente 35 minutos antes de tocar la Tierra, se desenganchó del Módulo Europeo de Servicio. Esta parte, diseñada por empresas europeas, incluidas algunas de España, fue crucial para la misión, ya que proporcionó aire, agua, climatización y propulsión durante el viaje desde la Tierra hasta la Luna y su retorno.

Toda la atención estaba centrada en el escudo térmico que protege a la nave Orion y sus tripulantes de las extremas temperaturas que se generan durante la reentrada a la atmósfera. Luego del desenganche, la nave realizó un giro para posicionar la parte trasera, donde se ubica el escudo térmico, hacia adelante. Esta protección está construida con materiales que absorben el calor, resguardando la nave de las altas temperaturas. Todo el aterrizaje es automático, y los astronautas estaban sentados de espaldas a la dirección de la marcha.

El descenso comenzó cuando la nave Integridad estaba a unos 120 kilómetros de altura, al entrar en las capas superiores de la atmósfera. En ese momento, el módulo de servicio, una maravilla tecnológica valorada en unos 22 millones de euros, ya se desintegraba lejos de la nave.

Veinticuatro segundos después de la reentrada, la Orion quedó envuelta en plasma, un brillante cuarto estado de la materia que se genera cuando el aire se ioniza por la intensa presión y fricción. En ese instante, se perdió la comunicación con la Tierra. El apagón duró alrededor de seis minutos, hasta que la nave alcanzó unos 45 kilómetros de altitud sobre el océano. A seis kilómetros de tocar el agua, se activaron los primeros paracaídas, reduciendo la velocidad a unos 300 kilómetros por hora, seguidos por el despliegue de los tres paracaídas principales. Finalmente, la nave Orion impactó el agua a unos 30 kilómetros por hora.

Una vez que la Orion hizo contacto con el océano Pacífico, los buzos de la marina se acercaron a la nave para abrir la escotilla. Luego, entrarían varios médicos para evaluar la salud de los tripulantes, quienes saldrían en un orden establecido: Koch, Glover, Hansen y, por último, el comandante Wiseman.

“Todos respiramos aliviados una vez que la escotilla lateral se abrió, y luego nos giramos hacia las familias y las saludamos mientras cada uno de los astronautas salía de la nave espacial para ser llevados a los helicópteros”, compartió el ingeniero Rick Henfling respecto a los momentos finales de la misión, en una rueda de prensa en el Johnson Space Center, en Houston, tras la llegada de los astronautas.

Una misión sin precedentes

El regreso a la Tierra de los astronautas marcó el cierre de una misión histórica, donde los humanos han vuelto a la Luna más de 50 años después de las misiones Apolo de las décadas de los 60 y 70. A diferencia de aquellas épocas, el objetivo ahora es colonizar el satélite. Amit Kshatriya, administrador asociado de la agencia espacial, lo afirmó en la rueda de prensa posterior a la llegada de los astronautas: “Hace 53 años, la humanidad dejó la Luna; esta vez regresamos para quedarnos. Vamos a concluir lo que ellos comenzaron y concentrarnos en lo que quedó pendiente… No vamos a plantar banderas y marcharnos, sino a quedarnos”, aseguró.

La primera fase de esta colonización será un aterrizaje programado para 2028 con Artemis 4 y Artemis 5, y, solo cuatro años después, se prevé contar con asentamientos permanentemente habitados.

Todo esto, en un contexto de espera ante los movimientos de China: Pekín tiene planes de enviar astronautas al satélite antes de 2030 y quiere establecer una base en cooperación con Rusia en la próxima década. Los próximos cuatro años serán cruciales en la carrera entre las grandes potencias por el control lunar y, en el futuro, el impulso hacia un gran objetivo: Marte.

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