La molestia de Flick con los egos, según Lluis Canut.


Al finalizar el encuentro en Vallecas, Hansi Flick tenía motivos suficientes para manifestar su descontento por la actuación de su equipo. Esta frustración viene desde el primer encuentro de los tres disputados antes del parón de la liga, a raíz de la ventana de selecciones. En Son Moix, el técnico alemán ya mostró su desagrado por la actitud apática de la segunda mitad, cuando, con una ventaja de 0-2 y contando con dos jugadores más en el campo, redujeron el ritmo del juego. Contra el Levante, después de una primera mitad decepcionante, se retiraron al descanso con un marcador adverso de dos goles, situación que no se justificaba por el grave error arbitral de Hernández Hernandez, quien señaló un penalti inexistente por manos de Balde.







En la segunda mitad, se apeló al orgullo y se logró remontar gracias a un autogol en el tiempo añadido. Y contra el Rayo, el equipo se descompuso, a pesar de adelantarse por 0-1, con un penalti cuestionable a favor convertido por Lamine, que no pudieron mantener, a pesar de las intervenciones providenciales de Joan Garcia en la portería, en la peor actuación de la exitosa ‘era Flick’.





En el catecismo de grandes verdades del cruyffismo, Johan avisaba sobre los peligros de la autocomplacencia que pueden surgir tras una temporada exitosa. A priori, no parece que una supuesta indigestión por las victorias del año anterior sea la causa de las quejas de Hansi. La situación apunta en otra dirección: las caras de descontento mostradas por Raphinha y Dani Olmo en la segunda parte no fueron bien vistas por el ‘mister’, quien considera que ambos futbolistas están anteponiendo sus intereses individuales a los del equipo, que siempre deben primar. Es comprensible que un jugador exprese su desagrado al ser sustituido, pero a la vez debe mostrar lealtad a las decisiones del entrenador, que tiene la obligación de intervenir para corregir el mal juego del equipo, ya claramente superado por el impulso del rival vallecano.




Era necesario implementar soluciones y los implicados no deben sentirse señalados por ser reemplazados. La presión alta brilló por su ausencia, lo que permitió al Rayo pensar con el balón en los pies y enviar pases filtrados a las espaldas de la desprotegida defensa azulgrana. Es un claro ejemplo de que las responsabilidades defensivas no se negocian, ya que son un compromiso de todo el equipo y no solo de una línea. Se defiende y se ataca como un solo bloque, evitando las grietas que pueden surgir al sentirse exento de dichas obligaciones.




Dos de los mejores entrenadores en sus respectivas disciplinas, como Pep Guardiola y Valero Rivera, comparten la teoría de que, si el Barça fuera capaz de luchar en el campo con la misma actitud que el rival, siempre tendría la ventaja porque demostraría la superioridad técnica que se le atribuye. De lo contrario, “los egos acaban matando cualquier éxito”. Palabra de Hansi Flick, con un aviso para navegantes.

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