Educadores y familias ante la transformación educativa en Madrid.
El timbre regresa hoy a los colegios de la Comunidad de Madrid, y lo hace en un contexto lleno de actualidades. El curso comienza con tres medidas que influirán en la rutina diaria de miles de niños, familias y docentes: la limitación del uso de pantallas en Infantil y Primaria, la apertura de patios y bibliotecas escolares por las tardes para facilitar la conciliación, y la integración de primero y segundo de la ESO en colegios de primaria, siguiendo un modelo parecido al de la antigua EGB.
El Gobierno regional argumenta que estas decisiones buscan mejorar la calidad educativa y atender a demandas históricas de las familias. Sin embargo, en las instituciones educativas, el personal que debe implementarlas solicita tiempo, recursos y claridad. Los docentes contactados por este medio señalan que, aunque las medidas pueden ser beneficiosas, advierten que se han aplicado con rapidez y sin un diálogo significativo con la comunidad educativa.
«Más cercanos a la primaria»
Víctor Barbero, director del IES Las Musas en San Blas-Canillejas, pertenece a uno de los 25 centros afectados directamente por la llegada de estudiantes de la ESO a colegios de primaria. Su institución, bilingüe y bien valorada, mantiene un sistema de inscripción única con otros centros de la zona, lo que permite que los alumnos de Secundaria continúen en Las Musas. «Teóricamente íbamos a tener un gran impacto, pero no hemos perdido alumnado. Casi todos los estudiantes se han trasladado aquí. A nivel organizativo, ha afectado poco», comenta a LA RAZÓN el director. La clave, según él, radica en la confianza de las familias: «La idea de que sus hijos permanezcan en primaria les da tranquilidad. Somos un centro reputado, y eso ha llevado a la mayoría a decidir seguir con nosotros».
Más allá de la organización, Barbero evalúa la medida desde un enfoque pedagógico y evolutivo. «Los estudiantes de primero y segundo de la ESO están más alineados con los niños de primaria que con los de secundaria. Es natural que permanezcan en el colegio con un modelo similar al que existía en séptimo y octavo de la EGB. Su desarrollo es evidente: tienen dificultades con conceptos abstractos».
El director también destaca la diferencia de enfoque entre las etapas. «En secundaria, los profesores son licenciados o graduados en especialidades y abordan la materia de manera abstracta. En primaria, en cambio, los equipos docentes se centran en el grupo de alumnos. La orientación es completamente diferente». Y advierte sobre un desafío inevitable: «El problema surgirá cuando en tercero se junten dos grupos distintos, los que vienen de primaria y los que ya estaban en secundaria. Se deberán implementar estrategias para suavizar esa diferencia, ya que va a existir».
Una medida con cuentagotas
En un colegio público de la Comunidad de Madrid, Virginia -docente y madre- admite que la llegada de los adolescentes de la ESO a primaria se ha llevado a cabo «con cuentagotas» y de manera desorganizada. «Es una medida muy acertada, pero debería haberse gestionado de otra forma. Es una demanda histórica desde que se eliminó séptimo de EGB. Los niños y niñas en los colegios después de sexto están más respaldados». Lo que esta docente no aprueba es la forma improvisada en la que se ha anunciado. «Nos enteramos por la prensa. No ha salido el decreto, nadie sabía adónde irían los chicos. Según el espacio disponible en los centros, se ha ido seleccionando. No se puede anunciar algo en mayo y ponerlo en marcha en septiembre, y además lo han hecho sin saber cómo funcionaría».
Las incertidumbres entre las familias han sido numerosas: «¿Quién enseñará a mi hijo si no son los profesores de siempre? ¿Estarán esos profesores en todo el horario? No todas las optativas son las mismas, no tendrán a todos los especialistas… Y muchos de los docentes son itinerantes, sin estabilidad laboral. Así es complicado construir un proyecto educativo sólido». Aún así, Virginia identifica un aspecto positivo que se llevaba años reclamando: «El comedor. Las familias trabajan y los niños necesitan comer en el centro. Hasta ahora nadie se había preocupado por ello».
Patios abiertos
La segunda gran novedad de este curso son los llamados «patios abiertos», un programa que permitirá a ciertos colegios públicos mantener sus espacios abiertos por la tarde para actividades de juego, lectura o deporte. Este plan, financiado en parte por la Comunidad y en parte por los ayuntamientos, busca ofrecer un entorno seguro para los niños y facilitar la conciliación de las familias.
Virginia, por su parte, se muestra cautelosa: «La realidad es que la mayoría de centros públicos en grandes municipios ya teníamos otros programas de conciliación. No hemos logrado hacer nada específico porque los ayuntamientos no nos han informado. Es un programa excelente y toda iniciativa que favorezca la conciliación es bienvenida, pero probablemente se adopte más en municipios pequeños de la región. Llega tarde, porque los grandes llevan tiempo manejando sus propios proyectos». A su juicio, la idea es positiva, pero depende en gran medida de los consistorios. «Los centros deberían abrir más horas, pero esto no depende de nosotros, sino de los ayuntamientos».
Pantallas bajo sospecha
La medida más polémica es, sin duda, la limitación del uso de dispositivos digitales. Madrid se convierte en la primera comunidad autónoma en restringir a un máximo de dos horas semanales el uso individual de pantallas en Primaria. En Infantil, los más pequeños apenas podrán manejarlas. Esta noticia ha suscitado un intenso debate. Para Virginia, el inconveniente no reside en la intención, sino en la ejecución: «Pretenden implementarla en dos meses. A mi juicio, es una medida muy populista. Ganarán apoyo porque es una demanda histórica de las familias, pero podrían implementarlo a largo plazo. Llevamos tres o cuatro años formando a nuestros docentes para digitalizar los centros, cambiando metodologías y adquiriendo material… y ahora se nos dice que eso no sirve de nada. No se puede pasar de cero a cien en pocos meses».
La docente sostiene que la tecnología es necesaria, aunque no siempre se entienda correctamente: «Conocerla y utilizarla como herramienta es fundamental, pero cometimos el error de pensar que ser digitales era simplemente reemplazar el libro de texto por una pantalla. Eso no es». En su institución, reconoce que nunca se ha abusado de los dispositivos, pero advierte que habrá colegios «muy digitalizados» que enfrentarán este cambio con dificultad.
Javier, docente en un centro concertado de la región central. Reconoce que el desafío es considerable, ya que la digitalización ha sido un elemento diferenciador respecto a la educación pública. «Muchos padres elegían nuestros centros porque ofrecíamos un dispositivo por alumno, algo que se veía como moderno y de calidad. Ahora debemos convencer a las familias de que el cambio no es un retroceso, sino una oportunidad para retomar otros modos de aprender», añade.
Opiniones variadas
Entre los padres, asegura, las opiniones son diversas. «Algunos están entusiasmados porque llevaban tiempo pidiendo reducir el uso de pantallas, mientras que otros temen que sus hijos queden rezagados en competencias digitales. Nosotros tenemos que buscar un balance: seguir enseñando tecnología, pero sin que la tableta se convierta en el eje principal de todo». En medio de estas novedades, hay una reclamación constante desde hace años por parte de los docentes de la región: la falta de personal. «En la mayoría de centros que carecen de profesorado, no hay cobertura. La Comunidad de Madrid debería reflexionar sobre hacia dónde quiere dirigir la educación, consensuando con los actores de la comunidad educativa y apostando por ello», concluyen.



