Marculeta, el auténtico Martintxo.
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Al mencionar Martintxo y la Real Sociedad, la figura de Martin Odegaard surge instantáneamente. Una única temporada fue suficiente para que el actual jugador del Arsenal dejara su impronta en Donosti. Sin embargo, el auténtico Martintxo, en términos txuriurdin, no nació en Buskerud en 1998, sino el 24 de septiembre de 1907, en la calle Isabel la Católica, número 6, a un paso del Buen Pastor.
Esto implica que el 19 de mayo de 1929, Martín Marculeta, nuestro protagonista, contaba con 21 años. Ese día, la Real Sociedad y el Real Madrid se enfrentaron por primera vez en Atotxa, en un partido de Liga. Fue una tarde emocionante, con un total de nueve goles (5-4), donde los blancos perdieron el liderato en su duelo contra el Barcelona, en una primera Liga que terminó siendo azulgrana.
La afición de la Real ya estaba acostumbrada al empuje de Martintxo, autor del 4-4 y el corazón de su equipo. Desde pequeño, el hijo del dueño de la panadería El Progreso se había apoderado de las calles de su ciudad, siempre con un balón en los pies: el patio del Sagrado Corazón, el campo del Agujero, los partidos entre chavales de diferentes calles, y los enfrentamientos entre colegios…
Marculeta, segundo de izquierda a derecha, en la victoria de España sobre Inglaterra en 1929, en Madrid.
Con el balón, Martintxo mostró habilidades superiores a las que tenía con los estudios. Un par de trabajos —uno como mozo en la estación y otro como mecánico en Eibar— no fueron exitosos. Así que decidió trabajar con su familia en la panadería. De la noche a la mañana, el niño se transformó en un joven de robustos músculos.
Los dos Amaiak y Santander
El pan diario no apartó a Martín del fútbol. Formó parte del Amaikak Mutilak (Los once muchachos) antes de unirse a su primer equipo federado: el Amaikak Lagunak (Los once amigos). Después, el Esperanza. Fue allí donde la Real Sociedad se fijó en Martín Marculeta Barbería.
El interior derecho del equipo reserva de la Real fue su primer destino. Hasta que, un día, sus ojos se abrieron de par en par: iba a jugar con el primer equipo en Atotxa, y nada menos que contra el Real Unión. La Real ganó 5-1, y Martintxo registró dos asistencias y un gol. Comenzaba una carrera en el club de su vida que iba a prolongarse una década.
De todo lo que experimentó como jugador de la Real Sociedad, la final de Copa de 1928 fue lo más espectacular. Fueron necesarios tres partidos en Santander para que el Barcelona vencer a los guipuzcoanos. La figura de Marculeta brilló durante ese intenso duelo, que se extendió desde el 20 de mayo hasta el 29 de junio. “¿Cómo permiten que ese chico cubra tanto campo? Si sigue a este ritmo, se va a romper”, exclamó el barcelonista Samitier a los técnicos de la Real, asombrado y admirado por el despliegue físico del mejor mediocentro de España.
Marculeta, el séptimo de izquierda a derecha, con el Athletic de Madrid.
De Italia a Madrid
La selección era la meta natural para Martintxo. El 30 de mayo de 1928, en el 7-1 a México durante los Juegos Olímpicos de Ámsterdam, debutó. El quinto gol de España fue obra suya. Seis años después, se convirtió en el primer jugador de la Real en jugar una Copa del Mundo. Fue titular en la victoria por 3-1 contra Brasil en Génova.
A su regreso del Mundial, se enteró de que varios clubes lo pretendían, como Madrid, Atlético, Barcelona, Betis y otros equipos extranjeros. Si hubiera dependido de él, abandonar la Real habría sido inconcebible. Pero eran tiempos en los que el profesionalismo ganaba terreno mientras que las arcas de la Real se vaciaban. Así, la noche del 5 de septiembre de 1934, Marculeta firmó con el Athletic de Madrid. Se despidió así de Martintxo.
Como rojiblanco, vivió dos temporadas. El 18 de julio de 1936, estaba de vacaciones en San Sebastián. La guerra interrumpió su vinculación con el Atlético, que años después le compensó con las 3.000 pesetas que le debían.
Viendo un partido en su época de entrenador.
De Madrid se marchó decepcionado por el descenso a Segunda, un hecho que ocurrió de manera cruel. En la última jornada, los atléticos recibían al colista, el Sevilla. Solo un punto separaba a ambos equipos. Entre ellos, Osasuna, que se dirigía a Bilbao, donde el Athletic disputaba la Liga.
Con un 2-0 en San Mamés desde el minuto 65, el empate le bastaba al Athletic madrileño para permanecer en Primera. La tarde en el Metropolitano fue dramática. El Sevilla se puso 1-3; Gabilondo acortó distancias a falta de casi 20 minutos y el asedio rojiblanco culminó en un penalti en el minuto 88. Chacho, uno de los goleadores más sobresalientes de España, tomó el balón. Su tiro dio en el palo, pero el rebote quedó a disposición de Ipiña. Se celebraba el gol, la salvación… y el tiro se fue a las nubes. Esa fue su cruel despedida de la élite.
El 19 de diciembre de 1984, falleció en San Sebastián Martín Marculeta. El verdadero Martintxo.
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