«No consideramos que sea un modelo a seguir»


La vicealcaldesa de Madrid, Inma Sanz, ha rechazado los homenajes solicitados por la izquierda al «Lenin español», Francisco Largo Caballero, tras volver a colocar su placa en la fachada de la Junta Municipal de Chamberí debido a una sentencia del Tribunal Supremo.

Además, ha calificado la Ley de Memoria Histórica como «profundamente sectaria». Sanz mencionó que no van a «vanagloriar a una persona que se jactaba de afirmar que no creía en la democracia como valor absoluto, que se enorgullecía de no creer en la libertad, que hacía llamamientos a la violencia para lograr fines políticos» y añadió que el Gobierno municipal no considera «que sea un referente de nada».

Desde Carabanchel, la vicealcaldesa destacó que el Ayuntamiento ha cumplido «la sentencia en tiempo y forma» porque son una administración «seria». «Este equipo de Gobierno respeta las normas y las sentencias, una sentencia que está evidentemente influenciada por una ley de memoria que es profundamente sectaria y sesgada», continuó.

Por su parte, la portavoz socialista en el Ayuntamiento de Madrid, Reyes Maroto, exigía que la placa original fuera entregada a la fundación del que fuera presidente del Gobierno durante la II República. Así, condenaba la reinstalación «con nocturnidad y alevosía, sin que se hubiera notificado ni siquiera al Grupo Municipal, a la Fundación, a aquellos que denunciaron la rotura a martillazos de la placa». También señalaba que no se había realizado ningún acto institucional que recordara el legado de Largo Caballero en Madrid.

De igual manera, pedía «ver en qué situación están los restos» de la placa original y «que mientras se determine si la placa restituida es legal o no, se ceda a la Fundación Largo Caballero para su conservación en las condiciones actuales».

«Genocida y criminal»

Mientras tanto, el portavoz de Vox en el Ayuntamiento de Madrid, Javier Ortega Smith, describía al presidente del PSOE en los años 30 como un «genocida y criminal a pesar de las flores, placas y mentiras que la izquierda y la extrema izquierda reparten constantemente». «En cualquier país decente no solo no tendría una placa, sino que en su lugar habría una en memoria de las víctimas de este asesino», subrayó.

En un comunicado, Ortega Smith repasaba la carrera de Largo Caballero, quien «dio un golpe de Estado contra la República en 1934», lo que costó la vida «a más de 1.300 personas» además de la «destrucción de edificios, la quema de iglesias y la persecución política». Tras salir de prisión, «impulsó políticamente el asesinato de líderes de la oposición, la represión en Madrid y en muchas otras ciudades de España contra religiosos, disidentes políticos o contra todos aquellos que pensaban diferente». Durante la Guerra Civil, al ser presidente del Gobierno, fomentó «las checas en distintos distritos de Madrid, la detención ilegal, la tortura y los asesinatos brutales».

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