«Prefiero las ideas constructivas; la de Simeone se basa en la destrucción.»


-De lo más importante. Lo he practicado toda mi vida y me ha brindado algunos de mis momentos más memorables. A los 9 años jugaba al fútbol, a los 19 empecé a boxear. He hecho motociclismo, surf, practico snow, patiné un tiempo y escalado. Esto le ha dado significado a mi vida y me ha ayudado a reubicarnos en muchos momentos.

-¿Y como espectador?

-El asunto comercial que rodea al fútbol no me interesa, ni que haya tanta oferta. A veces me agobia. Especialmente que se valore lo físico más que el talento. Con Maradona, Kiko, Zidane… el fútbol era diferente.

-¿No siente curiosidad por su equipo?

-Siento afinidad hacia el Atlético de Madrid por sus valores, jugué allí de pequeño y tengo muchos amigos. También tengo cierta afinidad por el Rayo Vallecano, por lo que representa su afición. Anteriormente, me atraía más la fidelidad de los jugadores a unos colores. Al final, te das cuenta de que todo se mueve por dinero. Los valores cambian.

-¿Moderado, antimadridista o de los de «a mí me gusta solo el fútbol»?

-No, yo no soy antimadridista. Simplemente, los valores que transmite el Real Madrid no me interesan, ni los de la presidencia ni los de la institución misma. No se alinean con mi carácter. Florentino no solo maneja el deporte, también influye en ciertas instituciones. La imagen del palco del Real Madrid no coincide para nada conmigo.

-Nadie puede cuestionar su espíritu crítico, ya que tampoco le gusta cómo juega el Atleti.

-A mí me gustan las propuestas constructivas. El Atleti siempre ha tenido falta de mediocentro, le ha costado construir el juego. Simeone ha implementado una filosofía que se basa en la intensidad, la fuerza, y en jugar a la contra. Algunas veces hemos jugado muy bien. Es justo reconocerlo.

-¿Cuál es el problema, entonces?

-Si tuviera la opción, elegiría la época de Guardiola. Se jugaba de una manera más plástica. Podía no gustarte el fútbol, pero era como una partitura, una construcción. Pep fue mediocentro en el juego de construcción. Simeone se enfoca en el robo, la lucha y la destrucción. Lo cual está bien, pero yo prefiero un estilo de juego desde el centro del campo, con posesión y creación, manteniendo el control de las líneas y el balón.

-¡No es que pida mucho!

-Esa ha sido nuestra gran deficiencia que ha mantenido a Barça y Madrid en la cima. Un Modric marca la diferencia. Zidane, Seedorf, Redondo, Pedri, un Xavi, un Iniesta. El Atleti nunca ha tenido eso. Yo juego en punta y no es el mismo partido sin un mediocentro diferencial. No se compara.

-¿Es Simeone el responsable?

-No soy quien para juzgar eso. Tiene que ver con una estrategia de fichajes, pero la propuesta no me divierte. Al final, lo que cuenta son los resultados, aunque no han sido tan sobresalientes. He ido a Lisboa y a Milán y salí bastante decepcionado al ver cómo el equipo se echaba atrás después de un buen comienzo.

-¿Tienen esperanza de ganar alguna Champions?

-Estuvieron cerca. ¿Por qué no? Este deporte es así, compite con presupuestos, pero al final son 11 contra 11, salvo amaños, que a veces suceden. Lo más crítico es el estado mental de los equipos.

-¿Cuál debería ser el enfoque?

-Una buena política deportiva y trabajo desde la base, desde la cantera. Emilio Gutiérrez, en el Atlético, está haciendo un gran trabajo. Todos veneran la Masía, pero para alcanzar eso hay que trabajar con visión a largo plazo, no esperar resultados inmediatos. Ese es un error común en muchos clubes y el Atleti no debe caer en eso.

-Si se refiere al Real Madrid, no parece funcionar muy bien.

-Sí, pero ellos llegan con el talonario y se llevan a los jugadores en formación y desde los 12 años comienzan a mover representantes. Hay que enfocarse a largo plazo.

-Oiga, usted llegó a celebrar un título del Atleti como si fuera uno más del equipo.

-Sí. Fue el día del doblete. Venía de un torneo de fútbol sala, con una camiseta similar a la del Atleti. No me dio tiempo a cambiarme y fui al estadio así. Ganamos al Albacete y salté la mampara de cristal. Nadie me vio, corrí al campo y me uní a los jugadores. Hicimos la vuelta al estadio. Yo celebrando como uno más. Se fueron al vestuario y yo estaba con ellos. El doctor Villalón me miró y pensó que era un familiar de algún jugador. En ese momento, no era conocido. Miraba las botas y Juanma López se me acercó y me preguntó: «¿Tú qué haces aquí?». Y le respondí: «Nada, celebrarlo con vosotros». López me conocía del barrio porque su tío me cortaba el pelo. Luego llegó Toni Muñoz y me dijo: «Tú aquí no puedes estar». Yo contesté: «Pero soy familiar». Toni preguntó: «¿De quién?». Y le dije: «De alguien del club». Al final, me echaron. Casi lo logro.

-¿Qué más quería lograr?

-Meterme en el jacuzzi con ellos. Les dije que había jugado en las categorías inferiores y todo. Pero me echaron.

-En cuanto a la Vuelta, ¿qué opina?

-Lo más relevante es la vida humana y se está hablando de un genocidio. Los gobiernos prefieren ignorarlo. La gente empieza a manifestarse porque lo consideran cruel. ¿Separar deporte de política? Todo es política. En los palcos de Madrid, Barça o Atleti se discute sobre política. Manifestarse en los Goya o en una Vuelta es completamente legítimo. Me parece más grave que no se hable de ese genocidio que el hecho de que se hable.

-¿Qué entrenadores le agradan?

-Flick, Guardiola y Valverde.

-¿Su boxeador favorito?

-Mohamed Ali. Era muy rápido y estético. ‘Mano de Piedra’ Durán y Pacquiao, aunque su estilo es un poco inusual.

-¿Su piloto preferido?

-Valentino Rossi.

-¿Su futbolista favorito?

-Messi.

-¿Se ha dado cuenta de que no nos agrada que Alcaraz se vaya a Ibiza o que Lamine celebre sus 18, aunque sean los mejores?

-Cada país tiene su cultura y su idiosincrasia. En nosotros destaca la picaresca y, en ocasiones, una cierta envidia hacia los logros ajenos. Frecuentemente, sacamos de contexto cosas que no tienen que ver con lo deportivo o cultural, centrándonos en lo personal. La crítica rápida y superficial forma parte de nuestro ADN. Es complicado estar en la élite y es fácil menospreciar lo que se ha logrado. Criticar y destruir está al alcance de todos. Construir y alcanzar objetivos, solo de unos pocos.

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