Durante varios meses, las filtraciones en el nuevo Santiago Bernabéu poco después de su reinauguración fueron motivo de burla. Vídeos que se hicieron virales, bromas sencillas y carcajadas desde la otra parte del fútbol español. Cada gotera era un arma perfecta para el eterno oponente. El estadio más avanzado del mundo, afirmaban, transformado en un colador. Ja, ja. Carcajadas y más carcajadas. Sin embargo, el fútbol, al igual que la vida, tiene una curiosa manera de devolver las burlas con creces.
Lo sucedido en el último enfrentamiento en el Spotify Camp Nou debería, al menos, reducir la risa de algunos tuiteros. Porque si en Madrid hubo goteras, en Barcelona hubo verdaderamente cataratas. Pasillos inundados, seguidores buscando refugio como podían, cascadas de agua en áreas interiores e incluso el palco presidencial mirando al cielo con más inquietud de lo habitual. Ni Laporta se salvó. Tampoco la prensa, empapada mientras intentaba realizar su labor.
Es cierto: el Camp Nou está en obras. Igualmente estaba, y sigue estando, el Bernabéu en el momento de aquellas imágenes tan celebradas en redes. Y ahí radica la clave. Quizás sería prudente recordar que cuando se llevan a cabo reformas de tal envergadura, los inconvenientes aparecen antes que las soluciones definitivas. Que los renders no detienen la lluvia. Y que la ironía puede ser mucho más peligrosa cuando todavía no tienes el tejado terminado. Por ello, es esencial tener cuidado. Quien escupe al cielo a su cara le caerá.
Las risas por las goteras del Bernabéu tuvieron una duración limitada. Lo suficiente para que, al primer gran aguacero en Barcelona, el chiste cambiara de lado. Porque en este deporte, como en casi todo, lo mejor es no escupir demasiado alto. No vaya a ser que, cuando mires al cielo para burlarte, el chaparrón te caiga encima. «Parece una alcantarilla gigante recogiendo agua», fue uno de los miles de chistes que recibió el Bernabéu en su día. Ahora, los memes apuntan al otro lado. «El Bernabéu es un estadio de la NFL, el Metropolitano crea la pista de patinaje más grande de Europa… y el Camp Nou se convierte en un parque acuático».