Anuario 2025: la travesía del Atleti
El Atlético de Madrid concluye un 2025 repleto de matices. Un año que empezó con los últimos tropiezos de la temporada pasada, pasó por un verano de inversión récord y culminó con la llegada de Apollo como nuevo accionista mayoritario del club. Un equipo que ha exhibido debilidades y fortalezas a partes iguales, dejando claro que el camino de la transformación apenas ha comenzado.
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Fuera de todas las competiciones
El 2025 del Atlético se inicia, en realidad, al final de la temporada anterior. A partir de marzo, el equipo de Simeone se desvaneció por completo, dejando a un grupo que competía por todo, en blanco.
En la Copa del Rey, el Atlético fue eliminado en semifinales por el FC Barcelona tras comenzar ganando 0-2. En Champions League, fue descartado en octavos por el Real Madrid, a pesar de empezar ganando el partido de vuelta desde el minuto 1. En LaLiga, el equipo se desenganchó de la lucha por el título tras una serie de partidos como visitante, volviendo a evidenciar su gran problema de los últimos años: la incapacidad para ser contundente fuera del Metropolitano.
Un cierre de año que dejó más interrogantes que certezas. El equipo compitió durante gran parte de la temporada, pero sin recompensa alguna por el mal final de la misma.
Lejos de ayudar a limpiar la imagen negativa, el Mundial de Clubes terminó por hundir aún más los ánimos rojiblancos. El Atlético debutó en este nuevo formato mundialista en un grupo de máxima exigencia, compuesto por un PSG campeón de Europa, Botafogo campeón de la Libertadores y Seattle Sounders de la MLS.
El balance final es engañoso: dos victorias en tres partidos, empatado a puntos con los dos equipos más fuertes del grupo, pero siendo eliminado en fase de grupos. Un desenlace que supuso un golpe duro, no solo en lo deportivo, sino también en lo económico, en un campeonato donde se tenían depositadas muchas ilusiones de llegar lejos.

Más allá de los resultados, lo que más preocupó fue la imagen del equipo. Un conjunto superado en velocidad, sin una personalidad definida y alejado del perfil competitivo al que nos tenía acostumbrados en los últimos años. Un Atlético de Madrid que demostró que era necesario aire fresco en la plantilla. Una herida que, de cierta manera, el verano logró sanar.
Durante este mismo mes, el Atlético decidió apostar fuerte. El verano de 2025 fue el “verano del espacio”, con anuncios de fichajes provenientes del espacio, simbolizando una nueva era. Un mercado de fichajes en el que, tras varios años, el club decidió invertir con decisión.
Las llegadas de Álex Baena, pieza clave del Villarreal; Johnny Cardoso, pivote diferencial del Betis; Ruggeri, lateral izquierdo italiano; Thiago Almada, perla argentina; Marc Pubill, promesa del Almería; y Dávid Hancko, objetivo largamente buscado, devolvieron la ilusión a la afición rojiblanca.

Tras un inicio prometedor, el mercado del Atlético entró en un parón inexplicable. A pesar de que sonaron varios nombres durante las semanas siguientes, las operaciones se frenaron y la planificación pareció congelarse.
La dinámica se reactivó el 11 de agosto, con el fichaje de Giacomo Raspadori, procedente del Nápoles, una incorporación inesperada que renovó el entusiasmo. En septiembre, llegó Nico González, en calidad de cedido desde la Juventus.
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Un inicio de temporada con dudas
La ilusión duró poco para el club rojiblanco. El comienzo de la competición liguera fue complejo, con una derrota 2-1 ante el Espanyol, en un encuentro donde el Atlético no jugó mal, pero volvió a autopenalizarse. Después, dos empates consecutivos: 1-1 contra el Elche en casa y 1-1 frente al Alavés fuera, estos sí evidenciando una imagen preocupante y poco alentadora del equipo.

En esos partidos se notaba un grupo incómodo, sin automatismos claros y una afición que empezó a impacientarse. El nombre de Simeone no tardó en aparecer de nuevo en el debate, esta vez con más fuerza, como posible responsable de un proyecto que parecía no terminar de arrancar. Un proyecto que, tras invertir casi 200 millones en caras nuevas, no convencía en los primeros encuentros de la temporada.
Curiosamente, el punto de inflexión llegó en una derrota. El 3-2 en Anfield, a pesar del resultado, dejó una de las mejores impresiones del Atlético en meses. El equipo compitió, fue valiente y mostró una personalidad que hasta ese momento no se había visto. A partir de ahí, algo cambió. Llegaron tres victorias consecutivas, acompañadas de dos goleadas que dejaron huella: 5-2 al Real Madrid en el Metropolitano y 5-1 al Eintracht Frankfurt en la Champions League. El Atlético comenzó, finalmente, a reconocerse a sí mismo.
Mientras el equipo buscaba estabilidad en el campo, el club vivía un cambio histórico. El fondo de inversión estadounidense Apollo adquirió el 52% del Atlético de Madrid, convirtiéndose en el accionista mayoritario en una operación valorada en 1.400 millones de euros.

Este hecho se considera uno de los mayores movimientos institucionales en la historia del club y representa hasta qué punto ha cambiado la dimensión del Atlético de Madrid en las últimas décadas. De ser un club que hace apenas 25 años descendía a Segunda División, a convertirse en una entidad que hoy aspira a competir de forma constante con los grandes del fútbol mundial y a disputar cualquier título disponible.
El objetivo de Apollo es claro: fomentar la inversión estructural, especialmente en la Ciudad del Deporte que rodeará al estadio Metropolitano a partir de 2027. Un escenario que abre una etapa de crecimiento sin precedentes.
Diciembre se presentó como un mes complicado, marcado por la acumulación de partidos fuera de casa. Las dos derrotas consecutivas ante el FC Barcelona (3-1) y el Athletic (1-0) llegaron en actuaciones muy grises del equipo.
Aun así, el equipo logró despertar para cerrar bien el año. El Atlético termina el curso con cuatro victorias consecutivas, ocupando la tercera plaza en la clasificación liguera, permaneciendo entre los ocho mejores equipos en la Champions y a la espera de conocer a su próximo rival en la Copa.
Se cierra un año de transición para el club rojiblanco, doce meses repletos de altibajos y constantes exámenes.



