¿Asumir el papel de reserva en el Bernabéu? El derecho del Atleti a forjar su propia realidad (y logros)


De manera casi inadvertida, el Atlético de Madrid ha logrado colarse entre los ocho mejores equipos de Europa. Y no es que sea algo nuevo, ya que Simeone lo ha alcanzado ocho veces durante su permanencia en el banquillo. Es decir, en la mayoría de las ocasiones. El conjunto colchonero está rodeado de dos gigantes que oscurecen la vista, pero sus aficionados deberían sentirse afortunados por vivir tal experiencia. Son muy pocos los clubes en Europa, ni hablemos de España, que pueden afirmar lo mismo. Todo esto ocurre mientras se mantiene en la tercera posición de la Liga, que es el objetivo mínimo prioritario de la directiva, y a la expectativa de disputar una emocionante final de la Copa del Rey. Lo que sugiere que la temporada rojiblanca no será la catástrofe que muchos pronosticaban que sería.

Hay varios aspectos que se pueden criticar de este equipo; yo mismo lo hago porque veo un amplio margen de mejora, pero hay dos principios que deberían ser innegociables para cualquiera que quiera opinar: el respeto absoluto hacia la figura del Cholo, por lo que representa y por lo que ha conseguido; y aceptar que los objetivos, las exigencias y las motivaciones del club son una decisión exclusivamente de la gente del Atleti. De nadie más.

En medio de todo esto, inesperadamente, se acerca un nuevo derbi. Uno peculiar, probablemente descafeinado, de valor relativo para los colchoneros y algo más atractivo para un Real Madrid que, además de los puntos, necesita seguir creyendo en esa realidad que, por las buenas o las malas, siempre llenará las portadas de la actualidad deportiva.

Griezmann, en estado de gracia. (Europa Press)

Es evidente que el Real Madrid llega con un aire de optimismo tras haber superado al universo Guardiola de manera solvente y brillante. Son conscientes de que la distancia de cuatro puntos con el Barça, en esta Liga tan de andar por casa, es una diferencia bastante razonable para sentir que están en la lucha por el título. Y tiene sentido. Me sorprendería no ver en el césped un equipo que intenta ser compacto, altamente concentrado, consciente de sus capacidades y en perfecta sintonía, al menos al inicio, con esa grada que puede pasar de la nada al todo (y viceversa) en cuestión de pocos goles.

Lo que no tengo tan claro es lo que nos encontraremos del otro lado. Con la mente colocada lógicamente en otro lugar, a 13 puntos de la cabeza y a otros 13 de salir de los puestos de Champions, sin olvidar la imagen tan cuestionable que ha mostrado el equipo de Simeone cuando juega fuera de su estadio, parece que no es el escenario más propicio para que el Atleti arriesgue en lo físico, deportivo o emocional. ¿Tendría algún sentido hacerlo?

Algunos sugieren que lo mejor sería saltar al césped del (Santiago) Bernabéu con el equipo suplente, lo cual es lo que se ha estado haciendo, de manera más o menos oculta, en los últimos partidos de liga. Podría suceder y no sorprendería a nadie. De hecho, sería difícil de entender que no fuera así, si uno eleva la mirada del «partido a partido» y considera lo que viene después. En menos de 15 días, el Atleti jugará tres partidos contra el Barça (dos de ellos serán los cuartos de final de la Champions League) y una final de la Copa del Rey. Es una mala situación, pero así es el curioso calendario de lo que eufemísticamente llamamos fútbol español. Un calendario diseñado para favorecer lo que creen que genera ingresos (lo dicen sin tapujos), y cuyos horarios cambian en cualquier momento con la misma celeridad que lo hace la Confederación Africana de Fútbol (un saludo a la selección de Senegal) y la facilidad con la que uno se toma un trago de ponche Caballero.


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Honestamente, considerando lo mencionado anteriormente, y manteniendo el mismo criterio que podría tener alguien que opine lo contrario, no espero la mejor versión de los rojiblancos este domingo. Aunque luego pueda suceder cualquier cosa, claro, porque hacer predicciones en el fútbol es tan científico como adivinar el resultado de lanzar un dado. Nadie sabe lo que pasará, pero estoy convencido de que, sea lo que sea, tendremos que soportar después el análisis condescendiente de ciertos sectores mediáticos, que es lo que ha estado sucediendo cada vez que se acercan al villorrio rojiblanco.

En ese contexto, prefiero quedarme con algo diferente. Entre la gran cantidad de material superfluo que suele surgir de las conferencias de prensa antes de los partidos, Simeone mencionó recientemente algo que me pareció muy interesante: «Somos conscientes de la realidad que tenemos… y somos los arquitectos de nuestra propia realidad». Lejos de la broma fácil, creo que es una frase que apela a la identidad y toca el núcleo del aficionado. Algo que concuerda perfectamente con ese concepto de Atleti que los aficionados han transmitido durante generaciones, pero muy mal con ese otro que el mercado, el monstruo mediático y los mesías de la rentabilidad parecen querer imponer. «Somos los arquitectos de nuestra propia realidad», dijo. Y desde luego, así debe ser.

Los aficionados celebrarán y disfrutarán de lo que deseen, sin tener que dar explicaciones a nadie más. Sin importar la opinión del señor (o la señora) que sostiene el micrófono, de quienes poseen los derechos televisivos, de los títulos oficiales, de los amantes del fútbol «de verdad», del espectador neutral, Mateu Lahoz, un consejero sin corbata o alguien que hace muchos burpees.

De manera casi inadvertida, el Atlético de Madrid ha logrado colarse entre los ocho mejores equipos de Europa. Y no es que sea algo nuevo, ya que Simeone lo ha alcanzado ocho veces durante su permanencia en el banquillo. Es decir, en la mayoría de las ocasiones. El conjunto colchonero está rodeado de dos gigantes que oscurecen la vista, pero sus aficionados deberían sentirse afortunados por vivir tal experiencia. Son muy pocos los clubes en Europa, ni hablemos de España, que pueden afirmar lo mismo. Todo esto ocurre mientras se mantiene en la tercera posición de la Liga, que es el objetivo mínimo prioritario de la directiva, y a la expectativa de disputar una emocionante final de la Copa del Rey. Lo que sugiere que la temporada rojiblanca no será la catástrofe que muchos pronosticaban que sería.

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