Bienvenidos a la Liga Yáñez
Con Yáñez hacia la Youth League. Montados sobre un gigante de 1,77m, con un duende gaditano que vive el fútbol desde la audacia. Y ya saben, los duendes también saben jugar con la suerte. Un zurdazo desde la frontal que un rebote transformó en gol. Pero el Juvenil blanco no avanza a cuartos solo por un rebote. Lo hace con la meritocracia a tope. Primero desbordando y luego defendiendo. Con talento y magia, pero también con esfuerzo y entrega. Así se hacen los equipos campeones. Así se forja este Madrid. La meta solo se cruzó en una ocasión, en 2020, pero ya están más cerca de lograrlo. A tres partidos de la gloria.
Un encuentro que comenzó con sorpresa. Y no en el campo, sino en las gradas. “Ey, Jude”, se escuchó en el Di Stéfano. Sin hache, porque un grupo de niños llamaba la atención de Bellingham. Presente en el estadio junto a su madre, Denise. Fue la gran atracción del inicio, aunque pronto el foco se dirigió al campo. Lo merecía. Porque los de Álvaro López salieron como un torbellino. En el 3′, sin ir más lejos, ya celebraron. Ciria, pero marcó en fuera de juego. Un aviso que los navegantes escucharon de nuevo cinco minutos después. Y ahora sí. Tras un córner Yáñez recibe en la frontal. Observa, dribla, lanza un zurdazo que toca levemente en la muralla azul y acaba en la red. En el 8′, gol.
Golpe que dejó al Chelsea en la lona, grogui durante varios minutos. Instantes que Madrid aprovechó para amenazar, para crecer. Para dominar, con ese equipo de fichajes castillistas al que le faltaban los Thiago y Cestero que escucharán la melodía adulta. Pero no para hacerse gigante. No para marcar, no para culminar. Y así el que creció fue el ogro inglés. Ciria perdonó con la zurda (se fue arriba) tras una jugada brillante de Roberto, a quien la lesión ya superada no le ha restado clase. De nuevo Ciria, ahora tras desplegar su talento, probó los guantes de Bernal.
Yáñez también tuvo su oportunidad, que se le escapó por poco, pero volvió a encontrarse con el meta inglés. Hubo más acercamientos donde se intuyó el área. Pero hubo más perdón que acierto y fue ahí donde el Chelsea fue creciendo. De la timidez al desafío, hasta casi empatar. Ese runrún fue el que despertó a los de Hudson. Sobre todo a Derry, que tuvo un par de llegadas y varias acciones que los ojeadores de la grada anotaron en sus libretas. La última, prácticamente sobre la bocina del descanso. Pero ahí el que se estiró fue Illia Voloshyn. Sin Javi Navarro, tocado, el guardián de la Youth.
Y qué guardián, porque tras regresar algo fríos del descanso, volvió a volar. Un paradón con mayúsculas al filo de la hora ante un zapatazo de Mheuka. La celebración blanca demostró la importancia de la intervención. Porque el final se acercaba y al final del laberinto esperaba el Sporting y los cuartos de final. Esto cambió la balanza de manera natural. Hasta exprimir el Chelsea su físico y buscar las cosquillas con mucha más presión. A veces, con más corazón que cabeza. Pero en el fútbol, al igual que en la vida, a veces el sentimiento puede ganar a la razón.
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Pero no fue el caso. Porque La Fábrica supo calmar el temporal. Tanto, que lo hizo suyo. Hasta ser el Madrid quien perdonó la sentencia. Ciria buscó su enésima guinda y se topó con la enésima parada de Bernal. Y Jacobo Ortega, con la campana sonando, se estrelló con el palo cuando ya había arrancado para celebrar. Por suerte, lo recogió momentos después. Él y todos. Porque cayó el gigante inglés, el líder de la Fase Liga. Porque el Madrid está en cuartos y allí espera el Sporting. Pero esa será otra historia. Esta, tras el silbato, iba de celebrar. Todo Valdebebas saltó, gritó y bailó. Un baile inolvidable, que cantaría Bad Bunny.
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