El Atlético de Madrid comienza con un tropiezo.


Un Atlético de Madrid revolucionado hacía su debut en el campeonato liguero visitando el RCDE Stadium. A pesar de una primera parte brillante por parte de los de Simeone, que seguramente hizo sonreír a los aficionados rojiblancos, poco sirvió, ya que en la segunda mitad se vio un desempeño que recuerda más a las temporadas pasadas fuera de casa que a lo que se vivió en los primeros 45’.

El increíble gol de falta de Julián fue en vano, ya que los tantos del debutante Miguel Rubio y el homenaje de Pere Milla a Van Persie con un cabezazo digno de aplauso, marcaron el destino del encuentro.

A pesar de la decepcionante derrota, hay varios aspectos positivos que resaltar del equipo del ‘Cholo’. Uno de ellos es la figura de Johnny Cardoso. Su simple presencia ya representa un motivo de celebración para el esquema del Atlético, y su forma de interpretar el juego, junto con su defensa hacia adelante, contribuyeron a un rendimiento equilibrado.

Primero, el entendimiento que muestra en la salida de balón es notable, pues tiene la facilidad de encontrar el espacio adecuado para ser un apoyo o para liberar a jugadores como Llorente, Ruggeri o Almada —de quien hablaremos más adelante— para que ellos puedan tomar la iniciativa. Su compañero en el centro del campo fue Gallagher, quien ocupó el lugar de Barrios por precaución. El inglés también se benefició de Johnny, ya que la presencia de él permite a Conor posicionarse en roles más determinantes en ataque, donde se siente más cómodo.

Foto: Getty Images

Cardoso fue sustituido por Koke al descanso, tras recibir una tarjeta amarilla al final de la primera parte (42’), interrumpiendo una contra del Espanyol después de una acción brillante de Terrats. Estas transiciones complicadas en defensa son uno de los riesgos que implica este cambio en el esquema rojiblanco, donde la presión y la acumulación de jugadores arriba son esenciales. El Atlético echó mucho de menos a Johnny en la segunda mitad.

  • Thiago Almada indetectable

Uno de los puntos débiles del conjunto perico fue no comprender la posición del argentino en el campo. Almada, fundamental en la salida desde atrás, se movía en cualquier zona del campo, aportando superioridad, claridad con la pelota, atrayendo a los rivales y ofreciendo verticalidad para superar la presión local. Esto desconcertaba al Espanyol, que se preguntaba: ¿qué función tenía Almada?

Así, mientras ayudaba en la construcción, el número ‘11’ liberaba a Baena e incluso a Julián de cumplir esa tarea, permitiéndoles ser más influyentes en ataque.

Foto: Getty Images

Aún con todo, el Atlético de Madrid comienza la competición dejando escapar tres puntos que no esperaba perder. Algunos responsabilizan a Simeone por el resultado, señalando los cambios como las principales causas. El único cambio que se podría considerar comprensible, aunque quizás un poco apresurado, fue la salida de Cardoso. Si bien su tarjeta amarilla lo limitaba, podría haber sido mejor mantenerlo unos minutos más para evaluar lo que proponía el rival en la segunda parte, permitiendo así tomar una decisión más acorde. En su lugar entró Koke, que es más lento en las transiciones y representa un riesgo de ser el sustituto natural de Johnny durante toda la temporada.

También sustituyó a Barrios por Gallagher, un cambio comprensible por la falta de creatividad del inglés, probablemente el único acierto de Simeone en el partido. Sin embargo, después se materializó el desastre: Almada y Baena, los jugadores clave en la producción del balón colchonero, fueron reemplazados por Griezmann y Raspadori. Este último, al apenas llevar unos días en el club, tuvo dificultades, mostrándose a menudo indeciso en el partido. Raspadori entró antes que Sorloth, quien diez minutos más tarde reemplazó a Julián, pero pasó desapercibido, al igual que Antoine.

Aparte de los cambios, hubo otros signos preocupantes. Desempeños inquietantes de Le Normand y Marcos Llorente, este último con una conducción innecesaria que llevó al gol del 1-1, mientras que su limitación técnica se hizo evidente durante todo el encuentro. O un Giuliano Simeone, a quien no se le puede reprochar nada sin balón, pero que en un partido con poco espacio para correr, aporta poco.

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Simeone reconoció sus errores en rueda de prensa, dejando una declaración que parece ser la mejor noticia posible del resultado de ayer para el Atleti: “Creo que tuve un aprendizaje para mí, quedo con algo que queda para mí […], ya lo van a ver”. Esto da la impresión de que entiende que a los buenos no se les puede apartar. Si un plan está funcionando con ciertos jugadores en el campo, ¿qué necesidad hay de cambiarlos por otros que no ofrecerán lo mismo?

El Atlético de Madrid se asemejó más al del año pasado en la segunda mitad, pues precisamente, los que estaban entonces eran los del año pasado y no los nuevos; los jóvenes, los buenos. Otra buena noticia en el entorno rojiblanco es que hoy estamos a 18 de agosto, quedando aún mercado por delante.

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