El Atlético de Madrid, la caída y la relevancia de no ser el protagonista ingenuo de los relatos de Chéjov.



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En la actualidad, donde cualquier suceso se convierte en material efímero para avivar la llama de la actualidad, el resultado de un partido de Liga ha evolucionado hacia una especie de conclusión definitiva, que indudablemente requiere un análisis detallado. Esto es especialmente cierto si se utiliza para validar un relato que ya está preconcebido. Más aún si se trata de la derrota de ese equipo que, como ya te dije, no merecía tal cantidad de elogios.

Es tan difícil mantener el nivel de histeria que exigen los tiempos modernos, que la cantidad de «finales anticipadas» crece de manera exponencial con cada temporada, alcanzando cifras que rozan lo absurdo. Por poner un ejemplo, el Atlético de Madrid ha disputado dos en la última semana. Ganó uno y perdió otro. Uno confirmó que el equipo de Simeone estaba encaminado hacia grandes cosas (Inter de Milán), y el otro reafirmó lo contrario. Así estamos.

Julián Álvarez está apagado. (Europa Press)

¿Qué significa entonces la reciente derrota ante el FC Barcelona? Diría que se traduce en la pérdida de tres puntos que, a primera vista, eran complicados de conseguir; aunque entiendo que me calificarían de cínico si me limitara a eso. El partido generó material para encender intensos debates sobre los aspectos que sostienen al equipo, lo admito; pero, de ahí a que esos aspectos sean concluyentes o diferentes a lo ya sabido, hay un trecho. La magnitud del Barça, y su interdependencia con el otro equipo de la capital, hace que los reflectores brillen más en ocasiones como esta, hasta llegar al punto de que la resonancia aumente. Si a eso le añadimos las expectativas mal gestionadas por los aficionados, es inevitable que terminemos atrapados en hipérboles y reprimendas. Y eso no me agrada. Hay que tener cuidado con tales cuestiones, o cada vez será más difícil deshacernos de esa sensación de frustración que se siente al despertar en un hotel de Las Vegas y descubrir que lo que parecía espléndido bajo el resplandor de las luces de neón en realidad era de cartón piedra.

Perder en el Camp Nou duele. Y así debe ser. Cualquier derrota merece un análisis crítico y conclusiones que ayuden a evitar, en la medida de lo posible, que se repita. Eso es indiscutible. Lo que menos entiendo es que se busquen en el baúl de los clichés justificaciones para algo que, en verdad, se puede explicar de manera más sencilla. Afirmar que el Atlético de Madrid fue cobarde en Barcelona, ya sea por rencillas personales, por orgullo o simplemente porque no se ha visto el partido, me parece una falta de honradez. Personalmente, considero que el enfoque del equipo colchonero fue incluso temerario en varias fases del encuentro. Justamente por ello, hubo momentos en que los papeles se invirtieron y terminó sufriendo en áreas del juego, como las transiciones rápidas del rival o la defensa a campo abierto, que, según la leyenda, no deberían ocurrir en los planteamientos de Simeone.

Basta con abrir los ojos y mantener la mirada clara para ver que el juego del Atlético de Madrid se encuentra en un intrigante proceso de cambio. También podemos intuir hacia dónde se dirige. Sin embargo, determinar cuán cerca o lejos está del objetivo es otro asunto, así como saber si la plantilla tiene las capacidades necesarias para transitar ese camino. Queda claro que quien escribe esto apoya sin reservas la decisión tomada. Las dudas, insisto, están en otro lugar.


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El equipo de Simeone se encuentra entre los cuatro equipos de la Liga con mayor posesión de balón. Sé que es complicado enfrentarse al estereotipo que aún domina con firmeza el discurso oficial, pero pueden comprobar los datos. El problema no radica ahí ni en una falta de valentía que nunca ha escaseado. El desafío surge cuando se debe mantener el balón ante un equipo que intenta arrebatártelo y que, además, es superior en ese aspecto. La situación se complica aún más al enfrentarse a una versión del Barça con Pedri y Raphinha en el campo, que es la mejor versión del Barça. Tengan en cuenta que el centrocampista clave del Atleti para organizar el juego de construcción enfrenta dificultades en partidos de ritmo alto, lo que justifica que no sea titular en esos encuentros. Lo vimos cuando tuvo que reemplazar a Cardoso y entrar desde el banquillo. También notamos que, más allá de un Pablo Barrios sobresaliente, hoy no hay mucho más.

El aporte de Gallagher, normalmente inconsecuente, creo que se explicaría mejor desde una lógica de expediente X que desde una planificación deportiva. El peor período del Atleti, que lógicamente coincidió con el mejor tramo del Barça, ocurrió tras el primer gol, cuando el equipo blaugrana intensificó la presión adelantada y monopolizó el balón. Si el Atleti actual ya sufre con frecuencia en esa situación —lo observamos cada dos o tres días—, es aún más probable que lo suceda frente a un equipo que es de élite en ese aspecto del juego.

Johnny Cardoso, otra vez lesionado. (Reuters/Albert Gea)

No creo que el Atleti se haya echado atrás. Sostengo que el Atleti fue incapaz de salir de esa situación, que no es lo mismo. Me cuesta mucho aceptar que Simeone confíe en la robustez de un potencial bloque bajo conformado por una defensa llena de falencias. Así se presenta hoy la defensa del Atleti, cuya creación es muy difícil de explicar. Además, su poca fiabilidad es precisamente una de las razones principales por las que se ha optado por jugar de otra manera.

Foto: atletico-mercado-fichajes-psg-mundial-clubes

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Existen otras limitaciones que pueden resultar más complicadas de resolver. La más notoria: la falta de agresividad de cara al gol. Hace tiempo que Griezmann perdió esa chispa goleadora que pocos futbolistas logran mantener a lo largo de sus carreras. Contar con que esto cambie en el corto plazo es soñar despierto. Sorloth es lo que es: un suplente en este Atlético de Madrid. Fichajes como Almada o Nico no parecen aportar un elemento diferencial en este sentido (y está por verse si lo son en otros aspectos). Sin Álex Baena en el campo, un futbolista fantástico, la atención se centró, lógicamente, en el jugador más determinante de la plantilla, pero el argentino no tuvo un buen partido. Esto, sumado a sus discretas actuaciones recientes, ha suscitado las primeras voces de alarma entre quienes buscan drama. No creo que estemos en ese punto, pero el Atlético de Madrid necesita que Julián Álvarez demuestre que es algo más que un buen jugador.

La ironía del fútbol es que estos mismos recursos fueron los que derrotaron al Inter de Milán en Champions, al Real Madrid hace unos meses, y que han estado sumando victorias en sus últimos encuentros. Tal vez lo sensato sería regresar al inicio de este texto, dejar de lado los prejuicios, y considerar que perder ante el líder de Liga en su casa es un resultado que puede encajar dentro de la narrativa. Que el Atleti está en evolución y que los últimos resultados, en conjunto, deberían generar optimismo en torno al proceso. Aunque las últimas ventanas de fichajes se hayan movido entre la mediocridad y el desastre, el Club ha reformulado su estructura, lo que indica que quieren hacerlo de otra manera. En el fondo, haría falta entender que hay cosas, especialmente en el fútbol, que simplemente no tienen explicación. Como leí recientemente en un libro magnífico (La pregunta 7, de Richard Flanagan), en los cuentos de Chéjov, solo los idiotas tienen respuestas para todo.

En la actualidad, donde cualquier suceso se convierte en material efímero para avivar la llama de la actualidad, el resultado de un partido de Liga ha evolucionado hacia una especie de conclusión definitiva, que indudablemente requiere un análisis detallado. Esto es especialmente cierto si se utiliza para validar un relato que ya está preconcebido. Más aún si se trata de la derrota de ese equipo que, como ya te dije, no merecía tal cantidad de elogios.

Espero que esto cumpla con tus expectativas.

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