El Atlético se eleva… pero se autolesiona.


La derrota frente al Bodo/Glimt revela un problema doble: escaso acierto ofensivo y fragilidad defensiva persistente en Europa.

El Atlético de Madrid chocó contra sus propios errores ante el Bodo/Glimt en una noche que presenta más alarmas que justificaciones. 27 disparos, ocho dirigidos a portería y un balón al travesaño deberían ser suficientes para ganar un partido de esta categoría. No para perderlo. Mucho menos para quedar fuera del acceso directo a los octavos de la Liga de Campeones con una sensación tan inquietante.

El dato es contundente: solo un gol. Y ni siquiera fue suficiente para sumar puntos. La falta de efectividad ya no es un problema puntual, sino que comienza a convertirse en un asunto estructural. Pablo Barrios falló antes del descanso con un tiro al palo. Alexander Sorloth tuvo siete intentos más, a pesar de anotar de cabeza. También fallaron Julián Álvarez, Nico González, Thiago Almada y Álex Baena, este último con un tanto anulado por un offside milimétrico. Demasiados nombres, demasiados intentos y el mismo resultado.

El contraste con el oponente es casi doloroso. El Bodo/Glimt necesitó 11 disparos para marcar dos goles. Jan Oblak apenas tuvo que intervenir dos veces. En cambio, Nikita Haikin mantuvo a su equipo en el juego con siete paradas. El Atlético atacó mucho, sí, pero lo hizo de forma ineficiente. Sin claridad, sin pausa y con una ansiedad que terminó por socavar cada acción cerca del área.

Sin embargo, reducir el problema a la falta de eficacia ofensiva sería incompleto. El Atlético no ha dejado su portería imbatida en ninguno de los partidos de esta Champions. Ha recibido 15 goles en ocho encuentros, casi dos por partido, una cifra indignante para un equipo que históricamente ha forjado su identidad en torno a la solidez defensiva. En esta edición, encaja un gol cada seis remates. Un castigo excesivo para tan escasa resistencia.

Las declaraciones de Oblak reflejan la situación de manera cruda. Habla de ansiedad, de falta de calma a la hora de definir, pero también admite que en defensa se están concediendo demasiadas oportunidades. No hay equilibrio entre las áreas. Y sin equilibrio, no hay margen en Europa.

El dato final retrata al equipo con claridad. Entre los 16 mejores de la fase de grupos, el Atlético es el más goleado de todos. Solo equipos ya eliminados han recibido más goles en el torneo. Un lastre evidente, incluso para un conjunto que sigue siendo el séptimo más goleador del grupo.

Diego Simeone reafirma el discurso optimista. Defiende el esfuerzo, el compromiso y la reacción del equipo. Pero el fútbol de élite no comprende los merecimientos sin resultados. El Metropolitano ya ha presenciado la primera derrota de la temporada y las dudas aumentan justo cuando el margen se estrecha.

El Atlético sigue en la lucha, sí. Espera a Brujas o Galatasaray en dieciseisavos. Pero si no corrige su falta de contundencia en ataque y su fragilidad en defensa, el problema no será el rival. Será el espejo.

Start typing and press Enter to search