El Celta se ve afectado por la baja de Claudio Giraldez debido a un esguince.
El fútbol también se evalúa en silencios médicos. Pablo Durán dejó el partido contra el RCD Mallorca entre lágrimas, y Balaídos temió lo peor. La imagen, más emocional que clínica, encendió las alarmas en un equipo que vive al borde en cada jornada. Sin embargo, el diagnóstico final reduce la tragedia: esguince en el ligamento lateral interno de la rodilla izquierda.
La baja se prevé de aproximadamente dos semanas. Un alivio relativo para el Celta de Vigo, que pierde a un recurso ofensivo valioso en un período exigente del calendario. No habrá cirugía ni rehabilitación prolongada, pero sí una ausencia que exige reajustar automatismos y jerarquías en la parcela ofensiva.
Durán se perderá los compromisos ligueros contra el Girona FC y el Real Madrid, además de la vuelta europea frente al PAOK FC. Tres encuentros que marcan ambiciones tanto domésticas como continentales. El margen de error se reduce y la plantilla deberá responder sin uno de sus jugadores más dinámicos.
No es la primera vez que el curso exige resistencia. Marca recuerda que ya sufrió una lesión en el hombro en el Santiago Bernabéu, pero aún así suma 27 partidos, cinco goles y dos asistencias en 1.317 minutos. Sus cifras no son estratosféricas, pero sí significativas en un engranaje que necesita profundidad y movilidad.
El parte médico ofrece tranquilidad, pero el contexto competitivo no da tregua. El Celta respira aliviado, aunque es consciente de que cada baja altera el equilibrio. Durán regresará pronto, pero en este periodo cada punto cuenta como si fuera una final y cada ausencia redefine el plan. @mundiario



