El Mallorca continúa sufriendo en su zona defensiva. El equipo bermellón no logró cambiar el rumbo esperado en el Metropolitano y cayó nuevamente en esa dinámica que lo ha marcado durante toda la temporada. La derrota de este domingo es la décima del año tras apenas 21 jornadas, y la octava que sufre fuera de casa. Estos números se vuelven aún más preocupantes cuando se centra la atención en aspectos defensivos, donde las alarmas se activan a todo volumen.
Aunque el inicio de 2025 marcó un cambio en los resultados del Mallorca, el comienzo de 2026 ha deteriorado de manera alarmante las estadísticas defensivas del equipo. En los cuatro partidos de este año, los dirigidos por Jagoba Arrasate han encajado al menos dos goles en cada uno: Girona (2), Rayo Vallecano (2), Athletic (2) y Atlético de Madrid (3). Esto resulta en un promedio de 2,25 goles cada noventa minutos, una carga casi insuperable para un conjunto que no tiene recursos de sobra, siendo más del cincuenta por ciento de sus goles firmados por un único jugador. El descenso en el rendimiento ha llegado, como el año pasado, tras el parón navideño: en los últimos tres encuentros del año anterior, además de sumar cinco puntos, solo recibió tres (0,6 de media).
El Mallorca ha perdido su fortaleza defensiva en una fase de la temporada donde cada punto cuenta. Jagoba Arrasate se enfrenta a múltiples problemas en un corto periodo de tiempo y en un espacio limitado del campo. Por un lado, las lesiones han reducido considerablemente las opciones del equipo en esta franja del terreno. Y por otro, el rendimiento de los jugadores ha estado muy por debajo de lo necesario para un funcionamiento colectivo eficaz. Los dos primeros goles recibidos ante el Atlético de Madrid son un claro ejemplo de esto. En el primero, un nuevo despeje fallido de Johan Mojica lo desencadena todo. En el segundo, un centro lateral de Marcos Llorente es mal despejado por Mateu Morey y impacta a David López en la cara, quien termina introduciendo el balón en su propia portería. En ese mismo instante, el partido llegó a su fin.
La defensa en el Metropolitano también reflejaba lo poco que queda en el vestuario para proteger el área bermellona. Con Antonio Raíllo en el banquillo para no forzar su regreso después de sus problemas de clavícula desde principios de año, y con Marash Kumbulla y Toni Lato fuera de la lista y en Palma, la defensa se encuentra muy mermada. Ya no solo en efectivos, sino también en rendimiento. Los laterales se han convertido en auténticas autopistas para los rivales, y en el centro hay grietas y falta de solidez preocupantes. Lo más alarmante es que no parece haber soluciones en los pocos días que quedan hasta el cierre del mercado de invierno.
El Mallorca ha superado ya los 30 goles encajados (lleva 33), igualando a Valencia y Sevilla, y solo uno menos que Levante y Girona. En la clasificación de goles en contra, los insulares están al final, pagando las consecuencias de haber sumado seis jornadas consecutivas encajando. Fuera de Son Moix, la situación es aún más crítica. Han recibido 20 goles en 11 partidos lejos de casa. Únicamente el Valencia se encuentra en una situación peor (22).
El Mallorca cuenta con una semana larga para intentar recuperarse. En principio, Arrasate podrá contar de nuevo con Raíllo, Kumbulla y Lato para el partido contra el Sevilla (lunes 2 de febrero, 21.00 horas), pero eso no garantiza una mejora. Hasta ahora, la escuadra rojinegra solo ha logrado mantener la portería a cero en dos ocasiones en Son Moix, y de la última, contra el Getafe, han transcurrido ya casi tres meses. Quizás la dirección deportiva del club debería reconsiderar sus objetivos antes de que cierre el mercado.