Ilumina mi jornada: la perspectiva de Rubén Uría sobre el Real Betis.
¿Recuerdas al inspector Harry Callahan? Claro que sí. Ese policía que se volvió un símbolo del cine, siempre atractivamente rudo y con un lenguaje poco ortodoxo, conocido como ‘Harry el Sucio’, porque se encargaba de los trabajos más difíciles. El icónico Callahan, interpretado por Clint Eastwood, tenía una frase emblemática que repetía cada vez que enfrentaba a un criminal. Sacaba su poderosa ‘magnum’ y decía: “Alégrame el día”.
Algo similar hizo el Atleti en La Cartuja. Mostró carácter, estableció su dominio y, cuando la situación se complicó, actuó con determinación. Sin piedad. En términos generales, el Betis le dio la oportunidad de brillar a los de Simeone. Se trató de un Atleti de dos caras, primero audaz y luego en modo defensivo, pero los puntos quedaron en el bolsillo colchonero por primera vez en la temporada. Más vale tarde que nunca. En la primera mitad mostraron ritmo, velocidad y ambición. En la segunda, se dieron un festín de defensa y un laberinto de piernas. El encuentro permitió redescubrir que Giménez, si está en forma, es el mejor central del equipo. Se reconoció que un poco de Koke, una vez más, sigue siendo mucho. Se lamentó, por enésima vez, la lesión muscular de Barrios. Y se disfrutó, como un niño en el recreo, del golazo espectacular de Álex Baena, un joven con una personalidad arrolladora, calidad, precisión y un disparo certero. Todo un espectáculo.
Y para todo lo demás, Giuliano Simeone. Ya conocen a este joven que se dice que juega por ser ‘hijo de’, el que algunos creen que tiene un nivel de Segunda RFEF. Sí, Giuliano, el que parece tener un poco de inspector Callahan porque siempre se ocupa de lo que otros menosprecian. Se sumó al Atleti con decisión. En su repertorio, realizó una impresionante gama de jugadas explosivas. Un terremoto 7.5 en la escala del Atleti: la alegría de un gol de volea con la zurda, una avalancha de balones recuperados como si tuviera múltiples pulmones y la audacia de hazañas en las que se lanzaba al ataque desafiando al mundo y salía victorioso.
Giuliano, el torbellino, que aún tiene mucho que mejorar en definición y toma de decisiones, continuó siendo lo que mejor lo caracteriza: pura energía arrolladora capaz de cambiar el rumbo de cualquier partido. Giuliano, quien fue objeto de dudas injustificadas, es una auténtica joya para los atléticos. Es un chico de la casa, que siente el escudo, que vive su sueño y que, en cada carrera, encarna el espíritu colchonero: de padres a hijos. Algunos seguirán insistiendo en que Giuliano juega por ser hijo del entrenador, pero como solía decir el inspector Callahan, “las opiniones son como los traseros, todos tienen uno”.



