Increíble vuelta del Real Madrid frente al Valencia en un homenaje al baloncesto: 106-108 | Baloncesto | Deportes
Es necesario comenzar esta historia por el final. Solo quedaban 20 segundos en la semifinal de la Copa entre el Valencia Basket y el Real Madrid, y el equipo de Pedro Martínez lideraba 106-101 tras un triple impresionante de Jean Montero, quien anotó 19 puntos en ese último cuarto. Mario Hezonja, otro jugador excepcional, mantuvo vivo a su equipo con un nuevo acierto de tres puntos. Ocho segundos en el reloj en un Roig Arena lleno, con 15.221 espectadores, y saque desde el fondo para el Valencia. Jean Montero, el héroe, envía un pase largo al centro del campo, Abalde lo recupera y Hezonja se eleva nuevamente para encestar su cuarto triple de este periodo, culminando una remontada increíble que se convierte en una oda al baloncesto: 106-108, la mayor anotación conjunta en un partido sin prórroga en la historia de la Copa. Y el Madrid, de nuevo en una final, este domingo (19.00, Dazn) contra el Barcelona o el Baskonia, tras remontar hasta 18 puntos de desventaja con otro desenlace para su legendaria historia.
La gloria y la tragedia en un solo lanzamiento, en un segundo. Mientras todos en el Madrid abrazaban a Hezonja, la afición del Valencia abrazaba a Montero. Cualquiera merecía el reconocimiento máximo, a pesar de la diferencia en el resultado. Incluso el propietario del Valencia, Juan Roig, el hombre que ha levantado el impresionante Roig Arena, bajó a la cancha para consolar a sus jugadores y lanzarles un reto: luchar por ser campeones de Liga.
Fue un partido monumental, un espectáculo de principio a fin. El Madrid le ofreció al Valencia su propia medicina para comenzar. A los 11 segundos, triple de Deck en una acción preparada a toda velocidad. Y, claro, el equipo naranja respondió como mejor sabe, multiplicando la apuesta. ¿Un triple? Pues ahí van cuatro, de Taylor, Pradilla, Reuvers y Montero. La estrategia era clara: sacar al gigante Tavares de su zona de seguridad bajo el aro y amenazar desde cualquier ángulo al equipo de Scariolo, principalmente desde un perímetro que se convierte en campo de minas para cualquier rival de los chicos de Pedro Martínez. La fórmula requería piernas y corazón, y el técnico catalán ya había rotado completamente a su quinteto inicial apenas cuatro minutos después de comenzada la semifinal. En esa rotación, Jean Montero surgió del banquillo con muchas ganas. La velocidad del Valencia para anticiparse y correr les impulsó en el juego y en el marcador. Qué difícil es contener a este equipo cuando entra en combustión, al calor de su orgullosa hinchada en el Roig Arena. Al Madrid le costaba sacudirse el vendaval naranja, a pesar de que Scariolo intentara refrescar el equipo. La tropa de Pedro Martínez no daba tregua en un cuarto que se jugó a un ritmo prácticamente imposible de mantener: 34-16, siete triples locales y el primer cuarto más anotador en la historia de la Copa.
El equipo blanco manejó la bofetada como pudo, esperando una disminución en el ritmo de los anfitriones que parecía inevitable. Dos triples de Campazzo y uno de Hezonja cambiaron la dinámica repentinamente, llevando el marcador a un 0-11 con el Valencia sin poder anotar durante más de tres minutos. Garuba, más rápido que Tavares, aportó energía para anotar y rebotear, lo que metió al equipo blanco de nuevo en el partido. La situación era muy diferente ahora. El Valencia arrollador estaba sufriendo para sumar puntos, ya que debía alargar las posesiones, controladas por la defensa madridista, y en el cinco contra cinco estático perdía la ventaja que le otorgaba su estilo desenfrenado. En una jugada cuerpo a cuerpo, Badio recuperó sensaciones con un triple revitalizante y Tavares, de vuelta, otorgaba segundas oportunidades gracias a su habilidad en el rebote ofensivo. En una de esas capturas, Costello cometió una falta antideportiva a la torre de Cabo Verde. Los dos tiros libres y el mate en la jugada siguiente acercaron aún más al Madrid, y una técnica a Scariolo por protestar cerró una primera mitad superlativa: 54-50 y los blancos igualaban exactamente los 34 puntos que habían encajado al inicio. Hasta los aficionados necesitaban un respiro.
Deck, Campazzo y ahora Llull. El Madrid comenzó el tercer cuarto como en los dos anteriores, con un triple. Facu y Darius Thompson dejaron dos acciones memorables justo antes de que el base argentino cometiera su tercera falta. Hezonja culminó la remontada blanca anotando cinco puntos consecutivos. La plantilla de Scariolo había logrado una sincronización excepcional que los convertía en un adversario formidable, coordinando a muchos buenos solistas en una orquesta afinada. “Pero nosotros somos el Valencia Basket”, declaró Pedro Martínez en la víspera, y el joven De Larrea disipó cualquier temor con un espectacular vuelo sin motor para machacar el aro blanco. Tras la tormenta naranja del amanecer y la réplica visitante, el encuentro se convertía en un monumento al baloncesto, con una lucha cuerpo a cuerpo entre dos de los mejores equipos de Europa (79-77 al final del tercer cuarto con un triple decisivo de Costello).
Scariolo estaba trazando los últimos detalles en la pizarra mientras los cinco jugadores del Valencia esperaban en la pista listos para la batalla final. La misión de Pedro Martínez ya estaba clara, y sus chicos mordieron en cada acción. El Madrid contaba con dos bases, Campazzo y Feliz, frente a una batería exterior nuevamente liderada por Montero. El dominicano hizo vibrar el pabellón con 12 puntos consecutivos sin fallo, canastas de distintos colores, ya sea desde el perímetro o corriendo, mientras la afición del Barça se unía en cánticos a los de los valencianos. La tensión se había intensificado y cada movimiento decidía un pequeño fragmento de la final. Los blancos, con una decena de puntos de desventaja, se levantaron gracias a los triples de un colosal Hezonja y el poderío de Tavares en ambas zonas. Fue entonces cuando Jean Montero decidió que era su momento y alargó su exhibición hasta dejar el partido casi sentenciado con ese 106-101 a falta de 20 segundos. O eso parecía, ya que Hezonja aún no había dicho su última palabra, y el dominicano perdió un balón que le dio al Madrid su última oportunidad. Mala noticia para cualquier rival, porque el conjunto blanco no perdona cuando les dan una segunda oportunidad. Súper Mario se elevó en el cielo del Roig Arena para coronar una remontada histórica, rendir a un formidable Valencia y alcanzar la final de la Copa. En tiempos donde la Euroliga y la NBA pugnan por dominar el baloncesto, la Copa ofreció un espectáculo inolvidable.



