Isabel y Jesús, la pareja que batalla contra el olvido de los madrileños deportados bajo el nazismo: “Una piedra, un nombre, una vida”.


Isabel Martínez y Jesús Rodríguez, promotores del proyecto Stolpersteine en Madrid, junto a David Cárdenas, artista. (Carolina Viciano)

Una piedra, un nombre, una vida. El concepto del proyecto Stolpersteine (o ‘piedras del tropiezo’ en alemán) busca prolongar la memoria de las víctimas, sean mortales o no, del nazismo mediante la colocación de baldosas doradas. En estas se inscriben el nombre, apellido, fecha de nacimiento, si fueron exiliados o no, el año de deportación y la fecha de liberación o asesinato en un campo de concentración. En Madrid, los encargados de mantener viva la memoria de los deportados por el régimen nazi son Isabel Martínez y Jesús Rodríguez, un matrimonio jubilado que desde 2019 ha promovido la instalación de al menos 108 stolpersteine en la ciudad.

Este matrimonio, exbancos jubilados, forma parte del colectivo Stolpersteine Madrid. Junto a Grant Librería y el espacio Swinton Gallery, han organizado durante los meses de septiembre y octubre diversas actividades en el marco de la exposición Cada nombre importa. En la misma, el artista David Cárdenas ha presentado el mapa Madrid-100 Stolpersteine y una serie de acuarelas originales basadas en la documentación recopilada por Isabel y Jesús a lo largo de los años. El último evento del colectivo Stolpersteine Madrid fue un encuentro entre familiares de deportados por el Tercer Reich. En este espacio de memoria, el sobrino nieto de Pablo Agraz Alonso (Salamanca, 1908), deportado a Mauthausen en 1940, describió la labor del matrimonio como un rescate “de la nebulosa del olvido”.

Hijo y nieto de un
Hijo y nieto de un deportado por el nazismo durante el encuentro entre familiares. Exhiben una bandera firmada por prisioneros en Mauthausen, hecha por dos cordobeses con el uniforme del campo. (Carolina Viciano)

El proyecto Stolpersteine fue creado por el artista alemán Gunter Demnig, quien colocó la primera baldosa dorada en la ciudad de Colonia, hoy el monumento más grande a nivel mundial. En 2023, se llegó a colocar la stolpersteine número 100.000, con cerca de 30 países ya involucrados.

Durante el encuentro, Isabel y Jesús han dado voz a las historias de los presentes. La sobrina de Manuel García Barrado (Calzada de Oropesa, 1918) no pudo contener la emoción al recordar a su tío, quien pasó de jugar en la cantera del Real Madrid a sobrevivir a Mauthausen y ofrecer sus servicios como guía en el memorial desde la década de los 60, ya que decidió quedarse en la localidad austríaca tras liberarse del campo. Este encuentro también sirvió para que la hija de Emiliano Pérez Dorado (Urda, 1911) recordara no solo a su padre, encarcelado y luego deportado al subcampo de Gusen, sino también a su madre, condenada a vivir en una España franquista que la veía como “la novia de un rojo”. Emiliano logró reunirse con su pareja en Francia y se casaron en 1949.

La labor del matrimonio Isabel y Jesús, junto a su hija, va más allá de sacar del anonimato a los 449 deportados que el Ayuntamiento de Madrid reconoce como víctimas del nazismo, según la conmemoración celebrada en 2023 tras la Casa de la Villa. La actividad del colectivo Stolpersteine Madrid se traduce en “traer de vuelta a casa” a quienes jamás se supo de su paradero, como relata la nieta de una de las cinco víctimas de Alhama de Murcia: “Alguien les va a rendir tributo”.

El colectivo Stolpersteine Madrid se fundó en 2018 en Grant Librería, el lugar que este 10 de octubre acogió a las familias de deportados madrileños. Tras la presentación de la novela gráfica Deportado 4443 (Carlos Hernández, 2017), el matrimonio se conectó, en 2018, con cinco familiares residentes en Madrid. Pronto solicitaron quince stolpersteine, a los que siguieron otros ocho. Hasta este verano, se han superado las cien baldosas doradas. Isabel y Jesús han iniciado una labor extensa que recuerda a personas, ya no anónimas, cuyo único crimen fue creer en una Europa donde las ideas democráticas pudieran ser una realidad. Y no hay mejor manera de honrarlas que grabando sus nombres en piedra.

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