La agresión de Irune Dorado hacia Ona Batlle que no fue sancionada.


El codazo de Irune Dorado a Ona Batlle en el Real Madrid – Barcelona femenino que pasó inexplicablemente desapercibido.

El partido de Copa del Rey entre el Real Madrid y el Barcelona femenino dejó, en el minuto 84, una acción que no debería pasar desapercibida y que plantea una reflexión profunda sobre el nivel del arbitraje en el fútbol femenino. No se trata de una jugada ambigua ni de una interpretación cuestionable: es una agresión clara, visible y de considerable gravedad que quedó sin la sanción correspondiente que exige el reglamento.

La acción fue protagonizada por Irune Dorado, jugadora del Real Madrid Femenino, sobre Ona Batlle, futbolista del Barcelona Femení. En una disputa aérea, cuando el balón estaba en el aire, Batlle se prepara para despejar y Dorado salta hacia ella, impactando con el codo directamente en su rostro, a la altura de la mandíbula. El gesto es evidente, el contacto es indiscutible y la violencia de la acción no deja lugar a dudas.

Trujillano Gallardo no mostró ni amarilla

Lo más inquietante no es solo la agresión en sí, sino la respuesta del arbitraje. La árbitra del partido, Trujillano Gallardo, estaba a apenas cinco metros de la jugada, con una vista clara y frontal. No había obstáculos que dificultaran la visión. Y, aun así, su decisión fue sancionar únicamente como falta, sin mostrar ninguna tarjeta.

Ni amarilla, ni mucho menos roja.

Estamos ante una acción que, según el reglamento, se clasifica como conducta violenta: uso deliberado del codo, impacto en el rostro y riesgo claro para la integridad física de la rival. No es un incidente menor ni un contacto habitual del juego. Es una agresión que, en cualquier competición de alto nivel, debería ser sancionada con una tarjeta roja directa.

¿Hay VAR en la Copa del Rey Femenina?

En la Copa del Rey femenina no se utiliza el VAR tradicional, pero sí se ha implementado el sistema FVS (Football Video Support), una herramienta de apoyo arbitral que se ha introducido esta temporada. Más allá de si se utilizó o no, o si los equipos tenían opciones de solicitud disponibles, lo realmente preocupante es que una acción de esta magnitud no fuera detectada ni sancionada en directo.

Y aquí se plantea el verdadero debate. No se trata de culpar a un equipo ni de avivar rivalidades. Se trata de exigir un estándar mínimo de calidad arbitral en partidos de alto nivel. Un Real Madrid – Barcelona de Copa del Rey femenina es uno de los eventos más destacados del calendario nacional, y no puede permitirse que una agresión tan evidente quede sin respuesta.

El arbitraje femenino ha avanzado, pero este tipo de situaciones evidencian que el nivel global aún no es el adecuado. Existen árbitras con un rendimiento excelente, pero también se presentan situaciones que reflejan carencias preocupantes.

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