La celebración de Mbappé | Reporte de La Tribuna de Ciudad Real


Roberto Morales (EFE) Xabi Alonso cumplió su promesa el pasado sábado contra el Valencia (4-0). No hubo «represalias» contra Vinícius Júnior, quien fue titular ante el equipo levantino, y tampoco se sintió el castigo de la afición del Santiago Bernabéu, que estaba motivada para ganarse su perdón, pero que desafortunadamente falló en la definición, incluyendo un penalti que dejó Kylian Mbappé, quien atraviesa su mejor momento con ocho jornadas seguidas marcando en LaLiga después de haber entregado su primera Bota de Oro a los aficionados de Chamartín.

Estos son logros que solo han conseguido unos pocos, leyendas de la entidad merengue. El primero fue Ferenc Puskás, en 1960, marcando 11 goles en ocho partidos consecutivos en la competición doméstica. Más reciente es el récord de Cristiano Ronaldo, un goleador insaciable. Primero igualó a Puskás en 2014, cuando anotó nueve goles en ocho encuentros seguidos de LaLiga.

Cuatro años más tarde, en 2018, marcó esa cifra inalcanzable a la que se aproxima Mbappé poco a poco. El astro portugués logró encadenar 10 jornadas sumando un total de 18 goles. El delantero francés, que solo se quedó sin marcar en un partido de la liga regular de los 11 que lleva esta temporada, frente al Mallorca, en un encuentro donde le anularon dos goles, está en la caza del atacante luso, quien aún sigue perforando redes en Arabia Saudí, vistiendo la camiseta del Al-Nassr, con el objetivo de alcanzar los 1,000 goles en su carrera profesional.

Desde entonces, Mbappé ha encontrado el fondo de la red en 10 ocasiones, logrando dobletes ante el Levante en el Ciudad de Valencia y frente al conjunto ‘che’ en el Santiago Bernabéu. También ha marcado ante los porteros de la Real Sociedad, el Espanyol, el Atlético de Madrid, el Villarreal, el Getafe y el Barcelona.

El galo está disfrutando de su mejor inicio goleador en su carrera profesional con 18 goles en 14 partidos (máximo goleador de LaLiga con 13 en 11 jornadas) y se dirige hacia su segunda Bota de Oro consecutiva después de compartir su primera con el madridismo el pasado sábado.

Delantero generoso

De nuevo, como expresó en su discurso el último viernes, el día que recibió el trofeo, extendió su éxito individual a sus compañeros, dejando claro que sin ellos nada sería posible. Se fotografió con todos en el césped, invitando incluso a los suplentes a unirse. Fue igual de generoso en el terreno de juego, buscando a Vinícius en un día especial para el brasileño.

Tras los acontecimientos en el clásico y su reacción desmesurada al cambio de Xabi Alonso, el extremo se enfrentaba a un reencuentro con su afición. Su disculpa en redes sociales resonó en la grada de la misma manera que en el vestuario con su entrenador. No hubo castigo del técnico tolosarra, quien mantuvo a Vinícius en el equipo titular y buscó reconciliación. Una suplencia que, a pesar de la excusa del compromiso de Champions de mañana contra el Liverpool en Anfield, podría haber avivado la controversia.

La afición respaldó a su jugador. Fue el segundo más aclamado, tras Mbappé, al anunciar la alineación nombre por nombre por la megafonía, con su imagen en el videomarcador y una ovación cerrada. Respondió brindando todo su esfuerzo en el campo, recuperando ese desborde que lo caracteriza y escapándose en velocidad en numerosas ocasiones. Sin embargo, le faltó precisión en la definición para marcar.

A los 10 minutos, Mbappé le ofreció un pase para anotar, pero se topó con el portero rival. Julen Agirrezabala también le negó el éxito antes del descanso, cuando el segundo penalti a favor del Real Madrid en el partido encontró la intervención del delantero francés, quien ya había logrado su doblete, cediendo el lanzamiento a su compañero. Blando y a una zona de seguridad, volvió a fallar, dejando su partido solo en esfuerzo. Sin embargo, esa acción mostró la generosidad de un delantero galo que primero piensa en el equipo y luego en sus propios goles.

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