La corta trayectoria de Xabi Alonso en el Real Madrid.
Xabi Alonso llegó con la intención de transformar al Real Madrid, imprimiéndole una modernidad que el equipo había perdido, pero se va sin pena, distante de la gloria, tras su destitución luego de la derrota en la Supercopa de España ante el Barça. Su sustituto es Álvaro Arbeloa, quien asciende del Castilla al primer equipo. El club anunció la separación de ambas partes de “mutuo acuerdo”, expresando “cariño y admiración” hacia el exentrenador.
“Iniciamos una nueva etapa llena de ilusión y emociones intensas, porque llega uno de los mejores entrenadores del mundo. El club siempre ambiciona títulos y estoy seguro de que juntos compartiremos muchas alegrías”, presentó Florentino Pérez al tolosarra el 26 de mayo de 2025. Sin embargo, el futuro que describió el dirigente estuvo muy alejado de la realidad, y solo 225 días después, el presidente tomó la decisión de prescindir del técnico de manera abrupta e inesperada. La teoría madridista que hablaba de un Madrid fortalecido tras la Supercopa, despedazada por un gol ante el eterno rival, se desvaneció de un plumazo por Florentino.
“Tengo el presentimiento de que comenzamos algo bonito”, afirmó Xabi Alonso el día de su regreso al Madrid, con “la energía necesaria para dar un impulso” que cambiara el decepcionante último año de Ancelotti. La afición merengue y la esfera mediática le otorgaron un voto de confianza en su primera experiencia en el Mundial de Clubes, respaldado por su histórica Bundesliga con el Leverkusen. Los analistas observaron más señales de crecimiento que deficiencias en un equipo que cayó contundentemente en las semifinales del nuevo torneo ante el PSG (4-0). Inclusive, algunos jugadores parecieron dejar atrás el desinterés de la temporada anterior, como Güler, para demostrar su potencial al nuevo entrenador.
El vasco no transformó la filosofía de juego del Madrid, como se evidenció en su última derrota ante el Barça
“Por supuesto que tengo una idea de cómo jugar. Quiero que el equipo transmita emoción, energía, ambición, y que logre conectar con la afición. Será esencial para que esta etapa empiece de forma positiva”, declaró Xabi Alonso en su presentación, quien se sentía capaz de convertir un conjunto predecible en una máquina de presión alta y darle “un sentido colectivo” para hacer florecer las individualidades. Sin embargo, la realidad estaba lejos de sus expectativas.
El guipuzcoano intentó implementar “un juego proactivo e impulsor”, pero su último partido como técnico del Madrid se asemejó al Mourinhismo más radical. El Madrid fue derrotado en Yida con un planteamiento ultra conservador, bien replegado atrás, esperando que Vinícius, y en última instancia Mbappé, resolviesen el encuentro. En realidad, los números, que eran aceptables para un proyecto en sus inicios (24 victorias, 4 empates y 6 derrotas), no derribaron esta etapa, sino las sensaciones que transmitió el de Tolosa, carente de carisma y las que mostró el equipo, apagadas y similares a las de la anterior temporada, sin atisbo del cambio prometido. Pocos creían en la evolución del equipo en ese tramo de la temporada, entre ellos varios jugadores, a juzgar por su rendimiento. Mbappé continuó marcando, pero Vinícius y Bellingham, entre otros, se convirtieron en sombras de lo que fueron. ¿A qué juega el Madrid?, era la pregunta más común en el entorno merengue.
Xabi Alonso da instrucciones a Vinícius durante un partido del Real Madrid.
Las ideas de Alonso comenzaron a desmoronarse cuando perdió el control sobre los jugadores. “Necesito cercanía con los futbolistas para comprender lo que está sucediendo”, afirmó en su presentación, sin saber lo que le esperaba en el vestuario. Valverde se rehusó a jugar de lateral derecho y, tras esas declaraciones, el uruguayo ocupó varios partidos en el centro del campo. Sin embargo, fue Vinícius quien más debilitó su influencia en el equipo. El triunfo en el clásico de la Liga debía marcar un punto de inflexión, pero el brasileño, tras su rabieta al ser sustituido, instauró un conflicto que lo dejó fortalecido. Los constantes gritos desde la banda pidiendo a Vinícius que se aplicara en defensa perdieron fuerza.
Alonso perdió el control del vestuario tras las rebeliones de Valverde y, especialmente, Vinícius
Finalmente, Mbappé terminó por minar la autoridad de Alonso en el plantel cuando desobedeció al técnico durante la celebración blaugrana de la Supercopa: el vasco estaba dispuesto a hacer pasillo a los campeones hasta que el francés movilizó a sus compañeros, incluido el entrenador. Esa fue la última y triste imagen en el campo de Xabi Alonso como entrenador del Real Madrid.



