La más grata derrota del Atlético en el Bernabéu.
La resaca del derbi madrileño invita a reflexiones de todo tipo, pero una cosa es indiscutible: no había forma de que el Atleti no obtuviera alguna conclusión favorable, fuera cual fuera el resultado en el Bernabéu. Si ganaban, estropearle media Liga al eterno rival siempre supone un aliciente, pero si perdían, como finalmente ocurrió, para los de Simeone el dolor sería menor que nunca, dado que, por un lado, nadie comprometía su posición en Champions y, de cara al enfrentamiento con el Barça, a los colchoneros les conviene que la Liga siga apretada, para que los de Flick no puedan rotar ni relajarse en su partido contra el Espanyol entre la ida y la vuelta de los cuartos europeos.
Tarjetas bienvenidas
El resultado resulta casi beneficioso para los intereses rojiblancos, incluyendo las tarjetas que representan sanción por acumulación para Llorente y Cardoso, quienes llegarán frescos a esa eliminatoria. Al Atleti no le iba la vida en este partido y eso se reflejó en el campo. La falta de calidad era evidente, pero dado que el Madrid estaba en necesidad, se presenció un encuentro entretenido, con goles y siempre aderezado con algo de polémica arbitral, como es habitual. La expulsión de Valverde fue justa, pero como suele ocurrir cuando un jugador vestido de blanco recibe una roja, se discute lo indiscutible, así como los regalos en defensa de Hancko y Giménez. Si te disfrazas de Santa Claus frente a un equipo que se juega un título, lo lógico es que lo aprovechen. Los atléticos no lograron aprovechar la superioridad numérica en el último cuarto de hora para igualar el marcador.
Con el paso de las temporadas, hay jugadores como Carvajal, que parecen tener licencia para hacer faltas, no solo por un claro penalti sobre Marcos Llorente, sino también por una patada flagrante a Giuliano que no debió pasar desapercibida. Con VAR o sin él, hay cosas que nunca cambian.



