La paradoja del Real Madrid.



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Es posible que dos realidades opuestas sean completamente ciertas. Por un lado, podemos decir que hay jugadores en el Real Madrid que parecen no estar del todo conscientes del valor de su profesión y del peso de su camiseta; y, al mismo tiempo, podemos sentir alegría cuando ese mismo grupo muestra esfuerzo, aunque no siempre logre imponerse ante los grandes de Europa. Así son las cosas.

Reconocer que es humano frustrarse al ver cómo el equipo se hunde contra rivales menores —particularmente por la carencia de actitud de sus jugadores— y, a su vez, entender que esos mismos futbolistas, cuando se lo proponen, son capaces de jugar a un gran nivel, es fundamental para comprender el estado actual.

Puede parecer contradictorio, pero es la verdadera situación: el Real Madrid se encuentra en una transición profunda y significativa.

Hemos pasado de tener jugadores que sentían pasión por su profesión a una generación que, aunque ha demostrado saber ganar, podría haberse acomodado demasiado pronto en su estatus de estrellas. Esto refleja en parte el declive general del fútbol y, en parte, la tendencia de algunos a creerse más de lo que realmente son, basándose en un posible potencial legendario. Yo mismo, no hace mucho, incluí a Xabi Alonso en esa categoría, creyendo que era más valiente de lo que ha sido, o que estaría más dispuesto a tomar decisiones difíciles hoy para cosechar mejores frutos mañana.

Hay encuentros que no les motiva jugar. Por increíble que parezca —tratándose de futbolistas que pertenecen a la élite solo por llevar la camiseta del Real Madrid—, muchos de los jugadores actuales responden solo ante el himno de la Champions League y poco más.

No obstante, esos matices y contradicciones son importantes. Es evidente que el equipo ha sufrido un gran descenso en su nivel de juego, y de este desastre, solo Courtois —quien se luce con una o varias paradas decisivas cada partido— y Mbappé, que sigue anotando goles, sobresalen. El resto, hasta ahora, ha dejado mucho que desear.

Hay encuentros que no les motiva jugar. Por increíble que parezca —tratándose de futbolistas que pertenecen a la élite solo por llevar la camiseta del Real Madrid—, muchos de los jugadores actuales responden solo ante el himno de la Champions League y poco más. ¿Esfuerzo? ¿Presión alta? ¿Trabajo y dedicación? Sí, pero solo a veces. Y cuando les conviene.

Mientras tanto, millones de madridistas —ya sea en Madrid, Nueva York, San José o Bogotá; en Asia e incluso en África y Oceanía— estamos destinados a sufrir cada semana. Lejos queda el Mundial de Clubes, donde se mostró la versión más reconocible de Xabi Alonso como entrenador. No tanto en el tiempo, pero aún distante en la memoria colectiva, queda aquel Clásico con momentos de buen fútbol, así como los grandes encuentros contra Valencia y Athletic. Sin embargo, la imagen desoladora contra Celta y Girona persiste, al igual que las victorias pírricas que se acumulan, hasta el punto de necesitar que Lunin se esforzara en la última jugada para evitar la prórroga ante un equipo que lucha por no descender dos categorías por debajo de la nuestra, como sucedió anteriormente en la Copa del Rey ante el Talavera de la Reina.

Y a pesar de todo. Kylian Mbappé ya suma 59 goles en un año natural, igualando el récord de su ídolo Cristiano Ronaldo; un Rodrygo Goes que parece haber superado sus problemas y comienza a devolverle la confianza a Xabi, después de haber sostenido su lugar en la rotación e incluso haberle dado oportunidades en el once inicial. Y, como hemos mencionado, el más regular y decisivo de nuestros jugadores: Courtois. Es claro que un portero tiene la tarea de detener los goles del adversario, pero que su influencia sea tan crucial —incluso en diciembre— dice mucho del mal funcionamiento colectivo del equipo.

No es habitual ganar varias Champions en poco tiempo, como lo hizo este club no hace mucho. No es normal (ni conveniente) acostumbrarse a la victoria como si fuera la norma. Pero, al mismo tiempo, no es normal el declive que ha sufrido el equipo. Es contradictorio y, a pesar de ello, ambas verdades son reales, como estamos observando en este cierre de año.

La exigencia del club —como recordó Florentino Pérez a los jugadores en la cena navideña— permanece igual. Aun si hay dudas sobre el cuerpo técnico, y aunque no esté claro qué estilo seguimos, el esfuerzo y la dedicación deben seguir siendo innegociables.

Las estrellas del equipo harían bien en darse cuenta de esto, porque, a pesar de ser superlativos y diferenciales —aunque parezca contradictorio—, no vamos a poder competir en mayo solo con Mbappé y Courtois, y probablemente no será suficiente para que el resultado final de esta temporada sea diferente al de la anterior. Dos ceros consecutivos, con métodos distintos, cuestionarían la comprensión de lo que significa ser madridista, no por parte de la afición —que apoya y cuestiona cuando es necesario—, sino por parte de unos protagonistas que han dejado a Xabi desanimado, que obligan a Courtois a realizar milagros bajo los postes y que podrían desperdiciar, una vez más, una temporada récord goleador del astro francés.

Getty Images

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