“Le guste a quien le guste, siempre será The Special One”
Álvaro Arbeloa (Salamanca, 1983) es reconocido como el mejor discípulo público de José Mourinho (Setúbal, 1963). Su mutuo aprecio se evidenció en 2016, cuando el lateral se despidió del Bernabéu en un emotivo último baile con Zidane y la 12ª Champions. «Sólo tengo palabras de gratitud. En mis 16 años como entrenador, lo tengo, sin duda, en el podium de los jugadores más importantes con los que he trabajado. Un gran jugador y un hombre excepcional«, afirmó el técnico, cuya salida dejó al ahora comandante de la nave blanca sin protección.
Arbeloa y Mourinho construyeron una amistad singular que el actual entrenador del Castilla se esfuerza por rememorar. En su presentación, tras el ascenso al primer equipo, declaró tener «a Mourinho en mí». A diferencia de Xabi Alonso, a quien también se le aplicó el término de mourinhista, del que se distanció en conferencias posteriores, su sucesor ha reivindicado su legado, incluso tras una declaración ambigua que el luso emitió en su contra.
«Lo sorprendente es ver a gente que no ha logrado nada, tomando las riendas de los clubes más grandes y con mayor responsabilidad», comentó el de Setúbal tras la derrota contra la Juventus en una Champions donde el Benfica necesita un milagro para alcanzar la repesca. No obstante, un partido de Mourinho vs. Real Madrid nunca es un encuentro ordinario. Antes de que se produjera el cambio de Xabi Alonso por Arbeloa, el portugués fue considerado como una solución temporal para revertir la decadencia de un equipo sumido en la apatía. «No cuenten conmigo para las telenovelas… Hay buenas telenovelas, pero son demasiado largas; si te pierdes uno o dos capítulos, ya no puedes seguir la historia«, afirmó el luso al ser consultado sobre esta posibilidad.
Mourinho ha querido establecer distancias con el Real Madrid sobre una secuela de una película que él asume que acabaría mal. Lo hace desde una segunda línea en el fútbol europeo, de la que no desea salir, tras haber vivido una intensa batalla contra Guardiola. Incluso Aitor Karanka, su asistente, quien le sustituyó en rueda de prensa y ahora es director de la selección en la RFEF, reconoce lo que pudo ser y no fue. «Creo que Mourinho ha tenido alguna oportunidad. Pero son cosas del fútbol que no han funcionado», admitió a Josep Pedrerol.
«Llevo a Mourinho dentro de mí»
El portugués, quien fue asistente de Robson, aunque comúnmente se le recuerde como su traductor en el Barça, nunca ha ocultado su amor por el club de Chamartín: «Siempre he sido madridista y siempre lo seré». El destino ha querido que Arbeloa deba asegurar el ‘top 8’ de la Champions frente a un mentor por el que se posicionó claramente cuando el vestuario se dividió en dos facciones irreconciliables que combatieron la tiranía de Guardiola. Lo hizo porque comprendió la presión que el portugués utilizaba para elegir a quienes consideraba válidos en una especie de darwinismo.
Una anécdota vivida en un partido contra el Sevilla ilustra esta situación. «En la primera parte siempre jugaba en su banda, pero ese día me tocó en la otra y al estar alejado del entrenador, jugué más libre. Subí seis o siete veces y en el descanso me comentó: ‘Hoy tenemos a Cafú en el equipo, ¿dónde va Cafú subiendo tantas veces?‘. La charla fue solo para mí; no era exactamente lo que esperaba de mí», expresó en una entrevista con Valentí Sanjuan sobre un entrenador al que considera «un tipo excepcional, de los que merecen la pena y que ha dejado huella en mi vida profesional y personal».
Mourinho vio en Arbeloa un jugador que, sin ser el mejor, cumplía sus instrucciones de manera excepcional. Su estilo de ser entrenador, hasta ahora, es marcadamente distinto al del portugués. Mientras que el campeón de Europa con Oporto e Inter imponía una intensa preparación a sus jugadores, uno de sus alumnos más destacados ha optado por cuidar el vestuario. «Llevo a Mourinho en mí, pero si intentara ser él, fracasaría», afirmó en su presentación como nuevo entrenador de un Real Madrid en el que intenta implantar el rock n’ roll que le transmitió el luso y que Xabi Alonso no logró perpetuar.
El Benfica – Real Madrid representa inevitablemente un regreso a las raíces del ‘mourinhismo’, aunque el actual técnico del Benfica se halle en una dimensión muy diferente a la que tenía cuando fue mentor de un Arbeloa que, aún si lo supera, seguirá expresando lo que ha repetido tras cada triunfo del portugués: «Guste o no, morirá siendo The Special One«. Ahora, el que puede ser su verdugo es el ‘Espartano’, quien deberá dejar de lado la idolatría que le liga a un entrenador que lo elevó a lo más alto para reconocerlo como un ejemplo de «Pasión, humildad y honor».



