Por qué Arbeloa es la última carta de Florentino para evitar que el Bernabéu dirija su mirada al palco.


El Real Madrid devoró a Xabi Alonso como ya hizo con Rafa Benítez y Julen Lopetegui. A pesar de que el entrenador tolosarra llegó al Santiago Bernabéu con un éxito histórico con el Bayer Leverkusen, la expectativa del fútbol rock and roll se convirtió en una balada melancólica de trompeta. Siete meses después de entusiasmar a todo el madridismo con una propuesta teórica atractiva, agresiva y capaz de extraer lo mejor de cada futbolista, la realidad resultó ser más dura.

La colección de cromos blanca nunca logró ser un equipo reconocible con una identidad clara. El técnico vasco fue destituido por razones similares a las que llevaron a Carlo Ancelotti a la salida, con la pequeña diferencia de que el preparador italiano lo ganó todo en el Real Madrid, mientras que Xabi Alonso se va con las manos vacías. El entrenador español, forjado en el mourinhismo, terminó afectado por las lesiones en defensa, sin lograr que Kylian Mbappé y Vinícius Júnior presionaran arriba y superado por la influencia de las estrellas en el vestuario.

Lejos de romper con las jerarquías establecidas como intentó hacer en el Mundial de Clubes, Xabi Alonso vivió sus últimos meses en un estado de debilidad total. Esto fue particularmente evidente cuando Vinícius Júnior se molestó durante el Clásico al ser sustituido, luego omitiendo mencionar a Xabi Alonso en su carta de disculpas al madridismo, mientras que la directiva blanca, encabezada por Florentino Pérez, se mantenía al margen para no perjudicar una renovación estancada.


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Xabi Alonso, a merced del vestuario

Otros episodios, como la inclusión de un Jude Bellingham recién recuperado de una lesión en el Metropolitano, también quedaron grabados en la memoria. Con estos antecedentes, el Real Madrid se desplomó, perdió toda la ventaja frente al Barça después de haber ganado el Clásico y actualmente está a cuatro puntos en LaLiga. A pesar de los recientes resultados positivos del equipo blanco, el descontento del Santiago Bernabéu hacia la plantilla y el técnico era palpable, con pitos incluidos, y las miradas comenzaban a dirigirse hacia el palco.

Arbeloa tendrá la oportunidad que nunca tuvo Raúl. (EFE/Javier Lizón)

El Real Madrid ganaba, aunque no convencía y los jugadores seguían cayendo como moscas. La derrota ante el Barça en la Supercopa fue el detonante definitivo para que Florentino Pérez y José Ángel Sánchez decidieran poner fin al proyecto de Xabi Alonso y arriesgar con su última carta: Álvaro Arbeloa. El hasta ahora entrenador del Real Madrid Castilla, que ya estuvo en la lista de candidatos a dirigir el club blanco durante el Mundial de Clubes, llega con las mismas virtudes que Xabi Alonso.

Pupilo de José Mourinho

Heredero del mourinhismo, un entrenador con fuerte personalidad, defensor de la meritocracia, promotor de la cantera, innovador en sus métodos, intervencionista en la dirección del juego y alguien a quien no le debería temblar el pulso para hacer cambios radicales en el vestuario si es necesario. El problema, como le ocurrió a Xabi Alonso, es que una cosa es ser un gran entrenador y otra muy diferente es ser un gran entrenador en el Real Madrid.

José Mourinho conversa con Arbeloa, Xabi Alonso y Raúl Albiol. (EFE/Javier Lizón)

El nuevo técnico blanco deberá aprender de los errores que costaron a su predecesor y gran amigo, Xabi Alonso. La plantilla del Real Madrid presenta varios déficits estructurales, como la falta de un centrocampista que tome las riendas en la construcción del juego o una defensa envejecida y plagada de lesiones. El club no tiene intención de reforzarse este invierno, pero la exigencia es máxima, y otro año en blanco podría llevar al Santiago Bernabéu a un punto de ebullición.

El Real Madrid devoró a Xabi Alonso como ya hizo con Rafa Benítez y Julen Lopetegui. Aunque el entrenador tolosarra llegó al Santiago Bernabéu con un éxito histórico con el Bayer Leverkusen bajo el brazo, la expectativa del fútbol rock and roll se convirtió en una balada melancólica de trompeta. Siete meses después de entusiasmar a todo el madridismo con una propuesta teórica atractiva, agresiva y capaz de extraer lo mejor de cada futbolista, la realidad resultó ser más dura.

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