ROBO DE RELOJES A IKER CASILLAS | Video: El delincuente se ocultó bajo una gorra del Real Madrid.
El ladrón desempeñaba funciones como vigilante jurado en la urbanización de Madrid donde residen Sara Carbonero y sus hijos. Su esposa era la asistenta de la familia de la presentadora de televisión y también se encargaba de limpiar la casa de Iker Casillas. El pasado 16 de octubre, el exfutbolista informó que alguien había sustraído cinco relojes de lujo de su hogar, reemplazándolos por otros mucho más económicos y comunes.
La investigación de la UDEV Central de la Policía Nacional, conocida como operación Santo, reveló poco después que el vigilante jurado, un español llamado Juan Carlos, había visitado varias tiendas de compraventa de oro en Madrid para vender dos de los relojes de Casillas. En una de ellas, le pagaron 18.000 euros por uno de ellos.
Venderlo por piezas
El 17 de octubre, el ladrón actuando como vigilante se presentó en una tienda en el barrio madrileño de Aluche. Allí fue captado por las cámaras de seguridad del establecimiento, como se puede ver en las imágenes proporcionadas por el canal de investigación y sucesos de Prensa Ibérica. En esta ocasión llevaba uno de los relojes, de oro, con la intención de venderlo por piezas.
Las grabaciones muestran al vigilante, a quien no se le distingue el rostro debido a que lleva una gorra del Real Madrid, observando atentamente el trabajo de las dos empleadas de la tienda de compraventa de oro. Espera en el mostrador a que una de ellas limpie y revise las piezas de oro que le ha retirado del reloj para que posteriormente las pesen, evalúen y le paguen. Finalmente le ofrecerán 8.000 euros por esas piezas de oro.
Exculpa a su mujer
La Policía recuperó los dos relojes. Faltan otros tres que supuestamente el vigilante ya había cambiado. El hombre niega haber tomado más relojes y se ha declarado culpable de haber cambiado solamente esos dos.
Asimismo, también ha exculpado a su esposa, una ciudadana paraguaya que había estado trabajando para Carbonero y Casillas durante casi siete años. Cuando la policía los arrestó, ambos ya habían comprado billetes de avión para pasar un par de semanas de vacaciones en Sudamérica.



