San Genaro de Pichi Mahuida, el Atlético de Madrid de La Pampa en la Liga del Oeste.
El cierre de la Ruta Provincial 11 puede parecer monótono. Desde Cuchillo Có hacia el sur se extienden unos 70 kilómetros de ripio que hay que atravesar para alcanzar el siguiente poblado. El trayecto, bien consolidado y bordeado por jarillas, piquillines y alpatacos, se anuncia con un último tramo desde una elevación que revela un paisaje distinto, con más tonalidades verdes, algunas construcciones y el curso del río.
Un puente carretero centenario, sustentado por pilares de cemento y hierro, que en su silencio reclama a gritos una restauración urgente de sus veredas peatonales de madera, facilita el cruce del Colorado hacia el paraje Pichi Mahuida, ya en la provincia de Río Negro.
Unas pocas casas, una capilla, una escuela, un destacamento policial, un cementerio y los restos de lo que fue un próspero pueblo ferroviario son los que mantienen en pie al primer mojón de la vecina provincia en esta área.
Del otro lado del río, en la ribera norte y aún en La Pampa, a pocos kilómetros de la planta potabilizadora que marca el inicio del acueducto del Río Colorado, se encuentra la estancia San Genaro, hogar de una extensa familia que reside en la región desde hace más de medio siglo, y que este año hará su debut en la Liga del Oeste de fútbol.
La familia y La Pampa.
«Ese es uno de los directores técnicos del equipo», señala Juanito García Gallardo a Taragüí, que está trabajando sobre un andamio. Taragüí es Santiago Riquelme, el entrenador y también el albañil de la comunidad, actualmente encargado de la construcción de una enorme iglesia. Junto al DT trabaja en la obra uno de sus futbolistas («es uno de los que más corre», aseguran) y un amigo francés al que fonéticamente llaman «Fucó», quien llegó de visita hace unos meses y ha decidido quedarse un tiempo más. «Pero no juega -aclaran-, es un poco torpe».
Según estimaciones, la construcción llevará aproximadamente tres años hasta concluir y transformará no solo la apariencia del lugar, sino también las comodidades diarias, especialmente para las masivas reuniones tradicionalistas y religiosas que se celebran regularmente en la estancia. El entrenador -también encargado de construir cada una de las casas del lugar- tiene trabajo por delante, más allá de los resultados en la cancha.
El anfitrión es Juan Carlos «Juanito» García Gallardo, uno de los siete hermanos de los García Gallardo, también conocidos como los García Llorente (su padre era García Llorente y su madre Gallardo), y que en la región son coloquialmente llamados «los gallegos», debido a sus raíces españolas. De los siete hermanos y hermanas, seis residen en la estancia San Genaro junto a todos sus hijos.
Los García Gallardo/Llorente son descendientes de una familia criolla prominente y acomodada, de inclinación carlista y tradicionalmente católica. Su bisabuelo fue Angel Gallardo, ingeniero civil y doctor en Ciencias Naturales, ex rector de la Universidad de Buenos Aires, ministro de Educación, de Relaciones Exteriores y embajador en Italia durante los gobiernos de Hipólito Irigoyen y Marcelo Torcuato de Alvear.
Su abuelo fue Luis Francisco Gallardo, hijo de Angel Gallardo y Dalmira Cantilo Ortiz Basualdo. Fascinado por los escritos de Estanislao Zeballos sobre lo que denominaban la ocupación del «desierto», Luis visitó, conoció, se enamoró y adquirió vastas extensiones de campo en las sierras de Lihué Calel. Estas hectáreas fueron posteriormente expropiadas por la provincia para la creación de la Reserva Natural, pero la familia se trasladó a otro sector de La Pampa.
La hija de Luis Francisco Gallardo, María de Jesús Gallardo Pirovano, se casó con José Ramón García Llorente, nacido en España. Tras su matrimonio, se establecieron en Sevilla, pero poco después, motivados por el amor por el campo y La Pampa de Luis Gallardo, regresaron a Argentina, compraron tierras en la zona de Pichi Mahuida, fundaron la Estancia San Genaro y allí se asentaron.
José Ramón García Llorente falleció en un accidente de tráfico en 2001, en el kilómetro 30 de la Ruta Nacional 154 (hay una cruz allí en su memoria). Junto a él viajaba el príncipe español Sixto Enrique de Borbón, su amigo, que sufría heridas de diferente gravedad en el incidente.
En San Genaro nacieron seis de los siete hermanos que hoy gestionan el establecimiento, que cuenta con varios campos, siendo la producción ganadera su actividad principal.
El mayor, José Ramón, es el único que nació en España. Es sacerdote y actualmente reside en Francia. Los otros seis -todos pampeanos-, están distribuidos en diferentes lotes o campos, trabajando junto a sus esposas e hijos mayores, muchos de los cuales estudian carreras terciarias a distancia.
Los más pequeños, de diversas edades, asisten a la escuela del establecimiento, con un sistema a distancia y con clases diarias proporcionadas por docentes contratadas (que durante la semana residen en la estancia) y por los propios padres o madres, muchos profesionales de distintas áreas.
Son casi 50 los hijos de las seis familias. Aproximadamente 20 -entre hermanos, primos y algún padre que aún se anima- juegan regularmente al fútbol, visitando a sus vecinos de Cuchillo Có (aseguran que el historial del clásico está muy parejo) o recibiendo familiares y amigos de otros lugares. Ellos son quienes, desde el 25 de abril, representarán a la Estancia San Genaro en la Liga del Oeste de fútbol que organiza el Gobierno provincial desde hace más de dos décadas.
De la escuela a la cancha.
Juanito García Gallardo no solo es uno de los responsables de administrar el establecimiento junto a sus hermanos. También es docente en la escuela y el promotor de la iniciativa de unirse este año a la Liga Municipal.
Además, es el anfitrión de la visita del subsecretario de Deportes de La Pampa, Ceferino Almudévar, quien -para dar la bienvenida al nuevo equipo- viajó a la estancia con parte de su equipo y junto al intendente de Cuchillo Có, Horacio Ledesma, amigo de los hermanos García Gallardo (con algunos creció en Pichi Mahuida) y el nexo para que San Genaro fuera incorporado al torneo de fútbol.
«Estaba dando clases, pero como venían ustedes le pedí a mi tío, que está de visita, que se haga cargo… Justo estábamos hablando de la historia de Roma», comenta Juanito al recibir a los visitantes.
El tío es Juan, profesor en la Universidad de Buenos Aires (UBA) y en la Universidad Católica Argentina (UCA), que visita periódicamente la estancia y a quien todos llaman cariñosamente «El Tío».
En la pintoresca escuela, con puertas y ventanas abiertas -muchas con una hermosa vista al río Colorado-, cursan unos 35 alumnos y alumnas de primaria. Distribuidos en pequeñas aulas, grupos de entre 5 y 10 estudiantes conversan con sus respectivas docentes y saludan respetuosamente al pasar los «forasteros».
La clase más concurrida es la de El Tío, quien narra sobre Rómulo, Remo y la Loba ante un atento silencio, tanto del alumnado como de los visitantes, que observan desde una ventana.
La jornada escolar, marcada por el sonido de la campana, culmina con los alumnos formados frente al mástil -que da a la ribera del río- cumpliendo con la ceremonia diaria de oración, que finaliza con el arriado de la Bandera Nacional Argentina.
A pesar de tener acceso a la tecnología para trabajar, comunicarse y estudiar a distancia, una de las premisas de la comunidad es que los menores no tengan teléfonos celulares. «Tememos que los libros terminen llenos de polvo», ilustra metafóricamente Juanito refiriéndose a algunas restricciones que aún se mantienen.
Locro y fútbol.
Las conversaciones sobre la incorporación de San Genaro a la Liga del Oeste se llevan a cabo en el hogar de Juanito durante la hora del almuerzo. Separada por algunos cientos de metros de la escuela, la hermosa casa se sitúa en un lugar idílico, con ventanales que dan al río y un parque que termina en la orilla del Colorado, donde un bote y algunos gomones esperan estacionados para sus navegantes habituales.
Juanito, su esposa Inés (cordobesa) y sus seis hijos se esfuerzan por hacer sentir a los visitantes como si estuvieran en casa. Las más pequeñas ofrecen un «tour guiado» por un gallinero («aunque las gallinas siempre andan sueltas», comenta un hermanito de 10) y otros atractivos de la finca; los hijos mayores terminan de preparar la mesa -en una galería con una vista impresionante- y el matrimonio le da los toques finales a un locro que poco después provoca aplausos cerrados de los comensales.
La reunión se enriquece con la presencia de Roy, un amigo francés de la familia que llegó a la estancia hace más de 25 años y decidió quedarse para siempre: junto a su esposa e hijos, están desarrollando un emprendimiento de producción de quesos. Con un español salpicado de algunas palabras francesas, y en un tono alto que resuena bajo la galería, Roy explica que el de la picada es un queso fresco que elaboran ellos, además de uno semiduro y otro para rallar. También están considerando agregar máquinas para ampliar y consolidar la producción.
A la mesa también se suman El Tío y sus imperdibles charlas sobre historia, sociedad y política: durante el almuerzo, en medio de la conversación futbolística, El Tío despliega su conocimiento en mitología, personajes y batallas legendarias para explicar quiénes deberían ser parte del equipo.
«Juanito, traje un salamín para picar algo», aparece Taragüí, el DT, y menciona que junto a los chicos con los que trabaja en la construcción de la iglesia ya hicieron una «previa» con otro chorizo similar y un piche asado a la parrilla.
A la celebración también se une Chule, otro de los hermanos, que gestiona unos campos en la zona de las sierras, entre Puelches y La Reforma. Chule es padre de 11 hijos, algunos de los cuales integran el equipo, y también él es arquero. «Seguramente seré el más viejo de la Liga», sonríe a sus 50 años.
En un abrir y cerrar de ojos, cuando el locro llega, hay más de treinta personas alrededor de la larga mesa: se unieron todos los futbolistas del equipo presentes en la estancia, Fucó (el joven galo que está de paso, ayudar del DT albañil y que asegura que su Francia ganará el Mundial 2026), hermanas, cuñadas, primas, hijos, hijas y algunos amigos que andan de visita. «Aquí siempre hay gente visitándonos», resume Juanito, quien bendice la mesa desde la cabecera antes de empezar a comer.
Entre conversaciones sobre aspectos reglamentarios del torneo, anécdotas de la Liga del Oeste relatadas por el subsecretario, bromas futbolísticas de los locales con el intendente del vecino Cuchillo Có, promesas de un «clásico a cara de perro» y constantes referencias a El Tío como una especie de «mascota distinguida» del equipo, Juanito aprovecha la ocasión para expresar su agradecimiento y presentar formalmente al nuevo plantel.
Señala a uno de los comensales como «el más corredor», a otro como «la estrella del equipo -aunque debe soltarla un poco más-«, y menciona quiénes serán «los titulares» ante la mirada complaciente del DT. «No es que quiera armar el equipo», aclara sonriendo al ser advertido por la situación. «Lo que pasa es que no somos muchos más», se sincera.
«Creemos que este es nuestro año para participar porque contamos con 17 jugadores entre hermanos y primos con la edad adecuada para jugar, todos pampeanos y que viven en el campo. No es fácil porque los jóvenes se trasladan a estudiar a cierta edad, pero este año tenemos el plantel para afrontar el desafío», explica Juanito, destacando que contarán con refuerzos de parientes, amigos y conocidos que residen en localidades cercanas (también un primo -presente en el almuerzo- que vive en Buenos Aires) y que los visitan regularmente en la estancia.
El ‘Aleti’.
En la camiseta que utilizará San Genaro destaca la figura de un antiguo caldén que se encuentra en el patio delantero de la escuela. En ese árbol, con un horcón que sirve de soporte para formar un arco, los chicos jugaron durante años en los recreos y sentaron las bases futbolísticas del actual equipo de Primera División que se prepara para la Liga del Oeste.
¿Cómo será la casaca? Similar a la del Atlético de Madrid, un club que tiene una histórica relación con futbolistas y entrenadores argentinos, y que actualmente destaca por la prominente presencia albiceleste.
Y cuyos inicios, en los primeros años del siglo pasado, están directamente vinculados al tradicional club español y al flamante equipo que este año debutará en la Liga del Oeste de La Pampa: el abuelo de los siete hermanos que administran la estancia San Genaro -bisabuelo de los hermanos y primos que conforman el equipo- fue Hermenegildo García Verde, fundador y primer futbolista argentino en jugar para el Atlético de Madrid.
«Como nietos del fundador del club, nos pusimos en contacto con ellos (la directiva del Atlético de Madrid) para poder usar su camiseta, a la que le añadiremos el escudo de la estancia. Todo en homenaje a Hermenegildo», detalla Juanito.
Nacido en Argentina, Hermenegildo García Verde se crió desde niño en España (su padre era originario de la provincia de Soria), donde se destacó como artista (pintura) y como deportista.
Fue futbolista del Athletic Club de Bilbao (donde residían) y, como integrante de esa institución, formó parte de la fundación del Atlético de Madrid, creado en 1903 por estudiantes vascos en Madrid como una sucursal del club bilbaíno.
Unos años después, en 1907, el ‘Aleti’ de Madrid se independizó del de Bilbao, y en esa primera comisión Hermenegildo García Verde fue su contador. En 1909 se convirtió en el primer argentino en jugar para el Aleti, comenzando una larga tradición de futbolistas albicelestes en el Colchonero.
Hermenegildo García Verde se casó con Genara Llorente Labrué y uno de sus hijos fue José Ramón García Llorente, fundador de la Estancia San Genaro (el nombre es un homenaje a su madre), padre de los siete hermanos que actualmente gestionan el establecimiento y abuelo de la base de futbolistas que, desde el 25 de abril, comenzarán a lucir los colores del Atlético de Madrid en las canchas del oeste y sudoeste de La Pampa.
Una carta que movilizó a todos.
La participación de San Genaro de Pichi Mahuida en la Liga del Oeste 2026 fue promovida por el intendente de Cuchillo Có, Horacio Ledesma, consciente de la historia y el presente de los García Gallardo/Llorente, y respaldada por el resto de los jefes comunales y delegados de los equipos participantes.
San Genaro se unirá a un campeonato en el que también competirán Puelches, La Reforma, Gobernador Duval, Cuchillo Có y Chacharramendi en su zona; Alta Gracia de 25 de Mayo, Puelén, Algarrobo del Aguila, La Humada y Santa Isabel en la otra.
Como presentación, y con la intención de solicitar su incorporación a la Liga del Oeste, Juanito García Gallardo, delegado del nuevo equipo, redactó una emotiva carta dirigida al resto de los participantes y organizadores, en la que resaltó el honor que significará sumarse a este torneo:
«Estimados señores responsables de la Liga Municipal:
Nuestra querida provincia es sin duda dueña de una geografía de horizontes y soledades.
Preciosas líneas imperceptibles separan inmensos cielos e interminables llanuras.
Al sur, en la margen norte del Río Colorado, frontera natural con la manzanera Río Negro, terminan la ruta 13, y la 11. Ambas provinciales, y de tierra.
Una de ellas, la 11, concluye en un viejo y destartalado puente, con enormes y peligrosos agujeros por los que se ve el caudaloso río pasar entre piedras.
Del otro lado, aguarda el paraje Pichi Mahuida. Donde viven 5 personas. Ninguna de ellas de modo permanente.
Pero antes del puente, en La Pampa, sin abandonar el departamento Lihué Calel (el más despoblado de la Argentina continental…) se encuentra la estancia San Genaro.
Allí se establecieron mis padres, hace 60 años, luego de entregar lo que hoy es el Parque Nacional Lihué Calel.
Y allí nacimos todos sus hijos (claro que los nacimientos se realizaban en el pueblo, por razones de médicos).
Nuestros padres soñaban con vivir y criar a sus hijos en el campo. Y que ellos amaran a su tierra. Con un amor único, similar al que se le tiene a una madre. Porque es nuestra y esto la hace única. Esta realidad nos obliga, ante ella, con un deber civilizador. Al fin y al cabo es un pedazo de Patria que debemos cuidar.
Sus hijos nos casamos. Y llegaron sus nietos. Que hoy son casi 50…
Gracias a la generosidad de la comuna de Cuchillo Có (nuestro pueblo más cercano, a 67 kilómetros de ripio) hemos dado en la ilusión de participar del torneo que organizan.
No contamos con cancha propia, pero Cuchillo Có supliría esta falta.
Somos 17 los hijos y nietos de esta familia que participarían.
Todos viven en La Pampa, en el lote 12 y lote 8. En el campo.
En caso de que nos autoricen, completaríamos con algún refuerzo de gente de los pueblos cercanos, o amigos de algún lugar más alejado.
Imagino que la ganancia para nosotros será la interacción con personas desconocidas y pampeanas, y el ánimo que reciban estos chicos que, al fin y al cabo, están en una zona tan solitaria, que evidentemente terminan realizando, de algún modo, un acto de servicio a La Patria.
Ignoro si en los partidos perderemos por mucho o por poco. Pero pueden estar tranquilos que sabremos disfrutar y reírnos, tanto si la suerte es favorable como si resulta adversa.
Quedo a la espera de una respuesta, con la esperanza de que sea favorable.
Un abrazo a todos.
Atentamente:
Juanito García Gallardo».


