¡Sin dudas en las estadísticas no hay competencia! Serge Gnabry desafía a Nagelsmann y Kompany junto a Jamal Musiala.


Diversos factores resultaron clave. Gnabry se aprovechó de las contrataciones arriesgadas del verano y, al inicio de la temporada, consiguió la titularidad casi sin esfuerzo. Tras las marchas de Leroy Sané, Kingsley Coman y Thomas Müller, y la seria lesión de Jamal Musiala en el Mundial de Clubes, solo llegó un nuevo delantero: Luis Díaz. Además, el joven Lennart Karl se ganó la confianza como suplente de Michael Olise en la banda derecha. 

Gnabry tomó el rol de “diez” y respondió exitosamente: marcó o asistió en los primeros cinco partidos, algo que algunos consideraron puro azar, pero él continuó rindiendo. El jugador de 30 años mantuvo su buen nivel, reafirmó su lugar como titular e incluso firmó en febrero un nuevo contrato de dos años, aunque con un salario algo menor. Todo esto mientras a Leon Goretzka no se le ofreció una prolongación. 

«Serge Gnabry ha evolucionado con el Bayern y es un pilar del equipo, tanto dentro como fuera del terreno de juego», resaltó el director deportivo Max Eberl. Además, apenas se perdió cuatro partidos por lesiones esta temporada; en otras cuatro ocasiones no jugó por gestión de carga. Esto contrasta con sus 20 ausencias por diversos motivos en los cinco años previos, que le hicieron perderse 65 partidos con el club y la selección. 

Fuera del campo, su nueva cinta blanca en el pelo sustituyó a los atuendos llamativos. Bajo la dirección de Vincent Kompany, Gnabry se reinventó. En su primera temporada, el belga lo utilizó principalmente como extremo; solo en la fase final, cuando el título ya era una cuestión de números, jugó en el centro. También fue utilizado como extremo en la eliminación en cuartos de la Champions ante el Inter. 

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