Un segundo cuarto destructivo decide el Clásico.
El Clásico prometía ser parejo, pero solo lo fue durante diez minutos. Luego, el partido se rompió sin remedio. El Real Madrid conquistó el Palau Blaugrana (76-95) con una autoridad indiscutible, convirtiendo un enfrentamiento de máxima rivalidad en un ejercicio de superioridad sostenida. Lo que comenzó como un duelo táctico terminó siendo un monólogo blanco que reafirma su dominio en la Liga Endesa.
El Barça inició la competición con fuerza, incluso cerró el primer cuarto por delante (18-15), respaldado por la energía de Vesely y algunas jugadas interiores bien ejecutadas. Sin embargo, todo se desmoronó en el segundo cuarto, un huracán madridista que definió el partido. El parcial de 15-36, con un acierto exterior casi perfecto (8 de 9 en triples), dejó sin respuestas a los azulgranas y abrió una brecha imposible de cerrar.
En ese momento emergió el repertorio coral del Madrid. Facundo Campazzo dirigió con claridad (15 puntos), Mario Hezonja castigó desde el perímetro y Gabriele Procida aportó frescura y puntos desde el banquillo. Todo bajo el dominio interior de Walter Tavares, que condicionó cada ataque del Barça. El equipo blanco jugaba a placer, imponiendo ritmo, rebote y eficacia, mientras el conjunto local se atascaba en ataque, especialmente desde el triple (9/27), sin encontrar soluciones colectivas.
La segunda mitad fue más una gestión que una reacción. El Barça mostró orgullo, con destellos de Willy Hernangómez y Brizuela, pero nunca logró acercarse de verdad en el marcador. El Madrid, sólido y maduro, administró la ventaja sin sobresaltos, consciente de que el trabajo ya estaba hecho. Incluso pudo haber sido una derrota más dura para los azulgranas, que llegaron a verse muy superados.
El resultado no solo deja una victoria: dibuja una tendencia. El Madrid consolida el liderato y refuerza su dominio reciente en los Clásicos, mientras el Barça evidencia dudas profundas, tanto en su juego como en su capacidad de competir ante su gran rival. En el Palau, esta vez, no hubo batalla: solo una demostración de fuerza.



