A una hora del núcleo urbano.


En el núcleo de la Sierra Norte, donde Madrid se encuentra con Guadalajara, se levanta una monumental estructura de piedra que parece guardar un misterio del pasado. El Pontón de la Oliva no es únicamente un muro de contención; es un testimonio vivo de una época en la que Madrid, con poco más de 200.000 habitantes, luchaba por conseguir agua de calidad.

Inaugurado por la propia Isabel II en 1858, esta maravilla de la ingeniería hidráulica es hoy uno de los destinos más impresionantes para quienes buscan una escapada que combine historia épica y naturaleza salvaje, a tan solo 60 minutos del centro de la ciudad.

El sueño «a lo romano» que transformó Madrid

En la mitad del siglo XIX, la capital dependía de aguadores y fuentes que no eran suficientes. Para abordar este problema, los ingenieros Juan Rafo y Juan de Ribera idearon un proyecto ambicioso inspirado en los grandes acueductos romanos. El Pontón de la Oliva fue la pieza clave: una presa de 27 metros de altura diseñada para embalsar el río Lozoya y canalizarlo a lo largo de 77 kilómetros hasta Madrid.

Madrid El Pontón de la Oliva antes de la construcción de la presa.

No obstante, el destino guardaba una sorpresa. A pesar de su imponente estructura de sillería, la presa experimentó filtraciones en su cimentación casi desde el inicio. El agua se escapaba por el terreno, lo que obligó a buscar alternativas como la presa de Navarejos y, más tarde, el embalse de El Villar. Este «defecto» técnico permitió que el Pontón se retirara pronto, conservando su estética decimonónica intacta hasta la actualidad.

Senderismo y adrenalina en un escenario de película

Hoy, lo que alguna vez fue un desafío de ingeniería es un paraíso para el ocio. Caminar por su coronación, de casi 73 metros de largo, ofrece una vista única de la garganta del cerro de la Oliva. Pero el Pontón no es solo para pasear:

  • Escalada: sus paredes verticales de piedra caliza son reconocidas en toda España, atrayendo a escaladores que desafían la gravedad en un entorno de postal.
  • Senderismo: las rutas que comienzan desde la presa permiten conocer el patrimonio industrial del Canal de Isabel II mientras se disfruta del aire puro de la Sierra de Ayllón.
  • Patrimonio: la estructura sigue siendo un ejemplo pionero de cómo la arquitectura del XIX transformó el paisaje madrileño para siempre.

Una visita imprescindible para quienes deseen descubrir que, más allá de la M-30, Madrid esconde lugares que nada tienen que envidiar a los escenarios de una gran producción histórica.

Start typing and press Enter to search