«Aprenden todo de memoria, aquí la disciplina es estricta»
Mientras un grupo de niños se divierte jugando al fútbol en el parque tras salir del colegio, otros chicos se acercan a la sede de la Orquesta y Coro de la Comunidad de Madrid (Orcam) para entretenerse de otra manera. Son los pequeños cantores de esta fundación … y se reúnen cada tarde para estudiar y ensayar diversos proyectos en los que participan, como la ópera ‘Sueño de una noche de verano’ en el Teatro Real. «Hoy es un día inusual porque generalmente dividimos la tarde en tres horas y en dos grupos, ya que debemos preparar actividades a corto, medio y largo plazo. Estamos trabajando en un proyecto en el Auditorio Nacional, además de los eventos en el Real, un concierto que tenemos en el Real Retiro en abril y otro en mayo con un coro de Mónaco», asegura a ABC Ana González, la directora de este conjunto desde su fundación en 2010.
Los niños ya están sentados en sus sillas. Puntualmente, comienzan el ensayo con ejercicios de calentamiento. La directora, quien lleva dieciséis años al mando de este conjunto, lanza las indicaciones. Hay niños de todas las edades, desde seis hasta dieciséis años. Este es su ritual semanal. «Si tuviera que destacar algo que caracteriza a este coro, diría que es la disciplina, porque es indispensable. Tenemos una política muy estricta respecto a los ensayos. Nos enfocamos en la concentración y la atención, que son aspectos diferentes. También es importante mencionar que no trabajamos con partituras: todo se aprende de oído y de memoria. La disciplina es firme. Sin ella, no alcanzaríamos los niveles en los que estamos », confiesa la directora. Sus integrantes lo saben bien, y son conscientes de que el esfuerzo es parte fundamental de este coro, que es el coro titular infantil del Teatro Real. «No creo que todos puedan entrar al coro, porque se requieren cosas como el talento, la concentración… Es exigente», comenta Luca, de nueve años.
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CRÍTICA DE ÓPERA
Alberto González Lapuente
Los chicos del coro suben y bajan los brazos, realizan ejercicios de respiración y afinación sobre las notas de un piano, mientras su directora les corrige. Un rezagado entra en el aula y deja su mochila en el suelo. Actualmente, el coro está en fase de audiciones para seleccionar nuevos cantores que deseen unirse a esta familia. «Cuando llevamos a cabo estas pruebas, lo único que evaluamos es el oído, ya que es lo más esencial, que la voz esté sana, porque en algunos casos hay que enviarlos al otorrino. Les pedimos que canten lo que quieran, y luego yo trabajo diez minutos con ellos para ver si son rápidos, si comprenden todo, si tienen memoria y ritmo. Con una voz clara, muy buen oído y rapidez, porque vamos a una velocidad de crucero moderada», confiesa la directora.
«No creo que todos puedan entrar al coro, porque se necesitan cualidades como el talento, la concentración… Es exigente»
Algunos, como Ana, recuerdan su audición hace tres años. «Me da un poco de vergüenza contarlo, pero comencé a cantar el ‘waka-waka’ de Shakira, te lo aseguro. Los demás cantaban muy bien y pensé: ‘aquí me he quedado, no pasa nada’. Tenía miedo de que me preguntaran sobre la parte en africano, estaba muy nerviosa, pero finalmente me aceptaron», relata esta joven cantante de once años entre risas.
La concentración se siente en el ambiente. Al entrar al local de ensayo, los niños han dejado sus teléfonos móviles en una cesta. Es la primera regla que aprenden al unirse al coro. Esta decisión, tomada por la directora hace años, considera que es crucial para mantener la atención en cada directriz y concentrarse por completo. «Hay mucho menos enfoque en general. Las distracciones son numerosas, como el móvil o el ordenador… Tienen múltiples intereses, y esto no solo les afecta a ellos, sino que es un tema social. En el colegio les permiten tener móviles, pero aquí no, porque es fundamental mantener la concentración», señala la directora.
Varias pequeñas cantoras, en un momento del ensayo.
(Tania Sieira)
Parece que estos niños son diferentes. Mientras sus compañeros del colegio tienen toda la tarde para hacer tareas, estos chicos utilizan los espacios entre ensayos para cumplir con sus deberes. También para estudiar y avanzar en el trabajo escolar. «Pero me va bien, es divertido», ríe Sofía, de 14 años. Su directora reconoce que estos jóvenes son buenos estudiantes, porque de lo contrario sería complicado encajar todas las piezas.
Además, todo esto lo combinan con viajes. A lo largo de los años, han tenido la oportunidad de cantar en los mejores auditorios, han sido invitados por los Pueri Cantores del Veneto para actuar en ‘PaduayVenecia’, han acompañado a los Niños Cantores de Viena en el Auditorio Nacional y fueron invitados por el Teatro de la Ópera de Viena para celebrar el 25º aniversario de su coro infantil. «Formar parte de los pequeños cantores de la Orcam les brinda innumerables oportunidades y les enriquece, se vuelven más cultos. El haber estudiado canto durante varios años deja una huella que, normalmente, no se desvanece», indica la directora.
Para el consejero de Cultura de la Comunidad de Madrid, Mariano de Paco, apoyar la «labor educativa» de los pequeños cantores de la Orcam es un «compromiso con el talento», ya que «combinan formación, disciplina y oportunidades reales para que niños y jóvenes desarrollen su vocación artística».
«No trabajamos con partituras: todo lo aprenden de oído y de memoria. La disciplina es firme; sin ella, no llegaríamos al nivel en el que estamos»
Ana González
Directora de jóvenes cantores de la Orcam
Sin duda, lo que distingue a estos niños es su capacidad de cambiar de registro de manera excepcionalmente rápida. Pasan de ensayar la obra del Real de Benjamin Britten a ‘Desde Otello’ de Verdi o la ‘Pasión según San Mateo’ de Bach en cuestión de segundos. No obstante, esto no se logra en una sola tarde. «Para ellos, todo es inmediato, pero esto requiere de mucha paciencia. Hay cosas que preparamos para esta semana y otras para dentro de varios meses. Desde inicios de curso estamos preparando algo para junio, y esto exige paciencia, algo que a veces no manejan bien. Esto está sucediendo en toda Europa. Antes había lista de espera para unirse al coro, y ahora no la hay. Ya no se realizan operaciones sistemáticas manuales ni de memoria, todo se puede hacer con máquinas; aquí, en cambio, el trabajo es con paciencia, calma y con una visión a largo plazo», confiesa su directora.
Lo que Ana González repite constantemente es que ser parte del coro de pequeños cantores de la Orcam no es obligatorio. Son conscientes de ello y, precisamente por eso, estos pequeños invitan a otros a unirse a esta familia, como Sofía, quien lleva años en el coro. «Yo les diría a esos niños que se sienten inseguros al acercarse aquí que no tengan miedo, porque siempre serán acogidos increíblemente bien y la experiencia que se llevarán será asombrosa».



