Ayuso posiciona a Madrid como una opción viable y sólida ante el «vacío» de Sánchez.


Isabel Díaz Ayuso no se detuvo a divagar al iniciar el Debate sobre el estado de la región. La presidenta de la Comunidad comenzó su discurso parlamentario más relevante del año con todo el arsenal político contra su principal rival, quien no es uno de los que se sientan en el hemiciclo e intentan desgastarla con poco éxito: «Pedro Sánchez no tiene otro proyecto que sobrevivir en La Moncloa a cualquier precio. La realidad es que España se enfrenta a un abismo sin precedentes en la democracia», declaró Ayuso.

No dejó nada sin comentar: arremetió contra Sánchez por la reducción de deuda, por los pactos con sus socios, por el desorden en la inmigración, por sus alianzas internacionales, por su «antisemitismo», por la política de vivienda y por su política energética, entre una extensa lista de temas. Concluyó que estamos ante «el peor Gobierno de la democracia» y, en respuesta, reivindicó la Comunidad de Madrid hasta en cuatro ocasiones como una «alternativa» confiable, eficaz, leal y capaz de evitar que España se precipite.

Prácticamente no hubo respiro en su crítica total al sanchismo: «Solo es oscuridad», dijo de manera inquietante. En la tribuna de invitados, justo enfrente de ella, se encontraba el delegado del Gobierno, que tuvo que soportar, digerir y asimilar todas las críticas de Ayuso a su líder sin inmutarse, sin poder mostrar desagrado. Esperanza Aguirre, sentada muy cerca de él, claramente disfrutaba al escuchar a quien considera la mejor presidenta que ha tenido Madrid. Joaquín Leguina, a su lado, observó cómo Ayuso intentaba meter en un aprieto a los diputados socialistas al instarlos a elegir entre el socialismo que él representa y el del sanchismo. Dentro de los 27 diputados socialistas hay algunas dudas.

Ahí estaban, por ejemplo, Juan Lobato y algunos de sus más leales de antaño. En el Grupo Socialista hay quien no comprende, por ejemplo, que Óscar López no quisiera asistir al debate ayer en la Asamblea. Teóricamente, desea ser el próximo presidente de la Comunidad, pero por ahora no parece muy cómodo en sus instituciones. En las redes sociales es distinto. Ayer, por ejemplo, comenzó el día exigiendo, nuevamente, la dimisión de Ayuso, esta vez por unos audios de la inspectora fiscal de su novio, que mencionaron un supuesto fraude. La izquierda se aferró a esto como un salvavidas, pero, al mismo tiempo, se sintió profundamente decepcionada porque Ayuso hizo caso omiso. «¿Existe inquietud en la presidenta?», preguntó un periodista a su círculo más cercano. La sonrisa que recibió en respuesta lo dijo todo: «¿Inquietud? Cero».

Sin menciones a la fruta

Cerca de una treintena de alcaldes también estuvieron presentes en la Asamblea en esta primera jornada del Debate de la región. Entre ellos, el de Madrid, José Luis Martínez-Almeida, el de Móstoles, Manuel Bautista, y la de Alcalá de Henares, Judith Piquet. Las tres ciudades más grandes de la región. Otra visita destacada en Vallecas fue la del secretario general del PP, Miguel Tellado, quien ingresó a última hora en la reunión interna del Grupo Popular, justo antes del debate, para brindarles su apoyo.

El discurso de Ayuso superó las dos horas. No mencionó para nada su conocido gusto por la fruta, pero en realidad eso fue lo único que le faltó en su retrato del sanchismo. La presidenta fue especialmente firme al cuestionar la eliminación de deuda acordada por el PSOE y ERC y su «conexión perversa» con el cupo catalán: «Se absorbe una deuda autonómica por parte de la Administración General del Estado y, acto seguido, se saca a Cataluña del régimen común con el cupo, dejando de contribuir al sistema general. Absorbemos su deuda y, a continuación, se retiran del sistema de financiación», alertó.

Por eso, sostiene que hoy en día nada amenaza «con ser más perjudicial para la Comunidad de Madrid y para España» que el cupo catalán y la condonación de la deuda. «El cupo acarrearía pérdidas insostenibles para los madrileños. Implica premiar el déficit público y es lo más insolidario con las nuevas generaciones».

La conclusión fue clara: el Gobierno de la Comunidad de Madrid no va a solicitar «la mal llamada quita de la deuda autonómica». «Usará todos los recursos a su alcance para que una normativa ilegal aumente la lista de fracasos de Pedro Sánchez».

Más munición contra el Gobierno: la inmigración irregular. «La inmigración no puede ser masiva e ilegal. El Gobierno carece de planificación y, a estas alturas, es evidente que sabe del daño que esto está causando», advirtió. Relacionó la inmigración irregular con el miedo por la inseguridad que se está propagando en algunos municipios: «Nadie, ni mujeres ni jóvenes, puede sentirse inseguro viviendo en esta región alegre y animada. Ni se pueden tensar los servicios públicos o socavar la convivencia porque el Gobierno no realiza su trabajo».

El dardo al delegado

Justo ahí lanzó un dardo envenenado al delegado, que permanecía impasible: «Y nos falla el delegado del Gobierno, que es un activista político más inclinado a insultar cada vez que planteamos los problemas que nos están ocasionando».

Ayuso exigió al Gobierno el cierre inmediato de «los tres macrocampamentos que ha establecido en Madrid con nocturnidad y alevosía». Se refería a los de Alcalá de Henares, Campamento y Pozuelo.

Ayuso aportó algunos datos para ilustrar el alcance del problema: desde que Sánchez es presidente, la Comunidad de Madrid ha atendido a más de 11.000 menores extranjeros. Solo en lo que va de 2025 ya son más de 1.300, «sin mencionar el aeropuerto y los macrocampamentos». Además, ha solicitado a la Delegación del Gobierno el retorno de 46 menores a sus países de origen por la imposibilidad de adaptación.

En esas más de dos horas de discurso, la presidenta repasó las respuestas de su Gobierno a algunas de las «medidas ideológicas» de Sánchez. Por ejemplo, respecto a los pactos con sus socios: «No permitiremos que los madrileños financien los privilegios de los políticos independentistas ni de nadie». Sobre la reducción de la jornada laboral: «Estamos en contra de reducir la jornada laboral a espaldas de las empresas que arriesgan todo su patrimonio familiar para crear empleos. Por eso lo hacen». Sobre la placa en Sol: «No permitiremos que ensucien el buen nombre e instrumentalicen la Real Casa de Correos». Y en general sobre las leyes ideológicas: «Nos opondremos a todas y cada una de las leyes que se promulguen bajo la ideología y atenten contra los madrileños, como la Ley de Vivienda o la del Sólo sí es sí».

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