Cabestreros: el hotel cápsula y la rica historia de Madrid.


La suspensión temporal del derribo del antiguo edificio del restaurante Baobab, en la calle Cabestreros de Lavapiés, invita a reflexionar sobre la conservación de la arquitectura doméstica del siglo XVII y la manera en que Madrid puede preservar los vestigios de su historia urbana.

Madrid es una ciudad compuesta por capas superpuestas. Cada siglo ha dejado su impresión en estratos consecutivos donde algunos edificios narran nuestra historia monumental mientras que otros susurran sobre lo cotidiano: el Madrid de la costumbre, que no destaca por su brillo, sino por ser una ciudad vivida. La esquina de Cabestreros 1, en Lavapiés, pertenece a la segunda categoría, la de la arquitectura doméstica de los caserones del siglo XVII que son esenciales para seguir el hilo narrativo de la Villa. Y es aquí donde el plan de derribar este inmueble -antigua sede del restaurante Baobab- para construir un moderno hotel cápsula ha desatado la polémica.

Circunstancias personales me han llevado a recorrer Lavapiés con frecuencia. A quienes lo conocen solo de oídas o de paso, les comento que se trata de uno de los pocos barrios de la ciudad donde es posible regresar al pasado sin artificios ni adornos. Esto es evidente en sus calles estrechas e irregulares, en las parcelas mil veces fragmentadas y en las icónicas corralas, que, por fortuna, aún se mantienen en pie. Son, en definitiva, lugares que reflejan un Madrid casi intacto en su espíritu de pueblo.

Distribución de los edificios en torno a la Plaza de Nelson Mandela

¿Qué representa Cabestreros 1 en este mosaico? La arquitectura tradicional de Madrid extramuros, de los arrabales, de lo castizo y de la vecindad popular. Eso es lo que defienden, con investigaciones en mano, el concejal socialista Antonio Giraldo y su equipo, quienes han alzado la voz hasta conseguir que el mismo alcalde, José Luis Martínez Almeida, detuviese el derribo. Sin embargo, la historia tiene matices.

El entorno de Nelson Mandela

Para empezar, el caserón de Cabestreros había sido parte del paisaje sin que casi nadie se fijara en él hasta ahora, al igual que los ‘manolos’ y las ‘manolas’ -los residentes en Lavapiés- se camuflan entre el resto de los madrileños. La esquina ha permanecido, como la plaza donde se encuentra, de espaldas a las administraciones y a una parte de sus habitantes, abandonada y vandalizada durante años. Para quien no conozca esta parte de Madrid, puede ubicarla gracias a ‘La Quimera’, famoso edificio ocupado durante muchos años al que aún no se le ha encontrado solución y que figura en el alzado de la Plaza de Nelson Mandela.

Regresando a Cabestreros 1, cualquiera podría pensar al principio que nadie había puesto atención en él, pero no es así. Por un lado, Madrid tiene ‘catalogados’ todos los edificios de su centro histórico. Por otro lado, desde el área de Urbanismo del Ayuntamiento aclaran que la Comisión para la Protección del Patrimonio ya lo examinó en el año 2020, autorizando la demolición y la licencia del futuro hotel porque los técnicos concluyeron que no había elementos que proteger.

Comprendiendo que el nuevo proyecto cumple con la normativa y que el planeamiento urbanístico permite continuar con su sustitución, hay que mencionar que Cabestreros 1 no pertenece por apenas 5 metros al Conjunto Histórico Villa de Madrid, Cerca y Arrabal de Felipe II, cuyo límite alcanza justo hasta la acera de enfrente. Estar dentro de esta zona especial le conferiría una protección urbanística adicional que impediría su modificación, como ocurre con algunos edificios vecinos. A pesar de esto, es cuestionable que en ciudades de la magnitud de Madrid parezca inevitable -aunque no debería serlo- que piezas que podrían ser relevantes para el patrimonio pasen desapercibidas durante décadas.

Proyecto del hotel cápsula para Cabestreros 1 y 3 (Urbex)

Esto nos lleva al centro del debate: no estamos ante una infracción ni ante un desmantelamiento abrupto, sino ante una reflexión acerca de si la ley y los recursos actuales son suficientes para identificar y preservar lo que puede añadir valor a la ciudad. Precisamente por ello, el Consistorio ha detenido las obras de forma preventiva y ha solicitado al área de Patrimonio de la Comunidad de Madrid que evalúe si el edificio tiene algún valor cultural que deba ser protegido. Veremos, entonces, si este edificio es considerado valioso por la Administración -y para todos- o no.

Del inmovilismo al desarrollo

Por mi profesión, tengo un conocimiento profundo de Cabestreros 1. No es la primera vez que un promotor intenta darle un nuevo uso o transformarlo en otra cosa. Su relevancia no radica en una singularidad arquitectónica extrema, sino en cómo refleja la evolución de las formas de construir y de vivir que ha experimentado Madrid. Es una arquitectura de gestos simples, patios, alturas moderadas y pequeños balcones, pero eficiente. Por ello, puedo afirmar, como he defendido en repetidas ocasiones, que conservar edificios solo por conservarlos, mientras se deslizan hacia la ruina, es un gran absurdo. Otra cuestión es mantener la trama urbana de la ciudad, que nos permita leer cómo ha evolucionado mientras lo construido adquiere nuevas funciones. Eso es lo que nos brinda memoria, cultura y herramientas para proyectar el futuro, entendiendo el pasado.


Opinión

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La preservación del patrimonio no ha gozado siempre de buena fama en los debates urbanos. A menudo se presenta como un impedimento o una carga burocrática. Sin embargo, la experiencia demuestra que los edificios con valor patrimonial que son reutilizados aportan nuevas capas fundamentales a la ciudad. Ahí están, formando un triángulo casi perfecto con Cabestreros, la icónica biblioteca de las Escuelas Pías – que hoy aparece en todos los rankings de joyas escondidas de Madrid- o las corralas de Sombrerete y Tribulete. Sin salir de Lavapiés, hay otras dos magníficas corralas en Carlos Arniches y en la calle de la Cabeza, ambas recuperadas con éxito por el Ayuntamiento. La primera alberga el Museo de Artes y Tradiciones Populares. La segunda es el Centro Municipal de Mayores Antón Martín, que aún conserva los sótanos que fueron cárcel de la Inquisición. Si tienen oportunidad, no dejen de visitar todos estos tesoros, porque son excepcionales.

Antes y después de la rehabilitación municipal de la corrala de Tribulete y Provisiones. (Ayuntamiento Madrid)

Esto demuestra que la conservación bien entendida no es un obstáculo, sino un vector de progreso. ¿Qué hubiera sido de nuestra Villa si hubiera renunciado a algunos de sus fragmentos más frágiles? La muralla islámica, junto a la Catedral de la Almudena que tanto defiendo, fue durante años un vestigio incómodo, pero hoy es clave para entender de dónde venimos. Lo mismo sucede con la Torre de los Lujanes, que alberga la puerta más antigua de Madrid; o con las antiguas viviendas de estilo industrial de ladrillo que aún permanecen en barrios como Prosperidad.

Enfatizo que no se trata de nostalgia, sino de continuar sumando significados a la ciudad mientras se generan espacios útiles. Porque un Parque de El Retiro con el acceso prohibido terminaría en abandono. Un Palacio Real que no permita visitas o pierda su función sería un cascarón vacío. Una factoría como la de Clesa de Alejandro de la Sota (Fuencarral), encerrada tras una verja, acabaría hundiéndose. La cuestión no es conservar por conservar, sino conservar para recuperar y rehacer, lo que implica quizás adaptar su uso a las necesidades de nuestro tiempo.

Madrid nunca ha sido un producto de conservación museística, sino una evolución constante. Cabestreros 1 podría encajar en esa misma lógica. La paralización de su derribo no es algo común ni sencillo, pero forma parte de una gestión urbana madura, capaz de modelar inercias cuando el contexto lo sugiere.

En la parte izquierda, las corralas de Sombrerete y Tribulete. (Ayuntamiento de Madrid)

También es razonable preguntarse qué sucederá si la Comunidad de Madrid determina que el caserón no es relevante, permitiendo así el avance del hotel cápsula. La solución debe ser estudiada con rigor técnico y jurídico, pero tampoco debe convertirse en un argumento para desactivar cualquier plan de reconversión.

Por definición, la protección del patrimonio de todos está por encima de cualquier ‘business plan’ individual, pero insisto en que inmovilizar nunca ha significado conservar mejor. Madrid tiene amplio margen para pensar y construir un modelo de desarrollo en el que la cultura y la inversión se refuercen mutuamente. Pero esta ciudad, y por ende la Comunidad, sí necesita un ‘Plan Madrid’. Una hoja de ruta que permita conservar lo característico del lugar que hemos sido, que analice lo que somos y que diseñe el futuro al que podemos aspirar. Sin complejos.

El debate sobre Cabestreros 1 añade una nueva etapa al recorrido de la capital hacia su futuro, un capítulo necesario para completar su narrativa. La villa y corte se lee desde sus cimientos y también desde sus tejados, pero conservar no es mirar atrás con tristeza, sino avanzar con memoria. Y en un barrio como Lavapiés, esa memoria es parte esencial de lo que está por venir.

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