Causa más común de cáncer de pulmón en personas que no fuman.


El gas radón se ha convertido en el principal factor de riesgo para el cáncer de pulmón en personas no fumadoras. No tiene olor, no es visible y puede acumularse en tu hogar sin que te des cuenta. Así lo alertó la doctora Virginia Calvo, del Hospital Universitario Puerta de Hierro, durante una sesión científica en la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales de España sobre los efectos de este gas.

La advertencia es seria. “El cáncer de pulmón es el segundo tipo de cáncer más común en España, solo superado por el de mama y el más habitual en hombres”, señaló Calvo al citar los datos anuales de la Sociedad Española de Oncología Médica. Entre las personas que nunca han fumado, el radón ya es el principal factor de riesgo.

“Esto es especialmente relevante en zonas graníticas como Galicia, Extremadura y áreas de la Sierra de Madrid”, explicó Luis Quindós del departamento de Física Médica de la Universidad de Cantabria.

Qué es el radón y por qué puede afectar a tu salud

El radón es un gas radiactivo natural que proviene del subsuelo. Se libera de manera continua a partir de ciertas rocas —principalmente granitos— y, al emanar, se infiltra en hogares y lugares de trabajo, sobre todo en plantas bajas y sótanos.

“El problema es que es un contaminante invisible”, comentó Quindós. La inhalación prolongada de este gas puede dañar el tejido pulmonar y aumentar el riesgo de desarrollar cáncer.

De hecho, los amplios estudios de casos y controles realizados en el país muestran una relación casi lineal entre la concentración de este gas en el hogar y el riesgo de desarrollar cáncer de pulmón. A mayor concentración de radón, mayor es el riesgo de desarrollar patologías oncológicas pulmonares, incluso en personas que nunca han fumado.

Madrid, Galicia y Extremadura: áreas críticas

El mapa oficial del radón en España, elaborado por el Consejo de Seguridad Nuclear, sigue prácticamente el mapa geológico del país. En las regiones donde predominan los granitos y otras rocas, el riesgo de concentraciones elevadas en interiores se incrementa notablemente.

En la Comunidad de Madrid, más del 80% de los municipios presentan algún nivel de riesgo y requieren mediciones para controlar el gas en locales en plantas bajas o sótanos.

Los estudios coordinados por el Plan Nacional contra el Radón y las investigaciones del Laboratorio de Radón de Galicia también han identificado claramente estas áreas, aunque los expertos enfatizan que la concienciación social sigue siendo insuficiente.

España ha adoptado hace años las directrices internacionales que establecen niveles máximos recomendados de radón en hogares y lugares de trabajo. Desde 2019, las nuevas construcciones en zonas y municipios considerados de riesgo deben incluir medidas antirradón por ley.

No obstante, Quindós advierte sobre una paradoja inquietante: “Rara vez se verifica, una vez construidas, que esas medidas funcionen adecuadamente”. Esto sucede a pesar de que el gas radón es medible y controlable mediante soluciones relativamente simples. El científico mencionó desde “mejorar la ventilación en sótanos y plantas bajas, sellar grietas en suelos y paredes, hasta el uso de mascarillas”.

Por lo tanto, a diferencia de otros factores ambientales, los efectos del radón pueden medirse con detectores homologados y se pueden mitigar, reduciendo su riesgo para la salud. No es necesario vivir en el campo ni en una casa antigua. El radón puede acumularse en viviendas modernas, escuelas, oficinas y centros de trabajo. Los especialistas coinciden en que conocer y medir el riesgo es el primer paso. Porque, como recuerdan los expertos, el radón no se percibe hasta que presenta consecuencias.

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