Cierra Bazar Arribas, la tienda de juguetes de la Plaza Mayor de Madrid que acompañó la infancia de generaciones durante 107 años | Noticias de Madrid
Entrar en el número 16 de la plaza Mayor de Madrid es sumergirse en un universo encantado. La juguetería Bazar Arribas aún conserva en su interior algunos de los juguetes que marcaron la niñez de miles de niños madrileños durante el siglo XX: pelotas de goma, rompecabezas, trenecitos de juguete, el parchís y una extensa variedad de muñecas de todo tipo. Este comercio logró mantener su magia hasta esta semana, cuando la familia anunció su cierre tras el fallecimiento de Conchita Arribas Navarro, la hija del fundador, el pasado 14 de febrero. “No ha sido por un problema del negocio, sino porque las circunstancias han cambiado. Es el momento de cerrar un ciclo”, explica Conchita Rollán, una de las cinco hijas de la propietaria. “Fue fundado por nuestro bisabuelo y nuestra abuela lo cuidó con esmero hasta el final. Ahora que se ha ido, sentimos que es hora de concluir este capítulo tan especial”, se puede leer en una nota a la entrada del local, en forma de despedida.
Fundado en 1919 por Juan Arribas Aguado, el negocio creció a lo largo de cuatro generaciones de una misma familia, que supo preservar la esencia de un comercio cercano y especializado. Una de las figuras clave en la historia del Bazar Arribas fue la heredera de la tienda, Conchita Arribas, quien durante varias décadas se ocupó de que el negocio familiar mantuviera su impulso. “Mi madre siempre fue una mujer muy luchadora, muy valiente. A mediados del siglo XX, las diferencias entre hombres y mujeres eran notables; lo que hizo ella no fue fácil, al hacerse cargo de una juguetería mientras criaba a sus cinco hijas”, recuerda emocionada Rollán mientras recorre, una vez más, los pasillos donde correteaba de niña. Cuando Conchita Arribas aún estaba viva, su hija Marta Rollán asumió la dirección del establecimiento —ahora volverá a su trabajo como farmacéutica—, y posteriormente, su nieto Miguel Mauduit asumió el mando de manera temporal.
La evolución del propio centro de Madrid, caracterizada por el aumento de precios del alquiler y la creciente presencia de franquicias y cadenas internacionales, ha complicado la supervivencia de los comercios de proximidad, pero esto no ha sido un impedimento para la juguetería, que ha disfrutado de una notable salud hasta ahora. ¿El secreto de su longevidad? Los clientes. A lo largo de más de un siglo, el establecimiento y sus propietarios han conquistado el corazón de un grupo de incondicionales que no lo abandonaron ni durante la crisis de la covid. “Durante la pandemia, todo el barrio se volcó en comprar lo que fuese, incluso imanes de Madrid que todos ya tenían, para echarnos una mano”, recuerda Rollán.
La desaparición de este bazar representa una pérdida simbólica para el barrio y para la ciudad de Madrid. Un simple vistazo al interior del local revela que es un espacio cargado de memoria colectiva, donde varias generaciones han compartido experiencias vinculadas a la niñez, la ilusión y las tradiciones. Ahora, una larga lista de rostros conocidos rinde su último homenaje a la juguetería que acompañó a los niños madrileños durante más de un siglo. “Estamos recibiendo un montón de muestras de cariño de todo el mundo; tenemos amistades en muchos países que, al enterarse, nos han contactado. Lo más hermoso es nuestro público, como los niños no hay nadie, y luego están nuestros clientes”.



