Cirque du Soleil presenta ‘OVO’ en Madrid y así es su asombroso detrás de cámaras | Noticias de Madrid


El público de Madrid está acostumbrado a disfrutar del Circo del Sol en una gran carpa, pero no en un amplio espacio como el Movistar Arena. OVO, el espectáculo que la compañía presenta solo hasta el domingo, plantea un reto mayúsculo a los ya exigentes estándares de la compañía. Un recorrido por su backstage lo respalda. [Este texto forma parte del boletín de EL PAÍS Madrid que se envía martes y viernes. Para recibir la newsletter, puedes apuntarte aquí]

La narrativa del espectáculo exhibe una vibrante colonia de insectos. Acrobacias impresionantes destacan los rasgos y habilidades especiales de cada especie, desde poderosos grillos que rebotan en trampolines hasta una hipnótica araña que se contorsiona en su telaraña. Para dar vida a este microcosmos escénico, el Circo del Sol debe construir un mini universo detrás de escena en cada ciudad que visita.

La compañía ofrece tres tipos de espectáculos. Los de carpa, que se instalan durante meses en un solo lugar y que siempre hemos visto en Madrid; los de residencia, como el que tienen en Las Vegas, donde el público se traslada para verlos; y, por último, los de grandes recintos, que son itinerantes y se llevan a cabo en lugares que no han diseñado los artistas del Circo del Sol, según comparte su portavoz Janie Mallet. Se desplazan cada semana con 21 camiones enormes que transportan no solo el vestuario y el equipo técnico, sino también un gimnasio completo con máquinas de cardio y áreas para pilates, que instalan en cada lugar. Hasta llevan su propia sala de lavandería, preparando hasta 60 lavadoras antes de cada estreno y secando todo con sus propios ventiladores.

Los estándares usuales de esta mágica compañía se trasladan a espacios pop-up. Recorrimos la sala del colosal Movistar Arena, que durante siete días actúa como vestuario. Las prendas de los acróbatas deben ser ligeras y permitir que muñecas y tobillos queden al aire, explica Mallet. El insecto central de OVO es un mochilero que transporta en su espalda un huevo de 20 kilos, al que hace alusión el título del espectáculo. La vestimenta de los payasos, en cambio, puede ser más pesada. Estas piezas se confeccionan a medida para cada nuevo integrante, elaboradas tras un complejo proceso de escaneado en 3D. El equipo de vestuario trabaja arduamente en su taller provisional. Cada persona tiene una función específica: uno se ocupa de los sombreros y otro de los zapatos. Más de 800 prendas y accesorios viajan con ellos.

Los artistas, además de ejercitarse en su gimnasio móvil, cuentan siempre con un pequeño espacio detrás del escenario para practicar y estirarse. Asimismo, hay un área con una pantalla donde revisan diariamente la función de la noche anterior, grabada por la compañía. “Es otra dimensión del entrenamiento”, explica Mallet, pocas horas antes de la primera función del pasado jueves.

Por tanto, viven en una microciudad que fluctúa cada semana durante meses, a la que deben adaptarse. “Para cuando llegue el domingo, sabremos dónde está cada cosa aquí en el Movistar Arena, justo cuando tengamos que marcharnos”, bromea la portavoz del Circo del Sol.

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