Comencé a laborar a los 14 años ayudando a mi padre mientras continuaba mis estudios.


Paco Maqueda, un experimentado profesional del sector de la construcción con más de cincuenta años en el campo, ha descubierto un nuevo camino en Sacedón, un pintoresco pueblo de Guadalajara. Junto al embalse de Entrepeñas, ha adquirido cuatro casas y un terreno para llevar a cabo un proyecto que fusiona su pasión personal con una oportunidad de negocio, centrado en la rehabilitación de viviendas y el turismo vacacional.

Un nuevo horizonte en Sacedón

La elección de Sacedón no ha sido casual. Maqueda ha visitado la zona durante años, pero fue la posibilidad de adquirir propiedades a un precio asequible lo que le motivó a invertir. «Empecé a ver casas que eran económicas, como tengo la empresa de reforma, las puedo rehabilitar», cuenta. El proyecto comenzó con la compra de dos viviendas de una misma familia y, poco a poco, la cartera ha ido incrementándose.

El objetivo es doble: una de las casas se está reformando para su uso personal, mientras que las demás serán destinadas al alquiler turístico, aprovechando el atractivo de la región, especialmente en verano. Aunque las viviendas son antiguas, tienen un encanto particular y ventajas constructivas, como muros de hasta 80 centímetros que ofrecen un excepcional aislamiento natural. «El calor que hacía afuera y entrabas y se estaba de cine dentro», recuerda Maqueda.

Una de las propiedades incluso incluye una bodega que mantiene una temperatura constante de entre 14 y 16 grados durante todo el año, lo que resalta el valor de la construcción tradicional. El plan es ir reparando las casas de manera progresiva, combinando el trabajo con la alta demanda de su empresa de reformas en Madrid, porque, como él dice, «el día que tengamos tiempo, mal asunto, no hay trabajo».

De aprendiz a maestro del mármol

La trayectoria de Paco Maqueda comenzó a los 14 años, cuando compaginaba sus estudios con el trabajo en el taller de mármol de su padre en Madrid. «Estudiaba y trabajaba, y trabajaba con mi padre», rememora. Fueron años de intenso aprendizaje, donde se formó en un oficio que en ese entonces era puramente artesanal.

Reformas

Reformas

Sus tareas abarcaban todo el proceso: desde mover pesados tableros de mármol hasta pulir cantos a mano o realizar encastres para lavabos. «Antes era todo manual, no hay como ahora, que hay máquinas automáticas que lo hacen todo», explica. En esa época, fue testigo de la transición del mercado hacia imitaciones, un cambio que lamenta: «Lo natural es una pena porque se pierde, ahí se queda».

Una carrera de reinventos

Tras 34 años en el negocio familiar, Maqueda decidió seguir su propio camino. Inicialmente, se especializó en reformas y mantenimientos para grandes empresas, y posteriormente se unió a un proyecto más ambicioso dedicado a la restauración de bellas artes. Durante 20 años, trabajó casi exclusivamente para el Estado en licitaciones públicas, restaurando iglesias, conventos y patrimonio artístico.

No sabes hacer otra cosa, sabes hacer lo que sabes hacer toda la vida»

Paco Maqueda

Empresario

Tras vender esa empresa, lejos de retirarse, volvió a iniciar un nuevo ciclo con una empresa de reformas más pequeña y una tienda de cocinas en Moncloa (Madrid). Su reputación, forjada durante décadas, le ha asegurado una agenda siempre llena. «Los clientes te buscan y te llaman», comenta acerca de la constante demanda que recibe. Aunque ha pensado en cambiar de sector, su vocación siempre lo mantiene anclado a la construcción: «Al final, piensas que estás cansado de la construcción, que vas a buscar otro negocio, pero no puedes. Sabes hacer lo que has hecho toda la vida».

Fragmento de la entrevista

Fragmento de la entrevista

Yo con 65 años tengo la vida, empiezo a vivir otra vez»

Paco Maqueda

Empresario

Actualmente, combina su negocio de reformas integrales llave en mano con el emocionante proyecto en Sacedón. Al mirar hacia el futuro, su plan es claro. Cuando le preguntan qué hará a los 65 años, su respuesta es una declaración de intenciones: espera que alguien asuma la dirección de sus empresas para que él pueda, por fin, dedicarse a un ritmo diferente. «Yo con 65 años tengo la vida, empiezo a vivir otra vez», concluye con convicción.

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