Cráneos selectos en Génova 13
Uno. ¡Cuerpo a tierra, que vienen los nuestros!
¿Puede que la razón sea que no toleraban que Pedro Sánchez se llevase el crédito por desclasificar los documentos del 23-F? No es sencillo determinar qué ha llevado a la dirección nacional del PP a intentar minimizar el impacto político de dicha desclasificación reclamando el regreso del rey emérito “a su tierra”, algo que, sin duda, desearía evitar su hijo Felipe VI. Así, el partido más monárquico de España pone en jaque a la monarquía que tanto defiende. ¡Cuerpo a tierra, que vienen los nuestros!, debieron pensar en la Zarzuela. Si su intención era desviar la atención de la desclasificación, les habría beneficiado a ellos y a Juan Carlos que fracasaran: mientras la discusión nacional se centraba en el 23-F, Juan Carlos era considerado un héroe; al cambiar la conversación hacia el controvertido tema de su regreso, ha resurgido como un villano. ¿Quién habrá sido el genio en Génova que propuso esta idea?
Dos. Tentaciones negacionistas
¡Cuánto le cuesta a la izquierda alternativa, radical, confederal, neocomunista, no socialista o como se le quiera denominar aceptar que el rey Juan Carlos jugó un papel crucial en la neutralización del golpe de Estado del 23-F! Sus representantes están a un paso de declarar que el rol del rey para detener el golpe es un mito. ¿Es tan complicado decir por ejemplo: “Hay cosas que desconocemos, pero lo que sí sabemos, que es mucho, demuestra que el rey tuvo esa noche un papel fundamental en defensa de la democracia; sin duda, no sabemos qué hizo en los días previos o posteriores al golpe, pero sí lo que hizo el día del golpe: impedirlo”? Todos estamos atrapados en un ciclo político y emocional cuya ley es esta: la gravedad de los pecados y la magnitud de las virtudes no se evalúan por su maldad o bondad, sino por la afiliación ideológica del pecador o el virtuoso. La paradoja es que nadie escapa a este círculo vicioso, ni siquiera quienes son plenamente conscientes de su existencia. Si “bulerías” fuera un derivado de “bulo”, esta película con un aire buñuelesco podría titularse ‘El discreto encanto de la bulería’.
Tres. El mal ya está hecho
María Jesús Montero no vencerá a Juan Manuel Moreno en las elecciones andaluzas solo porque sea ministra. Si le gana o se acerca lo suficiente será porque ha logrado movilizar a su partido, activar su trabajo en la calle y nada de esto se puede hacer con un liderazgo a distancia. Tener un jefe que aparece en la oficina solo los viernes por la tarde no es la mejor manera de motivar a un equipo que ya está bastante desincentivado. Sin embargo, ninguna de estas advertencias tiene sentido ahora, ya que quedan solo unos meses para las elecciones: por mucho que Montero asuma efectivamente el cargo de secretaria general, el mal ya está hecho. Los socialistas andaluces han estado sin un liderazgo visible y efectivo desde antes incluso de que Pedro Sánchez hiciera ganar las primarias a Juan Espadas. El error de Montero se asemeja al de Díaz, cuando Susana se empeñó en ser la líder nacional del PSOE sin dejar de ser la presidenta de Andalucía. El resultado es conocido: acabó por no ser ni una cosa ni la otra. En esta etapa de un partido que aún no ha comenzado, el PSOE andaluz no se pregunta si lo ganará, sino por cuántos goles lo perderá.
Cuatro. ¿Y por qué no?
Desde hace más de un año, antes de encender la radio para escuchar las noticias a primera hora de la mañana, la pregunta que surge siempre es la misma: ¿qué habrá hecho hoy el capullo de Donald Trump? Lo último que sabemos es que ha bombardeado ilegalmente Irán. La pregunta del presidente nacionalpopulista-tirando-a-fascista de los Estados Unidos no es por qué hacer algo, sino por qué no hacerlo. ¿Secuestrar al presidente de Venezuela? ¿Y por qué no? ¿Matar al presidente de Irán? ¿Y por qué no? ¿Detener a latinos a raudales en su propio país? ¿Y por qué no? ¿Bloquear las tarjetas y correos de los jueces de la Corte Penal Internacional y de la relatora de la ONU para los Territorios Ocupados de Palestina? ¿Y por qué no? Hitler, Mussolini, Franco, Stalin, Putin, Netanyahu… comparten ese aterrador “¿y por qué no?”.



