Cuando los nazis atacaron el Museo Reina Sofía con bombas.
En la París ocupada por los nazis, durante un registro en la casa de Pablo Picasso, un oficial alemán apuntó a una fotografía del Guernica y le preguntó al artista: «¿Fue usted quien pintó esta obra?». A lo que Picasso respondió: «No, este cuadro lo hicieron ustedes». Esta famosa obra se inspira en la masacre del municipio vasco de Gernika, que fue bombardeado el 26 de abril de 1937, un domingo de mercado, por la Legión Cóndor. La maquinaria nazi del terror aéreo, al servicio del franquismo, utilizó 31 toneladas de un nuevo tipo de bombas explosivas e incendiarias: el napalm, para esa devastadora ofensiva.
Si deseas continuar leyendo este artículo en gallego, haz clic en este enlace.
Hoy en día, el Guernica se expone en la acogedora atmósfera del Museo Reina Sofía en Madrid. A lo largo del año, personas de todo el mundo lo visitan para admirar este símbolo universal contra la guerra. Su mirada provoca una profunda reflexión. Esa obra, con su peso histórico, parece atravesar el tiempo y conmover las conciencias. Es un excelente punto de partida para explorar aspectos de la historia de España que a menudo quedan en el olvido: el golpe de estado de 1936 contra la democrática República y el establecimiento de una prolongada dictadura que proyectó una oscura sombra más allá del propio dictador.
Bombardeos sobre Madrid
En relación a esto, y dado que mencionamos el Guernica, existe un detalle que suele pasar desapercibido. El actual Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, que abrió sus puertas como tal en 1992, se encuentra ubicado en el antiguo Hospital General de Madrid. Como tantos otros hospitales, este principal de la zona de Atocha no escapó de la intensa oleada de bombardeos de la aviación nazi sobre Madrid, que afectó gravemente a la población civil, sobre todo durante la ofensiva franquista del 15 de noviembre de 1936.
Al contemplar el Guernica y reflexionar sobre los horrores de la guerra, se da la curiosa coincidencia de que esta obra se encuentra en uno de esos espacios marcados por el horror. Sin embargo, en todo el Museo no hay ni una sola mención, ni una placa, que recuerde este suceso histórico del bombardeo nazi. De los mismos que destruyeron la Gernika real.
«El Museo Reina Sofía está situado en el antiguo Hospital General de Madrid, en Atocha, zona castigada por los bombardeos de la aviación nazi»
Ya sea de forma consciente o no, este vacío es incomprensible. Pero hay numerosos vacíos de este tipo. Algunos son escandalosamente notorios. Por ejemplo, en la sede de la Presidencia de la Comunidad de Madrid, en la Puerta del Sol, no hay ninguna referencia informativa que indique que ese edificio fue durante décadas la sede de la Dirección General de Seguridad (DGS), el principal centro de tortura del franquismo.
«Caudillo por la gracia de Dios»
El tirano no era dado a disimulos cuando se trataba de legitimar su poder. Franco no era precisamente un negacionista del franquismo. La gente debía portar en sus manos el retrato acuñado del dictador y su lema delirante: «Caudillo por la gracia de Dios«.
Son muchos los que opinan y lo expresan sin reparo que investigar sobre el origen y significado de la dictadura es una pérdida de tiempo. Que el olvido es saludable.
Pero no es así. La amnesia histórica y la desinformación son dañinas para la salud individual y colectiva. Lo que se deja como legado es un trauma inconsciente. Más que de olvido, tal como indicó Freud, deberíamos hablar de «represión de los recuerdos». Y esta es la verdadera problemática. El franquismo fue un régimen excepcional en su crueldad. Lo que Paul Preston denominó el «holocausto español«. Ignorar este horror, especialmente en la enseñanza de la historia, no solo es un error, es una sustracción. Una represión. Un daño que coloca a la juventud en manos del negacionismo y el autoritarismo. Por lo tanto, el mejor entorno para la memoria es la escuela, el espacio de los interrogantes y las causalidades. Sin una educación democrática, no hay democracia.



