De una «purga» a una crisis crónica: Vox se complica en su esfuerzo por destituir a Ortega Smith como portavoz en Madrid.
“Estoy viviendo una purga peor que las de Stalin”. Así expresaba el aún portavoz de Vox en el Ayuntamiento de Madrid, Javier Ortega Smith, su descontento ante la decisión tomada por la dirección del partido que resultó en su suspensión cautelar de militancia. El Comité Ejecutivo Nacional (CEN) lo apartó por “desacatar” la orden de transferir su cargo en el Consistorio a la concejala Arantxa Cabello. Ortega Smith rechazó la reunión y retuvo sus atribuciones. Con su carné del partido en mano, con el número 006 de afiliado, se reafirmó como “portavoz” y aseguró que no existe una mayoría para reemplazarlo dentro del grupo municipal. Esta posición fue respaldada por el propio Ayuntamiento, que se apoya en esa mayoría interna para aprobar un relevo del cual se mantiene al margen.
El pasado jueves, el Comité de Garantías de Vox avanzó un paso más al validar la expulsión definitiva de Ortega Smith de la formación ultraderechista por “infracción muy grave”. Este avance forma parte de su intento por llevar a cabo lo que el partido había planeado como una operación quirúrgica, una rápida sustitución para terminar de alejar a una figura rebelde y cada vez más distanciada de Santiago Abascal. La lealtad de Ortega Smith con dos de los otros cuatro concejales de Vox en Cibeles, Carla Toscano e Ignacio Ansaldo, frustró esa pronta destitución al imposibilitar una mayoría que depusiera al aún diputado. De este modo, el conflicto se ha transformado en un enredo burocrático que amenaza con prolongar en el tiempo la repercusión mediática de la crisis interna en el partido, con eco también en la Región de Murcia.



