Deborah Warner e Ivor Bolton continúan la magia de Britten en el Teatro Real | Cultura


Deborah Warner tenía solo nueve años cuando presenció en Bristol una función de la histórica producción de El sueño de una noche de verano de Peter Brook, que transformó la Royal Shakespeare Company en 1970. A esa experiencia le atribuye su pasión por el teatro —como explicó a EL PAÍS el pasado lunes—, aunque también le resulta paradójico: a pesar de ser una reconocida experta en el dramaturgo inglés, nunca había llevado esta comedia, escrita entre 1595 y 1596, a la escena.

La directora encontró su primer contacto con el Sueño en la brillante adaptación operística compuesta por Benjamin Britten en 1960. El Teatro Real presentó esta nueva producción el pasado martes 10, logrando un éxito arrollador, en sintonía con los dos montajes anteriores de Warner en el coliseo madrileño: Billy Budd (2017) y Peter Grimes (2021). La influencia de la filosofía teatral de Peter Brook se refleja en la propuesta, tanto en la reinterpretación de la desnudez escénica del espacio vacío como en la adición de elementos circenses, como los columpios.

La instalación simple que evoca el bosque —donde Britten decide comenzar la ópera tras eliminar el primer acto de la comedia— desprende magia desde el inicio. Esto se refuerza con la abundancia de niños figurantes y jóvenes bailarines, así como el atractivo vestuario de Luis Filipe Carvalho, que incluye iluminación. Su diseño permite diferenciar claramente los cuatro mundos que se entrelazan en la trama: el reino de las hadas, las dos parejas de amantes, los rústicos —convertidos aquí en operarios— y los soberanos atenienses.

La escenografía de Christof Hetzer consiste en unos pocos elementos, como la plataforma que finalmente se despliega para servir de escenario en la corte de Atenas. Otros elementos tienen un valor más simbólico, como el árbol invertido y suspendido que sugiere la alteración del orden natural del bosque. Todo se sostiene en la precisa iluminación de Urs Schönebaum. Sin embargo, ese clima escénico cobra pleno sentido gracias a la sobresaliente dirección de actores de Warner, que claramente perfila cada uno de los mundos y sus equívocos, sin renunciar a una cierta ambigüedad moral.

Es posible que el segundo acto se sienta algo denso en su segunda escena. La simetría del primero, en cambio, resulta más efectiva, y, especialmente, el tercero retoma su ritmo tras el descanso con la disparatada representación de los rústicos, que suscitó las risas del público. Menos convincente es la caracterización de Puck, interpretado por Daniel Abelson y el bailarín aéreo Juan Leiba, en un intento de potenciar el componente acrobático que ya introdujo Brook.

En cualquier caso, esta producción de El sueño de una noche de verano de Britten se inscribe entre los montajes clásicos como los de Peter Hall (Glyndebourne, 1981) y Robert Carsen (Aix-en-Provence, 1991), también presentado en el Liceu de Barcelona. Logra superar la rigidez de la anterior propuesta en el Teatro Real de Pier Luigi Pizzi y resulta conceptualmente más lograda que la vibrante versión de Laurent Pelly presentada hace unas semanas en el Maestranza de Sevilla.

Además de la calidad actoral, la excelencia vocal del elenco fue indiscutible. El gran triunfador de la noche fue el contratenor Iestyn Davies, un experto en el papel de Oberon desde hace más de una década. El propio cantante ha reflexionado sobre el personaje en un revelador artículo en The Arts Desk, donde examina la herencia de Alfred Deller y el reto de “hacer algo con muy poco”. Davies mantuvo su bello tono dorado incluso en los pasajes más graves, convirtiendo el aria del primer acto I know a bank —un homenaje de Britten a Purcell— en uno de los momentos más destacados de la velada, al tiempo que esbozó un inquietante perfil del rey de las hadas.

Su compañera como reina de las hadas, Tytania, fue la soprano Liv Redpath, una cantante en ascenso que debutó el personaje en Glyndebourne en 2023. La estadounidense brilló con exquisitas coloraturas en el aria del segundo acto Be kind and courteous to this gentleman, que interpreta tras enamorarse de Bottom con cabeza de asno, sin renunciar a un tono irónico. Otro de los triunfadores de la noche fue el bajo Clive Bayley en el papel del tejedor, quien sustituyó debido a una enfermedad al inicialmente anunciado Simon Keenlyside, un referente del personaje. Bayley creó un Bottom divertido y vocalmente sólido en sus múltiples inflexiones y uso del falsete, destacando especialmente en el aspecto actoral.

El conjunto de los rústicos funcionó con gran efectividad y mostró notable versatilidad en la hilarante representación de Píramo y Tisbe. Sobresalió especialmente el Flute del tenor Ru Charlesworth, quien hizo una sensacional Tisbe en esta brillante parodia de Britten de su odiada Lucia di Lammermoor de Donizetti. También fue muy convincente el cuarteto de enamorados, tanto en sus intervenciones solistas como en los dúos, con habituales de las anteriores producciones de Britten dirigidas por Warner en el Teatro Real —como Jacques Imbrailo y Sam Furness— junto a la mezzo Simone McIntosh y la soprano Jacquelyn Wagner. El conjunto alcanzó su mejor momento en el bellísimo cuarteto canónico de reconciliación del tercer acto, And I have found Demetrius like a jewel.

El elenco de lujo se completó en la escena final en la corte de Atenas con el barítono Thomas Oliemans como sólido Theseus y la excelente mezzosoprano Christine Rice como Hippolyta, quien ya había interpretado a Hermia en el Teatro Real en 2006. También destacó el coro de Pequeños Cantores de la ORCAM, bajo la dirección de Ana González, en una de sus mejores actuaciones a pesar de la dificultad de una parte que obligó a colocar a los jóvenes cantores en el foso durante los dos primeros actos. A ellos se sumaron las cuatro solistas que actuaron como hadas de Tytania.

Si Warner fue uno de los pilares de esta redonda producción, el otro fue el director musical Ivor Bolton, quien ofreció desde el foso una memorable interpretación de Britten. El inglés había dirigido al menos una producción de esta ópera —en La Monnaie de Bruselas hace más de veinte años— y volvió a fascinar al frente de la ingeniosa orquestación del compositor, con su característico despliegue de arpa, celesta, clave, xilófono y glockenspiel. Su control del discurso entre los distintos mundos sonoros y la fluidez de los interludios resultaron ejemplares.

También brilló por su instinto para otorgar pleno sentido teatral a cada detalle de una partitura repleta de pasajes de extrema dificultad, que bajo su batuta parecían surgir con naturalidad. Destacó especialmente en el tercer acto, desde la apertura que evoca la claridad matutina de los días de verano en las cuerdas hasta el crescendo final tras las últimas palabras de Puck. Una producción cuyo hechizo perdura horas después de la función.

El sueño de una noche de verano

Música de Benjamin Britten Libreto de Benjamin Britten y Peter Pears, basado en la obra homónima de William Shakespeare.

Iestyn Davies, contratenor (Oberon); Liv Redpath, soprano (Tytania); Daniel Abelson & Juan Leiba, voz & bailarín aéreo (Puck); Thomas Oliemans, barítono (Theseus); Christine Rice, mezzosoprano (Hippolyta); Sam Furness, tenor (Lysander); Jacques Imbrailo, barítono (Demetrio); Simone McIntosh, mezzosoprano (Hermia); Jacquelyn Wagner, soprano (Helena); Clive Bayley, bajo (Bottom); Henry Waddington, bajo (Quince); Ru Charlesworth, tenor (Flute); Stephen Richardson, bajo (Snug); John Graham-Hall, tenor (Snout); William Dazeley, barítono (Starveling).

Pequeño Cantores de la ORCAM.

Directora del coro: Ana González.

Orquesta Titular del Teatro Real.

Dirección musical: Ivor Bolton.

Dirección de escena: Deborah Warner.

Teatro Real, 10 de marzo. Hasta el 22 de marzo

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