Declaran el cocido madrileño como Bien de Interés Cultural y promueven las fresas, espárragos, ajo y miel de Madrid.
El Consejo de Gobierno de la Comunidad de Madrid ha decidido recientemente otorgar al cocido madrileño la categoría de Bien Inmaterial, sumando a sus sellos de calidad las fresas y espárragos de Aranjuez, así como el ajo Fino de Chinchón y la miel de la región.
El cocido madrileño se convierte así en Bien de Interés Cultural, con la finalidad de proteger su legado como una de las principales manifestaciones de la identidad regional y de difundir sus características tradicionales y su importancia social.
Afirman que se trata de una receta que está profundamente integrada en la cultura local y que ha formado parte de la vida cotidiana de los madrileños durante siglos, tanto en áreas rurales como en urbanas, estableciéndose como un elemento de convivencia y tradición compartida.
Con más de 150 años de historia en la alimentación de los ciudadanos de la Comunidad de Madrid, este plato emblemático ha pasado de ser menospreciado por ciertas élites a convertirse en un símbolo tanto en el entorno familiar como en los mejores restaurantes de la zona.
El cocido madrileño está compuesto por carnes, verduras, embutidos y garbanzos, cuya elaboración se basa en la cocción en agua. Tradicionalmente, se sirve en vuelcos, presentando los distintos grupos de alimentos por separado y en el orden en que deben consumirse.
Se reconoce que pocos platos madrileños tienen tan amplia distribución en todos los municipios de la región y muchas variantes locales. Algunas cuentan con nombres específicos según sus particularidades, como el pradeño de Villa del Prado, el corucho de Cenicientos o la olla del segador de Navalcarnero.
Sus orígenes son inciertos; algunos sugieren que proviene de la olla podrida medieval o de la adafina judía, aunque es a partir de los siglos XVII y XVIII, cuando Madrid se convierte en capital y recibe población de diversas partes, que se establece la versión madrileña: garbanzos (tradicionalmente de Fuentesaúco), carnes como morcillo, gallina, tocino, chorizo, morcilla, además de verduras como repollo, zanahoria, patata, y fideos para la sopa.
Fresas, espárragos, ajos y miel
En el ámbito gastronómico, el Gobierno regional también ha anunciado la inclusión de la fresas y espárragos de Aranjuez, el ajo Fino de Chinchón y la miel de Madrid en sus sellos de calidad.
Las asociaciones representativas de estos productos ya se han constituido, lo que garantiza la preservación de su denominación, y actualmente se están elaborando los documentos necesarios para solicitar su reconocimiento ante la Unión Europea.
Las Indicaciones Geográficas Protegidas (IGP) de las Fresas de Aranjuez, Espárragos de Aranjuez y Ajo Fino de Chinchón, junto a la Denominación de Origen Protegida (DOP) Miel de Madrid, se sumarán a otras referencias reconocidas como la DOP Vinos de Madrid, que celebrará en 2025 su 35 aniversario y que en su última campaña certificó más de 35.700 hectolitros vendidos bajo 268 marcas y galardonados con 46 premios.
También cuenta con la DOP Aceite de Madrid, que en su segunda campaña superó los 34.000 litros y proyecta triplicar su producción en la próxima. Igualmente, destacan la IGP Carne de la Sierra de Guadarrama, con 1,43 millones de kilos en 2024; la IGP Anís de Chinchón, con un notable potencial de exportación; y la Denominación de Calidad Aceitunas de Campo Real, que ha duplicado su volumen comercial en el último año.
Este compromiso hacia la excelencia está respaldado por la marca de garantía M Producto Certificado, que desde 2014 distingue los alimentos fabricados o producidos en la región con estándares de calidad diferenciada. En la actualidad, cuenta con 505 empresas adheridas y 4.143 referencias.


