Descubiertos en Marruecos los restos de un ancestro del ‘Homo sapiens’ que existió hace 770.000 años | Ciencia


Aunque los científicos prefieren evitar el término «eslabones perdidos» en la evolución humana, es evidente que en algún punto existió un ancestro común para los humanos, similar a un tatarabuelo de los Homo sapiens, así como de los neandertales y denisovanos. Este miércoles se anunció el descubrimiento en una cantera de Casablanca, Marruecos, de los restos más cercanos conocidos hasta la fecha a dicho ancestro común. Se trata de tres mandíbulas con dientes y algunas vértebras que, según quienes las han encontrado, arrojan luz sobre los primeros momentos de la evolución humana, localizándola en este país del norte de África. Los nuevos restos tienen 773,000 años de antigüedad y pertenecen al ancestro de los Homo sapiens, la única especie humana sobreviviente en el planeta.

El hallazgo refuerza la idea de que el origen de nuestra especie se sitúa en África, un concepto que hace décadas se consideraba indiscutible, pero que en tiempos más recientes ha sido cuestionado, dado que se han encontrado posibles ancestros en Europa e incluso Asia. Uno de los más conocidos es el Homo antecessor, descubierto en los yacimientos de Atapuerca, en Burgos. Los nuevos fósiles marroquíes son similares a los de antecessor, pero también presentan rasgos modernos característicos de los Homo sapiens. Según sus halladores, liderados por el paleoantropólogo francés Jean-Jacques Hublin, los restos encontrados no representan al ansiado ancestro común de todos los humanos, sino que forman parte de una rama exclusiva de la que posteriormente derivó nuestra especie. Según esta interpretación, antecessor sería un ancestro directo de neandertales y denisovanos, aunque esta opinión es objeto de polémicas entre algunos miembros del equipo de Atapuerca.

Los investigadores que hicieron el hallazgo han sido cautelosos y no asignan los fósiles a una especie específica. “No son Homo sapiens”, explica Hublin a EL PAÍS. “Yo los calificaría como una población norteafricana de Homo erectus evolucionados, exhibiendo un mosaico de rasgos primitivos y avanzados. Esto nos proporciona una visión más compleja de la evolución humana, con distintas poblaciones a ambos lados del Mediterráneo, en lugar de una única población ancestral representada por el Homo antecessor de Atapuerca. “Esto también respalda la idea de que las raíces más profundas de nuestra especie se encuentran en África”, enfatiza Hublin. El descubrimiento se publica hoy en Nature, un referente de la mejor ciencia global.

El conjunto de hallazgos incluye tres mandíbulas, dos de adultos y una de un niño, además de dientes y varias vértebras de individuos que probablemente fueron devorados por carnívoros. Los restos presentan rasgos arcaicos similares a los del Homo erectus, el probable antecesor de los sapiens que apareció en África hace aproximadamente dos millones de años, siendo la primera especie humana en caminar erguida y que luego se dispersó a Asia y Europa. Gran parte de las conclusiones se basan en el análisis de los dientes, que según los investigadores muestran características claramente distintas de las de antecessor. Este último ya mostraría rasgos en el camino hacia los neandertales, mientras que los restos marroquíes no presentan tantos rasgos neandertales, situándose más en el linaje que llevará a los sapiens.

En 2017, el mismo equipo liderado por Hublin ya había descubierto en Marruecos los restos más antiguos conocidos de Homo sapiens, que vivieron hace alrededor de 300,000 años, consolidando a este país norteafricano como una posible cuna de nuestra especie, mucho más antigua que la que anteriormente se ubicaba en Etiopía hace unos 200,000 años.

La datación de los nuevos restos se ha logrado gracias a una afortunada coincidencia. Los sedimentos de la cantera conservan marcas de la última inversión del campo magnético terrestre, que ocurrió hace aproximadamente 773,000 años.

Los resultados establecen que la divergencia entre los linajes humanos sucedió en un periodo más reciente del que se pensaba anteriormente. Sin embargo, estos datos son coherentes con la genética, que estima que el último ancestro común, ese tan buscado eslabón perdido, vivió hace alrededor de 800,000 años.

Antonio Rodríguez Hidalgo, miembro del equipo de Atapuerca que no participó en el hallazgo, considera que este constituye una “contribución fundamental a uno de los grandes temas de la paleoantropología”.

El registro fósil vuelve a respaldar el clásico modelo “Out of Africa” para explicar el origen de Homo sapiens, debilitando la alternativa que había cobrado fuerza en las últimas décadas, que proponía un origen asiático. “La propuesta de Hublin refuerza el origen africano de nuestro linaje y hace menos probable que Homo antecessor represente el último ancestro común entre los neandertales y los humanos modernos”, subraya.

Dos de los principales defensores de esta tesis son José María Bermúdez de Castro, co-descubridor de Homo antecessor —anunciado en 1997 en la portada de la revista Science, otro gran referente mundial en investigación— y María Martinón Torres, reconocida científica del equipo de excavaciones en Burgos y directora del Centro Nacional de Investigación sobre Evolución Humana. Martinón menciona una limitación del nuevo estudio, dado que no ha considerado ciertos fósiles clave hallados en Asia, tales como los de Harbin, Hualongdong y Yunxian, que presentan características que podrían identificarlos como posibles antecesores de Homo sapiens. El propio antecessor, destaca Martinón, también exhibe esos rasgos. “Para sostener de manera sólida un origen africano, se requieren estudios comparativos más amplios que incluyan todo el nuevo material asiático. De hecho, los fósiles del Pleistoceno Inferior y Medio de Asia y Europa muestran rasgos faciales más gráciles, más cercanos a Homo sapiens, que cualquier fósil africano conocido hasta la fecha para ese periodo. La propuesta de que el ancestro se encuentra en el norte de África me parece bastante complicada”, agrega la científica.

Antonio Rosas, paleoantropólogo del CSIC, subraya en un artículo complementario también en Nature varias interrogantes que quedan sin respuesta a partir de estos hallazgos. La más evidente es: “¿Dónde están los fósiles humanos en el periodo de tiempo que va desde hace 700,000 años hasta 300,000 años?”. No se conoce ninguno. La otra pregunta se refiere a un detalle morfológico: los fósiles marroquíes, a pesar de su antigüedad, ya presentan un rasgo en la mandíbula que sería característico de los neandertales evolucionados que habitaron Europa cientos de miles de años después. “¿Por qué las raíces del linaje de Homo sapiens presentan rasgos neandertales?”. Por ahora, sigue siendo un enigma.

La manera más evidente de responder a todas estas preguntas sería encontrar ese eslabón perdido, el último ancestro común de todos los humanos. Hublin considera que esta tarea es extremadamente complicada. “Puede que encontrar un fósil concluyente del último ancestro común sea imposible, pero, claramente, el norte de África es el lugar donde podemos documentar estas poblaciones”, explica. Nuevas técnicas, como el análisis de proteínas, podrían permitir caracterizar a estos homínidos “incluso si nunca encontramos el fósil”, concluye.

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