Después de seis años de fracasos, una de las hijas de personas que fallecieron en residencias gana una batalla legal contra el Gobierno de Ayuso | Noticias de Madrid
Casi seis años han transcurrido desde los eventos de la pandemia en las residencias de Madrid, y desde entonces, los hijos de quienes fallecieron han enfrentado una serie de derrotas. Por este motivo, este viernes a las 11.09, María de Álvaro no tenía muchas esperanzas cuando recibió un SMS notificándole que tenía una comunicación de la Consejería de Hacienda de Madrid. Era consciente de que probablemente era la respuesta a una disputa que le causaba rabia y tristeza. La Comunidad de Madrid le estaba reclamando una deuda por los últimos días que su padre pasó en la residencia pública del Ensanche de Vallecas, donde falleció el 5 de abril de 2020 sin ser trasladado a un hospital. Ella había presentado un recurso, había perdido, volvió a apelar y pensaba que esta era otra negativa. La segunda respuesta negativa de la administración, antes de acudir a los tribunales. Se equivocó. “¡Hemos ganado!”, exclamó en su hogar en Vallecas.
Un par de horas después, María estaba en la cima de la felicidad. Sonreía de oreja a oreja, lloraba de alegría y repartía abrazos. “¡Hemos ganado todos. Ha ganado la justicia!”, proclamaba sobre su triunfo, que era más simbólico que monetario. María logró que la Comunidad se comprometiera a reembolsarle los 674,28 euros correspondientes al mes de marzo y los primeros cinco días de abril por su estancia en la residencia. La carta en la que se le reclamaba la deuda llegó de manera inesperada en un día de marzo de 2024, –ella no se encargaba de los pagos de la residencia– y le pareció “repugnante”. Así lo describió en su momento a EL PAÍS: “El asesino de mi padre se pone en contacto conmigo para reclamar el valor de la bala que le quitó la vida”.
María no era la única afectada en esta circunstancia. Al menos 187 personas habían recibido reclamaciones de pago por las mensualidades de sus padres que fallecieron en marzo y abril de 2020. De estas, 150 cartas fueron enviadas en 2024, justo antes de que se agotara el plazo. Muchos optaron por pagar. María, en cambio, decidió luchar. Actualmente, su felicidad no radica en el dinero, que planea donar a Cáritas. “¡Después de tantas lágrimas y tantos sufrimientos, finalmente una alegría! ¡Les hemos ganado!”
Si bien considera a su padre una víctima de una injusticia, ella no pertenece a las asociaciones de familiares que han liderado la lucha por obtener una condena, y que la presidenta de la comunidad, Isabel Díaz Ayuso, ha insultado en múltiples ocasiones, siendo la última este miércoles cuando los calificó como “plataformas de frustrados” con “143 procesos judiciales perdidos”. Al igual que otros hijos, María eligió no denunciar y llevar su duelo en soledad.
El tema de las mensualidades impagas generó en 2024 una controversia que incluso llegó a la rueda de prensa posterior al Consejo de Ministros, donde Pilar Alegría mencionó la “falta de humanidad” y afirmó que Ayuso “extiende una factura” en lugar de una mano a los familiares.
En la Asamblea de Madrid, la diputada socialista Lorena Morales presentó el 30 de abril de ese año una Proposición No de Ley para condonar las deudas. Morales recordó que las autoridades de Madrid habían perdonado otras deudas, como el impuesto que deben pagar los bares con máquinas de azar. “Las tragaperras, sí. Familiares de fallecidos en residencias, no”, reprochó Morales durante el pleno. Vox, que votó a favor de la condonación, argumentó, a través de su diputado José Ignacio Arias: “Es indigno y falto de humanidad cobrar esta deuda”. Sin embargo, la moción fue rechazada por la mayoría absoluta del PP de Ayuso.
Para justificar el torrente de críticas, varios consejeros madrileños alegaron que la culpa recaía en el Gobierno de Pedro Sánchez por no haber modificado la legislación para permitirles conceder un perdón. No obstante, un análisis de juristas consultados por EL PAÍS indicó que la administración competente para eximir del pago de precios de servicios públicos (como las mensualidades de residencias) es precisamente la misma que los crea y cobra.
La solidaridad hacia María fue tan intensa que un catedrático de Derecho Financiero y Tributario de la Universitat Jaume I, Germán Orón, se ofreció a defenderla de manera desinteresada. Orón se involucró porque consideró que lo que ocurrió era “una vergüenza” al escuchar la noticia en la Cadena SER, cuenta por teléfono. Redactó el primer recurso, que no tuvo éxito, y el segundo, la última oportunidad antes de acudir a los tribunales, la reclamación económico-administrativa. Este último fue el que les proporcionó la victoria.
Para resolver un asunto como este, era necesario contar con alguien como Orón, que conociera a fondo cuestiones técnicas de la legislación tributaria. El profesor argumentó que la ley no permite a la Comunidad exigir a un heredero el pago de una deuda por la falta de abono de un precio público (aunque sí puede reclamar el impago de un impuesto). Para ello, debían haber acudido a un juzgado civil, apunta Orón.
María y el catedrático, residente en Castellón, nunca se han visto en persona, pero él fue la primera persona a la que llamó para comunicarle la victoria. Orón responde luego a este periódico, tras haber revisado el escrito de 19 páginas, que se siente contento a medias: “Me alegro por ella, pero la resolución me ha dejado un mal sabor de boca porque no dice lo que debería decir”.
El organismo que resolvió el caso, la Junta Superior de Hacienda, se basó en un motivo diferente al que él argumentó para conceder la razón a María: los funcionarios madrileños sostuvieron que la Comunidad debía demostrar que ella es la heredera, una prueba que no presentaron.
Al final, todo se redujo a ese formalismo. La Comunidad no ha admitido que las reclamaciones sean inmorales o ilegales, como sostenían los críticos, pero muchas veces los litigios se resuelven por estos detalles. Orón aclaró que el caso está cerrado y que no hay posibilidad de recurrir ante los jueces porque la administración “no puede recurrirse a sí misma”.
María se emociona al recordar a su padre. Desea creer que sus últimos momentos no fueron tan difíciles como los descritos por algunas trabajadoras de residencias que han hablado de ancianos asfixiados, sujetándose a los barrotes de la cama. Reflexiona sobre que nada podrá aliviar el dolor que siente, ni mucho menos esta victoria contra el Gobierno de Ayuso.
Iba a diario a visitar a su padre, Ángel, de 94 años. Desayunaban juntos en una cafetería cercana a la residencia. Él la llamaba “solete” porque ella era su alegría, siempre radiante. Era su única hija. Ángel ingresó al centro en octubre de 2019. Falleció un Domingo de Ramos. Aunque María no es religiosa, ese día pensó que debió haber llegado al cielo “como Jesucristo triunfante entrando en Jerusalén”.
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